Nancy por aclamación

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“Ya que se tenía a sí mismo por hombre cuidadoso y concienzudo, dedicó un considerable período de tiempo a dicha búsqueda. Peinó los archivos de sociedades psíquicas, los ficheros de periódicos sensacionalistas, los informes de parapsicólogos, y acabó confeccionando un listado de nombres de individuos que se hubieran visto implicados, de un modo u otro, en uno u otro momento, en algún tipo de fenómeno paranormal, sin importar lo breve o dudoso del caso”.

Shirley Jackson, La casa embrujada

Todo ha venido ha resultar malo para la humanidad, el progreso termita la hizo despertar naufraga, en una isla de basura, rodeada de un océano de líquidos cloacales; que son reciclados y convertidos en hamburguesas, de las mismas o parecidas a las que promociona Trump, triste e inexorable Yeltsin de los Estados Unidos de Norteamérica, lo único que falta es verlo parado arriba de un tanque incitando a la turba.

Ha planteado la legalidad en términos de poder factico, la fuerza bruta contra la astucia y la flecha y un código de señas, se ha quitado la camiseta invitando a pelear y se ve a un anciano de senos caídos, asediado por el FBI, por todos los Servicios de Inteligencia del mundo, y de quiénes más desconfía es de su propia guardia personal, demenciado en historias conspiranoicas que acabó por creer.
El muro que quiere construir Trump -que ya construyó discursivamente- es para cerrar el relato paranoico con sus propios votantes; se levantó en el imaginario desde la campaña -los principales medios colaboraron en su construcción discursiva destacándolo como la más desopilante de todas sus propuestas- para encerrar a su propio electorado en: “no somos mexicanos”.
Del otro lado del muro, no quedan los EEUU, queda México; es el límite del relato que exige el populismo comunicacional pergeñado por un argentino y una belga en una Universidad con sede en Inglaterra.
En todo este algoritmo: identificar al enemigo, aparecer en escena como el antagonista, morir matando (Chavez murió de cáncer, pero se implantó la idea de que había sido un cáncer provocado por la CIA, el deus ex Machina de siempre) y entonces ha llegado el ‘agonismo’. Los extras toman la pantalla, queman autos, pelean contra la policía y las bandas entre sí, rompen vidrieras, improvisan barricadas, humo de neumáticos, fuego, gases lacrimógenos, tácticas de combate callejero aprendidas en algún club de lucha medieval…
¿qué viene después de esto?
La convocatoria a Asamblea Constituyente.
Este es un punto interesante, porque hubo convocatorias fallidas a la Constiuyente, las que convocó el propio Chavez, dos, de hecho la única elección que perdió fue la primera, y Maduro llamó a la última y esta vez sí habría sido el momento preciso porque dio resultado y todo el proceso desembocó en el agonismo del máximo desorden.
¿Qué paso viene ahora en el algoritmo?
La elección por aclamación.
Quizás haya llegado la hora de Nancy Pelosi -Guadio también fue elegido por aclamación- y que alguna potencia decida reconocerla como presidente de los Estados Unidos, mientras es vitoreada por la cámara de diputados, y así el mundo se habrá convertido enteramente en populista…
Ya se anticipaba el rostro de Caracortada debajo del jopo de Trump cuando dijo, muy suelto de cuerpo, que el mundo debería pagarle a los EEUU por la protección que “nos brinda”.
La cuestión es que King John de Corea, sigue manejando la consola después de advertirle “te domesticaré a fuego lento estadounidense caduco”, Salman de Arabia Saudita se corta las uñas con el mismo alicate con que desmembraron a Kashogui después de decirle “arrasaremos con la economía norteamericana”, pero Trump con un parche en el ojo se embarca hacia Venezuela; porque si hay algo que no soporta, es verlo al profesor Jirafales de presidente.
No hay en este caso ningún tipo de bien práctico en lo que hace a nuestros propios intereses nacionales, en la parte terrenal nada nos conviene.
Entonces si no hay nada terrenal que lo justifique, y como en el plano moral no hay ‘menos malo’…
No podemos elegir entre Masburro y Trump a Trump, justificando con que Trump traerá beneficios sociales, o que traerá fuentes de trabajo, o que preservará la naturaleza exuberante de nuestro continente, porque sabemos bien que llegará matonismo, fanfarronería, enredos con estrellas del porno y conspiranoia; algo que muy bien pudiera ser un éxito de Netflix pero no en la vida real.
Tampoco podemos decir que elegiremos a Trump porque tiene un cerebro maravilloso, un temple a toda prueba, y una claridad de pensamiento con una gran cultura, general y profunda, propia de un Estadista; porque tampoco la tiene.
Analizando el algoritmo populista se llega a la conclusión de que es el momento de Nancy Pelosi, de que hagamos un inmenso y gigante referéndum, en todo nuestro territorio, en valles y quebradas, cerros y cordilleras, llanuras, playas… aldeas de pescadores, pueblitos en la puna, un indiecito del Amazonas garrapateando Nancy en un papel que se lleva un tucán mensajero… etc.
y que todos los sudamericanos elijamos por aclamación a Nancy Pelosi como nueva y legítima presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.
Porque Trump ha quedado de este lado del muro y el muro ha vuelto a cerrarse, él mismo se convirtió en un ilegal, rondará como un fantasma lacaniano mirando desde el azul del frío y será El No.
Lo recordarán como el Yeltsin de Norteamérica.
¡GANA MASBURRO!

 

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Solo en kioscos oficiales, producto no recomendado para niños menores de 3 años.

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Saludo navideño

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Nuevamente la izquierda nos has llevado a un punto en dónde no hay ningún tipo de posibilidad de diálogo, nuevamente se han metido en los colegios secundarios, nuevamente intentan imponer su lógica aberrante y no me refiero a una aberración de tipo moral, nuevamente hacen oídos sordos a los mismos razonamientos que sin ningún prurito ellos mismos esgrimen cuando se trata de su defensa propia. Cada uno de estos seres nauseabundos, por distintos motivos que incluyen una otariedad suprema, desde la década del ’70 que pretenden imponernos una dictadura atea y apatrida servil del poder central. Este año, difícil para nosotros los argentinos, tenemos que unificar nuestros votos; con Olmedo no alcanza, Grabois es un Judas, Macri y Cristina son lo mismo, el Santo Padre ya es muy anciano, Dios y la Virgen María nos envíen a la conductora, que como una Juana de Arco, encarne el poder isabelino, cuando ella se muestre no debemos dudar, nuestro propio corazón nos confirmará que ha llegado, que es ella, y debemos dejar las discusiones cotidianas de lado, y tener muy en cuenta que ¡un católico jamás vota al menos malo! ha terminado el momento del debate, ya no hay nada que discutir, con oídos sordos escucharemos a nuestro propio corazón, de otro modo ya no seremos merecedores de seguir siendo, aquello que quizás nunca fuimos: argentinos.

¡Viva la patria!
Juan Ponce

Entropía de género

Sin título

“Y hay todavía por ahí algunas personas que dicen que Hammett no escribía
relatos detectivescos, sino simples crónicas empedernidas de calles del hampa, con
un superficial elemento de intriga dejado caer como una aceituna en un martini.
Son las ancianas aturdidas -de ambos sexos (o de ninguno) y de casi todas las
edades- que prefieren sus misterios perfumados con capullos de magnolia…

Raymond Chandler, El simple arte de matar

¿Cuál es el objetivo de las políticas globalistas? La despolitización.

La despolitización se alcanza procurando la entropía.

Todo lo que sea borrar diferencias es entropía, porque produce la muerte térmica al igualar las distintas temperaturas; los cafés se enfrían, las cervezas se calientan, las narrativas languidecen.

El lenguaje inclusivo es entropía porque en definitiva no ofrece una tercera opción, “les”, a las tradicionales “las” y “los”, sino que borra a estos dos; cualquier agrupación en plural se hace imposible, porque “les” refiere a la condición subjetiva de los mencionados y esto no se puede verificar o señalar con el dedo; no se puede decir en lenguaje inclusivo “las mujeres” aludiendo a un grupo de personas que usen falda y tacones, porque muy bien allí podrían encontrarse un buen número de varones autopercibidos.

Tampoco se puede decir “los varones” señalando a un grupo de muchachones con barba y pelo en el pecho que digan groserías y suelten risotadas; porque también -según la premisa del lenguaje inclusivo- hay mujeres con barba, pelo en el pecho, que dicen groserías y ríen a las carcajadas.

¿Cómo podremos determinar si se trata de mujeres o varones, acaso haciendo una encuesta previa?

¿Acaso en esa encuesta no se podrá mentir por múltiples y legítimas razones?

“Los” cuando funciona como neutro sigue especificando que el grupo está formado por unas y otros, pero “les” no; cuando se usa “les” no se puede especificar si se trata de un grupo de mujeres, de uno de varones o del formado por mujeres y varones que determina el artículo “los”.

Más allá de que se les ha explicado, que usar “les” de ese modo no tiene sentido gramatical, tampoco cumple con la primera y principal premisa del lenguaje que es que sea instrumental, cuando se dice “los” se refiere a un grupo de varones o a un grupo de varones y mujeres, el artículo femenino no se comparte, es exclusivo para referir a las mujeres, pero “les” no refiere a nadie, ni a varones, ni a mujeres, ni homosexuales, ni a transexuales, ni a ningún género ni gramatical ni sexual; cuando dicen por ejemplo: les bailarines, no están refiriendo a nada porque no se puede individualizar la intimidad subjetiva de cada miembro de un grupo con un mero artículo en plural. Sí, se puede, indefinir esas individualidades.

“Les” es entrópico.

Borrar las fronteras nacionales es entropía, globalismo es entropía, borrar las clases sociales es entropía, borrar las diferencias raciales es entropía, borrar las franjas etarias es entropía, el ingreso del Estado al ámbito privado es entropía porque borra la separación del domicilio y el espacio público, la empatía es entropía, “ponerse en el lugar del otro” es entropía, la promocionada sororidad -que ciertamente pareciera referir a Soros- es entropía, la consigna feminista “democracia en el país y en la casa” es entropía…  y hay muchísimos ejemplos más, las religiones que dicen que todos los hombres somos iguales también propician la entropía, de hecho con el Islam se da el ejemplo más claro, el Imperio otomano pudo mantenerse porque los musulmanes a la política no la tenían en consideración, no veían nada cuestionable en ser gobernados por un lejano Sultán, para desmembrar al último Califato, ingleses y franceses activan los nacionalismos; ya en el colmo, el relato del deshielo polar es de una entropía mayúscula. También es entropia que un organismo mayor se deshaga en organismos menores -a esto Freud lo relaciona con el Tánatos, un tánatos térmico- y, por ejemplo, la Ley de Medios que propiciaba desarmar el monopolio mediático dispersándolo en infinidad de medios alternativos, que en la práctica iban a estar sostenidos por publicidad oficial, era entropía; del mismo modo, también era entropía, desarmar, desparramar y diversificar la policía bonaerense en multitud de policías municipales; el chavismo al repartir armas entre la población, de modo de asegurarse en el poder, produjo una entropía gigantesca: los índices de asesinatos, el hampa en los barrios, las grescas descomunales, el caos vehícular, la hiperinflación, el desabastecimiento… todo es a causa de la entropía fáctica que provocó repartir armas a la población; quizás Bolsonaro cometa un error semejante.

José Ortega señala que en toda organización social, sea la que sea, una minoría controla los recursos.

El punto, en la entropía política, también se cumple: las masas despolitizadas serán controladas por una minoría.

Los activistas de la despolitización esconden la certeza de que disfrutarán la experiencia intransferible de su propia individualidad, cuando las muchedumbres, ya despolitizadas, sientan lo que siente el otro.

Los nuevos insectos eusociales comerán en comedores comunitarios, viajarán en transportes de carga, no serán ni las ni los sino les, sin identidad porque los pasaportes referirán a condiciones subjetivas que no podrán verificarse y el frotismo en rituales masivos será el erotismo oficial del sistema…

Ya recibieron su recompensa, ya tuvieron sus 30 segundos de fama, ya se viralizaron, ya embolsaron su aguinaldo como empleados públicos globales…

Llegado el momento que no ha de llegar, no serán parte de esa minoría selecta y sus hijos, nietos y bisnietos también serán convertidos en hijes, nietes y bisnietes, es decir: en seres eusociales, porque sencillamente ninguno de los activistas de la entropía, que todos conocemos, reúnen condiciones para formar parte de la élite mundial de un nuevo paradigma; apenas destacan en el provincianismo globalizado de las redes que, por sí mismas, también son entropía.

Juan Ponce

 

 

 

 

 

 

El regreso del hombre

CRISTINA VERDE

“Nosotros casi nunca cambiábamos las cosas de sitio: los Blackwood nunca fuimos una familia muy dada a la agitación y al movimiento. Nos relacionábamos con pequeños objetos transitorios, los libros y las flores y las cucharas, pero en los cimientos siempre contamos con una sólida base de posesiones estables. Cada cosa tenía su lugar. Barríamos debajo de las mesas y las sillas y las camas y sacábamos el polvo de los cuadros y las alfombras y las lámparas, pero lo dejábamos todo donde estaba; los objetos de tocador de carey de mi madre nunca se movieron más de unos pocos milímetros”.

Shirley Jackson, Siempre hemos vivido en el castillo

El fracaso o el éxito de las mujeres se ha dado históricamente en el campo del hombre y ha sido, quizás por esto, siempre de una sobre las otras.

En las convocatorias feministas no hay posibilidad de éxito de una, por ende de fracaso de otras, porque no está el hombre.

El hombre ha sido puesto “del otro lado” y así se ha levantado un límite perimetral que cierra el relato feminista… Laclau recuerda a Hegel: “para que haya un límite, debe haber algo del otro lado”.

Por esto no importa si sus actings son bochornosos, por ejemplo: defecar en una iglesia, o si no cumplen con el canon de belleza al quitarse la camiseta, o si sus relatos son inverosímiles, la igualdad que las hermana reside en que no hay posibilidad de triunfo o de derrota para ninguna, de una sobre las otras, porque no está el hombre.

La igualdad es inherente a esta imposibilidad de ganar o de perder y las libera de un peso opresivo, entonces gritan, festejan, saltan, se quitan los corpiños, causan destrozos, defecan a la vista de todos, porque hay un límite -un vallado perimetral- que cierra el relato y lo preserva: el hombre ha sido puesto del otro lado.

Para que ese límite se mantenga el hombre debe permanecer del otro lado; la forma de lograrlo es atribuyéndole toda clase de hechos aberrantes y exhibiéndolos a través de la prensa hegemónica que incluye a la prensa de izquierda y a gran parte de los llamados “medios alternativos”; pero el hombre regresa, como regresa el significante padre en la teoría lacaniana, y regresa -como en la teoría- en forma de delirio.

Son esas voces fantasmales que hacen declaraciones espeluznantes en una campaña electoral, que pocos años atrás hubieran espantado a la mayoría del electorado, que alientan el asesinato a quemarropa, que prometen la destrucción completa del medio ambiente -el incendio, la inundación, el lodazal, la tala indiscriminada- la persecución ideológica, el secuestro, la tortura, el crimen político, el racismo, la violación masiva, el cierre de escuelas y hospitales públicos.

Bolsonaro -por ejemplo- es el significante hombre que regresa, como delirio, por una fisura del relato feminista; no debe malinterpretarse, Bolsonaro no es el delirio de sus votantes y aquí radicaría su éxito, Bolsonaro es el delirio del feminismo psicótico y psicótico refiere puramente a una estructura: algo del otro lado, un cerco perimetral, un relato cerrado.

Juan Ponce

Ekekos políticos

El ekeko es un fetiche de las culturas andinas, conocido por todos; un muñeco recargado de adornos que simbolizan la abundancia.

Hay un tipo de activista que adhiere a las más distintas causas: medio ambientales, de género, la libertad de Lula, Milagro Sala, que sostiene que hay una conspiración judicial contra Cristina Kirchner, que también es posestructuralista, bolivariano y marxista, animalista, vegano, a favor de la educación pública, que festeja el cumpleaños de Charly García, que está a favor del aborto, de la eutanasia, de Siria, de Palestina y del feminismo que patrocina Hillary Clinton, la liberación de la planta, la adecuación de sexo, que exige memoria y que recrea la historia…

Para cada una de estas adhesiones tiene un distintivo, un pañuelo, un
prendedor, un tipo de peinado, un tatuaje, una remera, un avatar en facebook.

La teoría populista refiere a una multitud de demandas, que encuentran un significante vacío en la figura de un líder carismático cuya función no sería otra que la de una estrella de telenovelas, que sea dueño real de todos esos atributos que se le otorgan no es imprescindible porque todo es una construcción discursiva, y ese significante vacío puede ser asumido eventualmente por cualquiera; así Néstor Kirchner al momento de recibir de manos de Duhalde la candidatura a presidente -se daba por hecho que Menem en un ballotage, que no podría evitar, sería derrotado- el único mérito que presentaba era haber quebrado el banco de su propia provincia y haber iniciado la gangrena financiera que finalmente se llamó corralito.

Según la explicación que daba Ernesto Laclau de su propia
teoría, el ekeko estaría fuera del activista que deposita en él su demanda
sectorial como una expectativa, articulándose así con otros sectores demandantes.

Pero en donde Ernesto Laclau veía puntos de unión, los escépticos veíamos motivos de desencuentro; esto se verificó en las marchas de Aysen, un pueblo de Chile con alto valor paisajístico amenazado por la instalación de una carbonera; el pueblo entero se unió en largos días de marchas y finalmente detuvieron la instalación, pero pronto quedó al descubierto que la dueña de algunas hectáreas, de mucho valor en el mercado, poco y nada tenía que ver con el animalista que liberó los visones que llevaron al cisne de cuello negro al borde de la extinción, devorando sus huevos y pichones, los dueños de hosterías que poco y nada tenían que ver con las feministas de clase, y estas a su vez descubrieron que poco y nada tenían que ver con algún otro…

Podemos advertir que así como se habló en algún momento  del superhombre, del nuevo hombre y del homus sovieticus, ahora apareció en Argentina la contribución a la evolución humana por parte del kirchnerismo, un nuevo sujeto político, uno que se ve a sí mismo como el significante vacío y se echa encima todas esas  virtudes que hasta hace poco, aunque más no fuera en formato de esperanza, atribuía al líder; el activista ekeko.

Juan Ponce

La psicosis de las maravillas

QUIEN SABE

Forclusión es un concepto elaborado por Jacques Lacan para designar el mecanismo específico que opera en la psicosis por el cual se produce el rechazo de un significante fundamental, expulsado del universo simbólico del sujeto. Cuando se produce este rechazo, el significante está forcluido. Wikipedia

El kirchnerismo implementó una psicosis masiva con la complicidad de la Educación Pública y cada cátedra se convirtió en un púlpito partidario en donde se reforzaron todos los síntomas.

La estrategia se llevó a cabo ‘forcluyendo’ la dictadura mediante la exhibición de hechos aberrantes.

Precisamente la principal tarea de las organizaciones de derechos humanos en Argentina consistía en la exhibición permanente de esos hechos aberrantes.

El significante vacío del kirchnerismo no fue Nestor Kirchner, como un líder carismático que era engalanado con sinfín de expectativas y que así articulaba una multitud de demandas.

El significante vacío, es en realidad un significante vaciado; y un significante se vacía expulsándolo del sistema de signos que lo contiene y le da su significado.

El significante vacío del kirchnerismo fue la Dictadura.

En la misma teoría populista abundan las referencias a la racional y a lo irracional, la incorporación de psicoanalistas lacanianos a las ciencias políticas también, evidentemente, refiere a esto.

La sensación de locura, de irracionalidad, de incertidumbre, era permanente y se cristalizaba nitidamente en el endiosamiento de la familia Kirchner.

Lamentablemente no tienen conciencia de su condición de psicóticos políticos, no hay posibilidad de dialogo fuera del cerco que levantó el relato y en donde están atrincherados; el recuerdo que tienen del 2005 al 2015 es el de un paraíso en donde todos correteaban descalzos por el césped, en donde los pobres -sin dejar de ser pobres- habían, paradójicamente, salido de la pobreza y vivían de parabienes, en donde todos se iban de vacaciones y el pueblo “adquiría derechos”.

Tal como esas alimañas que vacían los intestinos al sentirse acorraladas, no pueden sostener un debate político sin -llegado cierto punto- escapar dejando detrás una maloliente descarga de lugares comunes, de falacias, de mentiras y de esa mediocridad moral tan lamentable, que es aquella mediocridad moral del que se piensa a sí mismo invisible.

Juan Ponce

 

Guerra de trolls

GUERRA DE TROLLS

“Cada uno alcanza la verdad que es capaz de soportar”.

Jacques Lacan

En el año 2014, resulté finalista de un concurso de ensayos; con un borrador breve y sin revisar, pues me decidí a participar unos días antes de que cerrase el plazo. Lo publicaron, y así las ideas centrales quedaron registradas. En aquellas páginas eché mano a distintos autores para sostener una teoría alternativa, desde Hanna Arendt a David Lebón, pasando por Carl Schmitt y Ernesto Sabato, como así también Isaac Asimov y Heidegger, Roberto Bolaño y el mismísimo Einstein, tampoco le hice asco a Freud ni a la novela negra, básicamente traté de graficar un equilibrio térmico entre el ámbito público y el ámbito privado, entendiendo ‘privado’ como domicilio privado no en referencia a la actividad empresarial.

Ese equilibrio térmico -entre el calor del hogar y el frío de la calle- se consigue como se consigue en la física al poner en contacto dos cuerpos con distintas temperaturas, el cuerpo caliente se enfriará y el cuerpo frió se calentará hasta que ambos alcancen una temperatura homogénea, es muy fácil de entender.

Observé que -tal como señala Hanna Arendt- mediante distintas leyes, ordenanzas, normativas y hasta dispositivos tecnológicos, el espacio público había ingresado a los domicilios privados produciendo una entropía, es decir: un equilibrio térmico entre ambos espacios y que se traducía, literalmente, en la transformación del animal político en un animal social.

La entropía me resultaba evidente en infinidad de situaciones. En las redes sociales advertí que la profusa exhibición de situaciones de la vida privada despolitizaba, precisamente por eso que señala Hanna Arendt en La Condición Humana, la línea de lo público y lo privado se borra.

Las denuncias por abuso sexual en las redes -desde el juez Brett Kavanaugh a Cristiano Ronaldo- son un despolitizador de máxima potencia, la gente lo comenta coloquialmente, una denuncia de esas te convierte en un “muerto social” y un muerto social es sencillamente un ciudadano despolitizado, ¿por qué despolitizan tanto estas denuncias? la carátula lo dice claramente “…de instancia privada”.

El debate sobre el aborto también ingresa al ámbito privado, un ámbito privado muy especial: la matriz.

La educación sexual obligatoria de los niños pequeños también ingresa al ámbito privado y despolitiza.

Todo lo que sea borrar la línea divisoria entre público y privado, despolitiza.

Contrariamente a lo que se interpreta comúnmente, cuando la derecha sostiene que la libertad sexual debe restringirse al ámbito privado no despolitiza sino que politiza con gran intensidad.

La entropía es despolitización y la entropía puede ser graficada también con un líquido derramado, con una camionada de naranjas desparramadas, o como dice Freud en El malestar de la cultura sobre la pulsión de muerte: “Partiendo de especulaciones acerca del comienzo de la vida, y de paralelos biológicos, extraje la conclusión de que además de la pulsión a conservar la sustancia viva y reunirla en unidades cada vez mayores, debía haber otra pulsión, opuesta a ella, que pugnara por disolver esas unidades y reconducirlas al estado inorgánico inicial”.

Una palabra muy usada últimamente es “empatía”. Empatía es entropía; identificarnos con quienes nos rodean -al punto de sentir el mismo dolor- es ósmosis y produce el fatal equilibrio térmico.

La política, según la definió Carl Schmitt, es la distinción de amigos y enemigos. Esta distinción también marca una línea separatoria, que si se borra -tal como la que separa lo público de lo privado- despolitiza; para Carl Schmitt el afán de la política es imponer y preservar un orden; por esto en la década del sesenta y del setenta había tanta politización; no por la imagen mediática del Che Guevara, neto producto de la televisión norteamericana, ni por Fidel Castro cuya única función consistía en exportar al resto de Hispanoamérica su modelo de Revolución fracasada, sino que se producía por la imposición de un orden por parte de los militares, mientras más profundo y firme era el orden impuesto, más alta la ebullición política. Al punto tal que escribir, a escondidas, un “viva Perón” cobraba dimensiones épicas.

Perón exiliado por disposición del orden.

Laclau citando a Hegel dice que “para que haya un final, un límite, debe haber algo del otro lado”, Perón era eso que se había puesto del otro lado y que permitía que hubiera un límite, el contorno de un conjunto, un conjunto de signos. Ahora pasa más o menos lo mismo, pero con menor intensidad, pareciera que Cristina Kirchner fue ubicada del otro lado y entonces ipso facto se levantó un límite, el límite da significación a los significantes de un sistema de signos, porque si esos significantes fueran infinitos y desperdigados por el infinito no tendrían ningún significado, Perón mismo ayudó a ponerse del otro lado exhibiéndose con una niña de catorce años en el Festival de Cine de Mar del Plata, algo que inmediatamente remite a lo más penumbroso del ámbito privado.

Cuando allanan una y otra vez el domicilio de Cristina Kirchner la van despolitizando poco a poco.

Cuando ese orden (recordemos que entropía también se define como “máximo desorden”) se desarma tal como una carga de naranjas que ruedan al volcar el camión que las transporta, se produce la despolitización; ya no es posible definir amigos de enemigos porque son todos contra todos.

Ha pasado el momento del protagonista, el momento del antagonista y ha llegado el momento del agonista, que es cuando los extras se apoderan de la pantalla en el final de una película de cine catástrofe.

Esa carga de naranjas que se desparrama no es otra cosa que el poder fáctico y el orden del poder fáctico no es otra cosa que el monopolio de las armas; ahora Bolsonaro en Brasil va a producir una entropía desmesurada propiciando que millones y millones de brasileños se armen hasta los dientes; lo mismo le sucedió a Chavez con los colectivos armados; lo mismo pasa en los Estados Unidos, la gran cantidad de armas en poder de la población civil ha llevado al Estado Federal a la extenuación.

Si la línea divisoria entre el espacio público y el domicilio privado es imprescindible para que se produzca la política, que a su vez es la distinción de amigos y enemigos, ¿quién es el enemigo? el enemigo es aquel que invade nuestro espacio privado, ¿quién invade nuestro espacio privado? el soberano cuando declara estado de sitio, ¿quién es actualmente el soberano? el soberano es un Golem multimedia despótico y cruel que baja o sube el pulgar como un emperador romano.

En este auge tremendo de las redes sociales en donde se mezclan las fotos familiares con las consignas setentistas, con los videos de mascotas y las selfies de espaldas al inodoro, en el que mayormente todos se exhiben felices y dichosos, ciertos personajes conservan la dignidad de las novelas de aventuras, preservan la potencia política ocultando su identidad, y lanzan su contraofensiva rebelde llegando a torcer el rumbo de una elección presidencial; ya el sistema se dispone a capturarlos -penando su artillería de memes y su posverdad- para hacerles pagar cara la osadía, son los héroes que encarnan al sujeto histórico de esta ciberépoca… los trolls.

Juan Ponce

 

GUERRA DE TROLLS