La psicosis de las maravillas

QUIEN SABE

Forclusión es un concepto elaborado por Jacques Lacan para designar el mecanismo específico que opera en la psicosis por el cual se produce el rechazo de un significante fundamental, expulsado del universo simbólico del sujeto. Cuando se produce este rechazo, el significante está forcluido. Wikipedia

El kirchnerismo implementó una psicosis masiva con la complicidad de la Educación Pública y cada cátedra se convirtió en un púlpito partidario en donde se reforzaron todos los síntomas.

La estrategia se llevó a cabo ‘forcluyendo’ la dictadura mediante la exhibición de hechos aberrantes.

Precisamente la principal tarea de las organizaciones de derechos humanos en Argentina consistía en la exhibición permanente de esos hechos aberrantes.

El significante vacío del kirchnerismo no fue Nestor Kirchner, como un líder carismático que era engalanado con sinfín de expectativas y que así articulaba una multitud de demandas.

El significante vacío, es en realidad un significante vaciado; y un significante se vacía expulsándolo del sistema de signos que lo contiene y le da, precisamente, su significado.

El significante vacío del kirchnerismo fue la Dictadura.

En la misma teoría populista abundan las referencias a la racional y a lo irracional, la incorporación de psicoanalistas lacanianos a las ciencias políticas también, evidentemente, refiere a esto.

La sensación de locura, de irracionalidad, de incertidumbre, era permanente y se cristalizaba nitidamente en el endiosamiento de la familia Kirchner.

Lamentablemente no tienen conciencia de su condición de psicóticos políticos, no hay posibilidad de dialogo fuera del cerco que levantó el delirio y en donde están atrincherados; el recuerdo que tienen del 2005 al 2015 es el de un paraíso en donde todos correteaban descalzos por el césped, en donde los pobres -sin dejar de ser pobres- habían, paradójicamente, salido de la pobreza y vivían de parabienes, en donde todos se iban de vacaciones y el pueblo “adquiría derechos”.

Tal como esas alimañas que vacían los intestinos al sentirse acorraladas, no pueden sostener un debate político sin -llegado cierto punto- escapar dejando detrás una maloliente descarga de lugares comunes, de falacias, de mentiras y de esa mediocridad moral tan lamentable, que es aquella mediocridad moral del que se piensa a sí mismo invisible en un mundo de ciegos.

No somos ciegos, ni ellos son invisibles.

Juan Ponce

 

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Guerra de trolls

GUERRA DE TROLLS

“Cada uno alcanza la verdad que es capaz de soportar”.

Jacques Lacan

En el año 2014, resulté finalista de un concurso de ensayos; con un borrador breve y sin revisar, pues me decidí a participar unos días antes de que cerrase el plazo. Lo publicaron, y así las ideas centrales quedaron registradas. En aquellas páginas eché mano a distintos autores para sostener una teoría alternativa, desde Hanna Arendt a David Lebón, pasando por Carl Schmitt y Ernesto Sabato, como así también Isaac Asimov y Heidegger, Roberto Bolaño y el mismísimo Einstein, tampoco le hice asco a Freud ni a la novela negra, básicamente traté de graficar un equilibrio térmico entre el ámbito público y el ámbito privado, entendiendo ‘privado’ como domicilio privado no en referencia a la actividad empresarial.

Ese equilibrio térmico -entre el calor del hogar y el frío de la calle- se consigue como se consigue en la física al poner en contacto dos cuerpos con distintas temperaturas, el cuerpo caliente se enfriará y el cuerpo frió se calentará hasta que ambos alcancen una temperatura homogénea, es muy fácil de entender.

Observé que -tal como señala Hanna Arendt- mediante distintas leyes, ordenanzas, normativas y hasta dispositivos tecnológicos, el espacio público había ingresado a los domicilios privados produciendo una entropía, es decir: un equilibrio térmico entre ambos espacios y que se traducía, literalmente, en la transformación del animal político en un animal social.

La entropía me resultaba evidente en infinidad de situaciones. En las redes sociales advertí que la profusa exhibición de situaciones de la vida privada despolitizaba, precisamente por eso que señala Hanna Arendt en La Condición Humana, la línea de lo público y lo privado se borra.

Las denuncias por abuso sexual en las redes -desde el juez Brett Kavanaugh a Cristiano Ronaldo- son un despolitizador de máxima potencia, la gente lo comenta coloquialmente, una denuncia de esas te convierte en un “muerto social” y un muerto social es sencillamente un ciudadano despolitizado, ¿por qué despolitizan tanto estas denuncias? la carátula lo dice claramente “…de instancia privada”.

El debate sobre el aborto también ingresa al ámbito privado, un ámbito privado muy especial: la matriz.

La educación sexual obligatoria de los niños pequeños también ingresa al ámbito privado y despolitiza.

Todo lo que sea borrar la línea divisoria entre público y privado, despolitiza.

Contrariamente a lo que se interpreta comúnmente, cuando la derecha sostiene que la libertad sexual debe restringirse al ámbito privado no despolitiza sino que politiza con gran intensidad.

La entropía es despolitización y la entropía puede ser graficada también con un líquido derramado, con una camionada de naranjas desparramadas, o como dice Freud en El malestar de la cultura sobre la pulsión de muerte: “Partiendo de especulaciones acerca del comienzo de la vida, y de paralelos biológicos, extraje la conclusión de que además de la pulsión a conservar la sustancia viva y reunirla en unidades cada vez mayores, debía haber otra pulsión, opuesta a ella, que pugnara por disolver esas unidades y reconducirlas al estado inorgánico inicial”.

Una palabra muy usada últimamente es “empatía”. Empatía es entropía; identificarnos con quienes nos rodean -al punto de sentir el mismo dolor- es ósmosis y produce el fatal equilibrio térmico.

La política, según la definió Carl Schmitt, es la distinción de amigos y enemigos. Esta distinción también marca una línea separatoria, que si se borra -tal como la que separa lo público de lo privado- despolitiza; para Carl Schmitt el afán de la política es imponer y preservar un orden; por esto en la década del sesenta y del setenta había tanta politización; no por la imagen mediática del Che Guevara, neto producto de la televisión norteamericana, ni por Fidel Castro cuya única función consistía en exportar al resto de Hispanoamérica su modelo de Revolución fracasada, sino que se producía por la imposición de un orden por parte de los militares, mientras más profundo y firme era el orden impuesto, más alta la ebullición política. Al punto tal que escribir, a escondidas, un “viva Perón” cobraba dimensiones épicas.

Perón exiliado por disposición del orden.

Laclau citando a Hegel dice que “para que haya un final, un límite, debe haber algo del otro lado”, Perón era eso que se había puesto del otro lado y que permitía que hubiera un límite, el contorno de un conjunto, un conjunto de signos. Ahora pasa más o menos lo mismo, pero con menor intensidad, pareciera que Cristina Kirchner fue ubicada del otro lado y entonces ipso facto se levantó un límite, el límite da significación a los significantes de un sistema de signos, porque si esos significantes fueran infinitos y desperdigados por el infinito no tendrían ningún significado, Perón mismo ayudó a ponerse del otro lado exhibiéndose con una niña de catorce años en el Festival de Cine de Mar del Plata, algo que inmediatamente remite a lo más penumbroso del ámbito privado.

Cuando allanan una y otra vez el domicilio de Cristina Kirchner la van despolitizando poco a poco.

Cuando ese orden (recordemos que entropía también se define como “máximo desorden”) se desarma tal como una carga de naranjas que ruedan al volcar el camión que las transporta, se produce la despolitización; ya no es posible definir amigos de enemigos porque son todos contra todos.

Ha pasado el momento del protagonista, el momento del antagonista y ha llegado el momento del agonista, que es cuando los extras se apoderan de la pantalla en el final de una película de cine catástrofe.

Esa carga de naranjas que se desparrama no es otra cosa que el poder fáctico y el orden del poder fáctico no es otra cosa que el monopolio de las armas; ahora Bolsonaro en Brasil va a producir una entropía desmesurada propiciando que millones y millones de brasileños se armen hasta los dientes; lo mismo le sucedió a Chavez con los colectivos armados; lo mismo pasa en los Estados Unidos, la gran cantidad de armas en poder de la población civil ha llevado al Estado Federal a la extenuación.

Si la línea divisoria entre el espacio público y el domicilio privado es imprescindible para que se produzca la política, que a su vez es la distinción de amigos y enemigos, ¿quién es el enemigo? el enemigo es aquel que invade nuestro espacio privado, ¿quién invade nuestro espacio privado? el soberano cuando declara estado de sitio, ¿quién es actualmente el soberano? el soberano es un Golem multimedia despótico y cruel que baja o sube el pulgar como un emperador romano.

En este auge tremendo de las redes sociales en donde se mezclan las fotos familiares con las consignas setentistas, con los videos de mascotas y las selfies de espaldas al inodoro, en el que mayormente todos se exhiben felices y dichosos, ciertos personajes conservan la dignidad de las novelas de aventuras, preservan la potencia política ocultando su identidad, y lanzan su contraofensiva rebelde llegando a torcer el rumbo de una elección presidencial; ya el sistema se dispone a capturarlos -penando su artillería de memes y su posverdad- para hacerles pagar cara la osadía, son los héroes que encarnan al sujeto histórico de esta ciberépoca… los trolls.

Juan Ponce

 

GUERRA DE TROLLS

 

 

Empatía es entropía

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“Un revolear de hojas me despertó momentos antes del amanecer. Un viento ardiente penetraba por la ventana del dormitorio. Me levanté, la cerré, me tendí en la cama y escuché el murmullo del viento. Al cabo de un instante amainó. Otra vez me levanté y volví a abrir la ventana. el aire frío, con olor a océano fresco se volcó en el departamento. Volví a la cama y dormí hasta que, por la mañana, me despertaron mis cuervos. Los sentía míos. Entre ellos había cinco o seis que se turnaban bombardeando el alféizar de la ventana con revoloteos para luego batirse en retirada hasta la magnolia de la casa vecina”.

Ross Macdonald, El hombre enterrado

Cristina Kirchner parece una variante del Rey Midas, observando con más atención probablemente se encuentre su equivalencia a cada detalle: así como el rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba -que es una metáfora del liberalismo que convierte en mercancía todo lo que toca- Cristina Kirchner convierte todo lo que toca en una grieta.

El tema de la semana fue el acto de Juan Grabois, no el acto en sí; sino la propuesta de una Cristina sin kirchnerismo -el asombroso reverso del peronismo sin Perón, en este caso un Perón sin peronismo- ya antes se había propuesto un kirchnerismo sin Cristina; Grabois parece haber dicho: trato hecho, ustedes se quedan con el kirchnerismo y nosotros nos quedamos con Cristina.

Pero antes, mucho antes, que ambos; la extrema derecha había enviado su señal de radio marciana: proponiendo lo mismo que Grabois -en su versión más despiadada- alentando a que Cristina encarnase a Isabel; será que Isabel aún está viva que la transmigración de las almas no se pudo dar y la posibilidad se alejó, como se alejan por el agua esas cosas sin valor suficiente para mojarse los zapatos, y Cristina Kirchner votó a favor del aborto sellando definitivamente su suerte.

En el último extremo, tal como el rey Midas que muere al convertirse a sí mismo en oro, Cristina misma acabó siendo alcanzada por esa grieta que con tanta perseverancia en hacerse odiar -y fondos estatales- implementó con un enjambre de tecnólogos políticos.

No es casual que las construcciones discursivas, aquí, allá, y acullá, hayan volado en mil pedazos a fuerza de palabrotas, exabruptos y gestos de incorrección política mayúscula.

En este momento en que ese ente discursivo llamado “kirchnerismo” se resquebraja y se separa la cabeza del cuerpo -que es la suerte que se reserva a los endriagos, las medusas, los vampiros… la separación de la cabeza del cuerpo- el lodazal de ignorancia que proviene de la izquierda continúa como un alud interminable, digno de un final de cine catástrofe, quizás debajo de ese alud, ya endurecido, perduren intactas las costumbres argentinas, tal como se conservaron las de Pompeya debajo de la lava del Vesubio.

Hoy por hoy, la izquierda sigue rompiendo sus juguetes.

Mañana quizás sea otro día, quizás no; quizás mañana acabe el tiempo.

Empatía es entropía.

Juan Ponce

El debate infinito

Sin título

“Siempre —decía— llevamos una máscara, una máscara que nunca es la misma sino que cambia para cada uno de los papeles que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del marido engañado, la del héroe, la del hermano cariñoso. Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie, nadie, nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca?”

Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas

El triunfo de Bolsonaro se puede analizar desde distintos ángulos, quizás lo más sencillo y fructífero sea hacerlo desde la incapacidad de la izquierda para analizarlo.

Si se repasan los comentarios que provienen desde la izquierda, las argumentaciones quejosas, descalificativas, ninguneadoras se repiten sin pausa… y todas parecen surgidas a borbotones de un estupor.

El estupor fue también el desencadenante del pensamiento gramsciano, lo que mueve a Gramsci es el estupor que le provoca que los italianos prefieran el fascismo al comunismo; Gramsci no entiende el porqué del entusiasmo de los camisas negras, no entiende la apoteosis de la marcha sobre Roma, no cabe en su mente que se exalte de ese modo la figura de Mussolini.

En Gramsci era un estupor proactivo, tan proactivo que lo llevó a desarrollar una táctica de lucha que en ciertos momentos pareció de una efectividad napoleónica; pero en los herederos de Gramsci más bien pareciera un estupor inmovilizante.

Si ustedes repasan, a vuelo de pájaro, las distintas notas, columnas, artículos que se escribieron en los últimos días sobre Bolsonaro, verán que la mayoría intenta, sin conseguirlo, encontrar un porqué; es exactamente el mismo estupor de Gramsci.

La gracia, el brillo, de un análisis político está en que pueda anticipar la contingencia, los analistas de izquierda no pueden hacerlo; no resulta desmerecer al electorado evangélico, tampoco apelar a las estadísticas de muertes violentas, ni siquiera a la crisis económica ni tampoco, curiosamente, a la corrupción… nada de esto pareciera suficiente para distinguir ese “porqué” y como no pueden distinguir el “porqué” tampoco alcanzan a dimensionar sus consecuencias; así invariablemente sus reflexiones desembocan en una incógnita, a pesar de que Bolsonaro ha sido explícito, que ha sido hasta brutal en sus declaraciones, la izquierda se empecina en una dimensión onírica.

Si tuvieran la capacidad de anticipar la contingencia mediante un análisis correcto de la situación, hubieran sido más medidos en su entusiasmo, en su exaltación, no hubieran festejado de antemano, por ejemplo la sanción del aborto que no fue, no hubieran descalificado como lo hicieron a los padres preocupados por la educación sexual integral en los jardines de infantes, ni los hubieran amenazado con las convenciones de la ONU, no hubieran profanado las iglesias, no hubieran derrochado tantos argumentos desopilantes… lo hicieron, y lo hicieron porque volvieron a equivocarse creyendo que la victoria era un hecho consumado.

No podemos caer en la ingenuidad de sospechar que nos encontramos frente a mentes tan brillantes que pueden fingir a la perfección ser mediocres; son mediocres, es lo que hay, y ese análisis que se queda en el descalificativo cívico no genera política más que como contrapartida.

No darse cuenta de que el triunfo de Bolsonaro es política pura y que efectivamente es antisistema, sencillamente significa que no entienden nada, no que guardan un silencio táctico sobre ciertos puntos que comentarían solo entre ellos y que a la plebe les tiran con esos artículos repetitivos; sencillamente han quedado orsai.

Por ejemplo: cuántas veces hemos escuchado a los intelectuales de izquierda explicar a un auditorio de jóvenes y adolescentes, también de viejos caducos, que los medios de producción se van sofisticando y que esto va produciendo un desplazamiento del “poder” de una clase a la otra…

Los hemos escuchado, aburridos al borde del sueño profundo, infinidad de veces y ahora no caben en su asombro frente al simple uso del wasap.

Los intelectuales de izquierda seguían analizando los medios de comunicación tradicionales y Bolsonaro desarrollaba toda su campaña por wasap; pero cuando Eliseo Berón dijo que la Ley de Medios del kirchnerismo era una ley obsoleta tuvo que soportar toda clase de injurias y descalificativos, incluso la abogada Graciana Peñafort hizo hincapié en los planteamientos de Beron ninguneándolos frente al tribunal, y hoy -lamentablemente después de su muerte- se viene a verificar con el triunfo de Bolsonaro que, efectivamente, la Ley de medios del kirchnerismo había nacido obsoleta; pero acá no termina la cosa: ahora mismo podemos encontrarnos con declaraciones sobre la necesidad de restituir esa Ley.

Cientos de veces los escuchamos hablar de los medios de producción, no pudieron anticipar que los medios de producción hoy producen información y su aplicación en la política.

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El nudo Gordiano de la retórica de izquierda ha sido cortado como con el filo de una espada… ¿qué vendrá ahora que el debate interminable ha terminado?

Juan Ponce

Más que Perón

 

BOLSONARO

“A menudo encontramos nuestro fin por los caminos que tomamos para evitarlo.”
Jean de la Fontaine

La izquierda parece no acusar recibo; el próximo domingo muy probablemente Jair Bolsonaro obtenga un porcentaje mayor que aquel 62% que obtuvo Perón en su última elección.

¿Acaso los izquierdistas sueñan con un exilio dorado en Francia, por ejemplo?

Puede verse que la izquierda insiste en una táctica que la ha llevado una y otra vez a la derrota, ante esto cabe preguntarse si sus principales referentes tienen un nivel muy bajo o si trabajan para la extrema derecha.

Para protestar contra Bolsonaro van las satanistas por el derecho a decidir a defecar en las iglesias (defecar en las iglesias es un tópico del satanismo) y Bolsonaro sube dos o tres puntos.

Malena Pichot, agarra un micrófono y Bolsonaro sube dos o tres puntos más.

Al día siguiente de la marcha feminista en Río de Janeiro, de menos del 30% se disparó a más del 40% en intención de voto.

En este momento en que la única organización que representa una esperanza política continental es la iglesia Católica, la izquierda inicia la campaña de apostasia.

Atacan a la Iglesia del papa Francisco y se asombran de que crezca el voto evangélico.

Han pasado los últimos años haciendo análisis del discurso con el fin de producirlo artificialmente tomando de distintas teorías -incluso aplicando premisas del manual de la propaganda nazi junto con técnicas del proceso de desnazificación de Alemania- y todo se les desbarata con unos cuántos exabruptos.

Cuando se habla de que se defiende la educación pública o que se defiende la cultura a secas, en verdad se defiende una gran masa de autores de izquierda leídos por la propia izquierda para un auditorio en proceso de izquierdización, esa gran masa autocomplaciente no pudo escapar de su destino.

Bolsonaro ya ha anunciado que va a desatar una persecución nunca antes vista contra todos los activismos.

Juan Ponce

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Los profesionales de la violencia

BANDERA BRASIL

“Un pequeño libro que tenía en mi infancia se llamaba “Absurdos obvios” y pertenecía a la “Pequeña Colección Stupin”. Era un libro de imágenes tales como: un hombre cargando una casa sobre sus espaldas, un carruaje con ruedas cuadradas, etc. Este libro me había impresionado mucho en aquel entonces, porque allí se encontraban numerosas imágenes cuyo absurdo yo no podía descubrir. Se asemejaban exactamente a las cosas ordinarias de la vida. Luego comencé a pensar que este libro ofrecía, de hecho, cuadros de la vida real, porque cuando seguí creciendo me convencí más y más de que una vida no está hecha sino de “absurdos obvios”. 

Piotr Ouspenski, Fragmentos de una enseñanza desconocida

Poco después del atentado contra Jair Bolsonaro, Hamilton Mourao su acompañante de fórmula dio la definición más precisa de sí mismos, ningún analista ni comentarista, ni periodista, ni activista, ni cientista político fue tan preciso y cuando se trata de definirse a uno mismo se agrega un plus de dificultad, pero Mourao pudo hacerlo: “¿quieren jugar con la violencia? -preguntó y mostró la credencial- nosotros somos los profesionales de la violencia”, esta definición de sí mismos: somos los profesionales de la violencia, debería resonar en las pesadillas de todos aquellos que de un modo u otro ayudaron a construir discursivamente el falso antagonismo que le permitió a la izquierda populista apoderarse de la cosa pública.

¿Dónde queda, por ejemplo, el duranbarbismo con sus globos de colores, su revolución de la alegría y su budismo light? ¿Dónde quedan ahora todos los análisis del discurso que produjo, en cantidades semejantes a la montaña de libros que quemaron los nazis, la Universidad Pública con fondos estatales? ¿dónde quedan ahora aquellos que menospreciaban el llamado a la reconciliación nacional y que alentaban toda clase de banales confrontaciones discursivas? ¿qué clase de análisis político no pudo advertir que sí o sí iba a llegar un Bolsonaro ante las escenas de cientos de feministas defecando en las iglesias?

Era previsible que el feminismo acabase convertido en un significante vacío, es decir en un significante vaciado de significado por su expulsión del sistema de signos; y el feminismo es el significante vacío que aglutina a todos los votantes de Bolsonaro, sencillamente: ninguno es feminista.

Que los teóricos de pacotilla no quieran hacernos creer que Bolsonaro es el significante vacío de los cincuenta millones que lo votaron, porque así nos mintieron cuando decían que el significante vacío del kirchnerismo era Nestor Kirchner, siendo que el significante vacío era la dictadura; el significante vacío que aglutina a los votantes de Bolsonaro es el feminismo de la cuarta ola.

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La candidatura de Bolsonaro no fue una improvización, esto es la continuación perfecta de la maraña de corrupción de Odebrecht, en su momento escribí una nota que titulé: El plan cóndor de la corrupción.

Los kirchneristas, como una más de todas esas justificaciones que daban y que chorreaban un sentido común de lo más ramplón, decían: “para que un funcionario se corrompa es necesario que un empresario pague”.

Odebrecht acaba de enviar, a la Justicia peruana, los comprobantes de un pago de quinientos mil dólares a Keiko Fujimori; con la red de corrupción de Odebrecht, que fue creada y financiada por el ejército brasileño, del mismo modo que fue creado Bolsonaro; descabezaron, políticamente, prácticamente a toda Sudamérica y en medio de este descabezamiento surge el candidato propio.

Desde la llamada época de la independencia, Brasil desplegó distintas variantes del conocido Plan Condor -que no fue urdido por Videla y Pinochet, como comúnmente se cree, sino que surgió de Brasil-  incluso el populismo comunicacional tuvo en San Pablo su usina más importante, también se habló del Plan Condor Mediático, una supuesta unión entre Clarín y O Globo, con El Mercurio de Chile y El Comercio del Perú, ahora se dice abiertamente que O Globo fue el primer derrotado por Bolsonaro; es de esperar que comiencen a surgir réplicas de Bolsonaro, el pedido de imputación a Temer por corrupción nos dice claramente que Macri no es Bolsonaro, Macri es Temer; por más que el kirchnerimo residual intente ubicarlo como un equivalente de Bolsonaro, con Laclau se puso en boga la cuestión de los equivalentes, y parece un facilismo pero aparentemente para comprender algo bastaría con encontrar su equivalencia, y ante la figura de Bolsonaro, la de Macri se ha apagado, esto tiene sus pro y sus contra para Macri, a la derecha ya no le parece tan de derecha y a la izquierda tampoco.

Es algo así como el caso de Sebastián Piñera en Chile que ha tenido gestos hacia la izquierda: renunciaron dos ministros por exigencias tuiteras, el ministro Rojas por relativizar la versión de las organizaciones de DDHH, siguió adelante con la agenda de género, incluso organizó el festejo del aniversario del NO, el referéndum que terminó con la presidencia de Pinochet, a la vez la izquierda ha tenido, de parte de algunos referentes, declaraciones contrarias al régimen de Maduro… y entonces se ha producido una entropia, los antagonismos se han entibiado.

Ante otros candidatos como Ossandon y Kast que ocupan habitualmente las primeras planas de todos los medios, Piñera acabará siendo un refugio para los distintos activismos de izquierda, les resultará siempre preferible a los otros dos que captan de lleno el voto de la extrema derecha, católica y evangélica.

Con Macri va a pasar lo mismo y si llegara a surgir un Bolsonaro en Argentina, Cristina Kirchner quedaría fuera de la cartelera de la construcción discursiva… y Macri pasaría a representar a la izquierda.

Para que Cristina Kirchner siga siendo la única alternativa, Macri tiene que ser construido discursivamente como un equivalente a Bolsonaro…

Pero no creo que Macri se preste a ese juego, primeramente porque no me parece que tenga el temple y segundo porque está blindado por analistas y tecnólogos políticos que van a intentar posicionarlo como un José Tamborini.

Si surge en Argentina un Bolsonaro, y puede surgir, la antinomia ya no va a ser Macri o Cristina… sino que se va a desplazar hacia la derecha, paradójicamente, porque se va a ampliar el margen de lo que se llama actualmente izquierda…

MACRI CHE

Judit Butler dijo algo así comentando los atentados en el teatro Bataclán, ante el aprovechamiento electoral de la situación por parte de Marine Le Pen sobre que si el FN era la derecha admisible qué ocuparía en un futuro próximo el lugar de esta derecha que al momento se rechazaba de plano; justamente, Marine Le Pen se ha desgarrado las vestiduras frente a Bolsonaro.

Llegaría un punto en que el antagonismo sea: Macri versus un eventual Godzilla, esta sería la más auténtica derrota de la izquierda.

Juan Ponce

 

 

La política es una ciencia dura

MARX

“Lo importante para la esfera pública no es el espíritu más o menos emprendedor de los hombres de negocios, sino las vallas alrededor de las casas y jardines de los ciudadanos”.

Hanna Arendt, La condición humana

Sobre las elecciones de ayer en Brasil, hay dos cifras llamativas que han quedado eclipsadas -por los 46 millones de votos que consiguió Bolsonaro- y son los porcentajes que obtuvieron el Cámpora de Lula y Marina Silva.

El primero porque es muy cercano al porcentaje que le dan todas las encuestas a Cristina Kirchner y el segundo porque Marina Silva -en los días del juicio político a Dilma Rousseff- había alcanzado el sesenta por ciento de intención de voto y cayó al uno por ciento, esta caída comenzó con una declaración ambigua respecto del aborto, que le restó veinte puntos súbitamente y ya no pudo recuperarse; mientras se mantuvo a favor del aborto clandestino Marina Silva había conservado sus chances de llegar al ballotage, pero declaró que estaba a favor de un referendum sobre la legalización y fue literalmente abortada políticamente.

Los comentarios que vienen desde la izquierda, dan a suponer que el relato paranoico -que ahora escribe en lenguaje inclusivo- continúa imperturbable, ¿pero por qué es un relato paranoico?

Ernesto Laclau , cuya sombra aún se extiende sobre estos procesos, cuando habla del significante vacío (‘significante vaciado’ sería una definición más precisa) cita a Hegel: “para que haya un final, debe haber algo del otro lado”; no dijeron jamás, ni él ni su viuda Chantal Mouffé, que el significante vacío -presentado como ese significante al que cada quién le otorga un significado que se condice con sus propias demandas sectoriales y que habría sido encarnado sucesivamente por Néstor y Cristina Kirchner- en realidad fue la dictadura; un significante se vacía de significado porque es expulsado, erradicado, del sistema de signos; Lacan dice que el ‘significante padre’ es expulsado por hechos aberrantes que el niño no puede soportar; todos sabemos que las organizaciones de Derechos Humanos, principalmente se encargaban de mostrar hechos aberrantes que habrían sucedido durante la dictadura, no ahorraban detalles, incluso las celdas y las cámaras de tortura fueron convertidas en salas de museo con visitas guiadas, toda clase de horrores inimaginable fueron revividos en cada ocasión que se presentaba, así lograron que el significante dictadura fuese expulsado del sistema de signos y se implementó una psicosis masiva; la contrahegemonía cumplió las funciones de ese límite, que Laclau requiere para implementar su teoría: se pone algo del otro lado y ese límite -que, paradójicamente, no estaba hasta el momento en que se puso ese algo del otro lado- se levanta automáticamente, dentro de ese cerco se cuece el relato paranoico.

Entonces: se vacía un significante expulsándolo del sistema de signos, no de cualquier modo sino mostrando hechos aberrantes en grado extremo, se excluye levantando el cerco “contrahegemónico” y se clausura cerrando el relato paranoico.

¿Cómo se cierra? con dólares sucios, cocaína boliviana transportada por Aerolíneas Argentinas, más dádivas y prebendas de todo tipo, no eran simples sobornos ni mera compra y venta de voluntades, este derroche era lo que daba la sustancia al relato paranoico; drogados, con las billeteras henchidas de dólares sucios -Hernán Brienza dio a entender que con la corrupción hacían política rentando militancia- más cierta impunidad policial, más viajes al Caribe, todo por trolear en las redes… a cualquiera se le hacía fácil ver en Cristina Kirchner a una mujer de una inteligencia asombrosa, una bondad conmovedora y una belleza cautivante.

Cuando los kirchneristas recibieron a Macri cantando: “basura vos sos la dictadura”, lo estaban ubicando en el lugar de ese significante expulsado, excluido y clausurado, pero llegado un punto el propio kirchnerismo se convierte en un significante vaciado -también por la exhibición de hechos aberrantes por parte de la prensa y por parte de los mismos kirchneristas que protagonizan toda clase excesos- cuando los kirchneristas cantan “vamos a volver” se están ubicando a sí mismos del otro lado del cerco; cuando los opositores al kirchnerismo les responden “no vuelven más” lo están excluyendo, así quedan también los opositores encerrados en otro relato paranoico y el asunto queda clausurado;  Lacan dice que ese significante a veces regresa y cuando regresa lo hace como delirio; digan ustedes si la imagen de una pala mecánica en medio de la inmensidad del desierto patagónico, cavando aquí y allá, en busca de un conteiner lleno de billetes no es una imagen delirante, esta es la forma en que regresa Cristina Kirchner, con una imagen fantasmal, propia de un film surrealista.

Esta es la estructura del relato paranoico, pero también hay otras situaciones en torno a esto que podrían encontrar su equivalencia no ya en la mente del psicótico político sino en lo que refiere a su contención y su manejo, como se dice en el ambiente de la Salud Mental: a su institucionalización; acá entran a jugar los innumerables allanamientos a los que ha sido eventualmente sometida Cristina Kirchner, irrumpir en su casa con las cámaras de TV, o que trascienda que recibía el dinero de los sobreprecios en pijamas, que se secuestraron tales cosas, o que debajo de la escalera había una bóveda, la despolitiza y esto también funciona automáticamente, incluso ella misma abre las puertas de su domicilio privado y muestra el desorden que han dejado, dónde estaban ubicadas las cosas que se llevaron, o se queja por tuiter de que acaba de descubrir que le falta alguna otra… ¿quiénes son sus asesores?

Cuenta Hanna Arendt que cuando se borra la línea que separa lo público de lo privado el animal político se transforma en animal social; digamos, que de ser miembro de una manada salvaje se pasa a ser miembro de un rebaño domesticado; esta despolitización borrando la línea separatoria de lo público y lo privado se da con otras muchas situaciones, por ejemplo con la oleada de denuncias sobre delitos que están calificados, precisamente, de “índole privada”, cualquiera que sea denunciado -sin necesidad de pruebas de ningún tipo, ni siquiera se exige un relato verosímil- inmediatamente pasa a ser un muerto cívico, es decir queda completamente despolitizado; las redes sociales también despolitizan con su profusión de fotos del ámbito personal, incluso son muy comunes las fotos que se toman en el espejo del baño y a espaldas de la modelo suele advertirse la tapa del inodoro levantada, todo esto despolitiza, no se trata simplemente de reemplazar la palabrita “pueblo” por la palabrita “gente”.

Cuando la principal promesa de campaña es acabar con la delincuencia, automáticamente se traduce en acabar con aquellos que invaden el ámbito privado…

El relato paranoico es un relato cerrado, cuando eventualmente se abra y el significante vaciado regrese se desencadenarán las alucinaciones propias de un film surrealista, por esto la izquierda no puede ver más allá de sus propios tópicos, estos tópicos son las columnas del templo… si se quitase un ladrillo o piedra de sus muros por donde observar el “mundo real”, su análisis tendría -de hecho los tiene- visos de delirio.

Mediante cierta inversión magnética en la que lo negativo se convierte en positivo, los hechos aberrantes que forcluirían el significante patriarca, son presentados como actos heroicos, por ejemplo son justificadas las denuncias falsas, la corrupción, la sojización, la privatización, reestatización y reprivatización del petróleo, incluso el asesinato a quema ropa, el tráfico de drogas, y hasta el cepo al dólar… y el desastre posterior -que invariablemente se produce, por ejemplo Venezuela- es visto como el paraíso hecho realidad: la escatología del delirante místico.

Elíade lo dice claramente en El mito del eterno retorno: “Al término de la filosofía marxista de la historia se encuentra la edad de Oro de las escatologías arcaicas. En este sentido, es verdadero decir que Marx ha revalorizado a un nivel exclusivamente humano el mito primitivo de la Edad de Oro; los contemporáneos de una Edad Oscura, se consuelan del aumento de sus sufrimientos diciéndose que la agravación del mal precipita la liberación final, así también el militante marxista de nuestro tiempo, en el drama provocado por la presión de la historia, descifra un mal necesario, el pródromo que va a poner fin para siempre a todo mal histórico”

Habremos escuchado, infinidad de veces, que el marxista se complace con la agudización de los conflictos porque aceleraría la revolución -ese equivalente al regreso de Jesucristo- y la implantación inmediatamente posterior del comunismo que es, a todas luces, el mismo concepto que la “venida del Reino de Dios”; tan es lo mismo que es aquí cuando se produce para unos “el fin del tiempo” y para los otros “el fin de la historia”, Carlos Astrada en el último capítulo de El Marxismo y las Escatologías rechaza esto y cita palabras de Engels y al propio Marx que aclaran que ese fin en realidad es el comienzo de la verdadera historia, pero en el Apocalipsis también hay una aclaración semejante cuando diferencia el fin del tiempo del fin del mundo.

Esta forma rara de psicosis, que es como una “psiscosis proactiva” les impide, primeramente observarse a sí mismos en su triste realidad -les impide o los absuelve- y segundo, que sería lo más grave políticamente, les impide hacer una lectura acertada de la contingencia… por ejemplo: cuando se produjo la marcha de mujeres en contra de Bolsonaro, todos los analistas de izquierda coincidieron en que la tendencia que indicaban las encuestas iba a revertirse radicalmente… cuando fue el disparador para que Bolsonaro estuviese a punto de ganar en primera vuelta.

Se puede sospechar que los analistas de izquierda son tan inteligentes que les resulta muy fácil pasar por estúpidos y que era una mentira táctica, ya Salvador Allende decía “no importa que mienta si favorece al socialismo”; lo frustrante es que esa mentira táctica -y ya van muchas- se termina, invariablemente, convirtiendo en autoengaño.

Juan Ponce