BATALLA CULTURAL NEGRA

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Desde que Trump comenzó su ascenso, el tema del racismo ha ido ganando los titulares; siendo el mismo un experto en medios de comunicación quizás sea deliberado, todos sabemos que el racismo enardece y suma votos, a esto lo plantea claramente Hanna Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

La situación pareciera interpretarse como una cuestión de buenos modales -como si lo que declara y declama hoy Donald Trump (pero ayer muchos otros) fuese cierto pero, en definitiva, de mal gusto decirlo- algunos agregan que el racista es tan ser humano como cualquiera de nosotros y con una lógica de opereta pretenden elevar al hombre esclavizado a la altura del esclavista…

No es tan simple.

Culturalmente el “imperio americano”, que estrictamente refiere a los EEUU, es en realidad “afro-americano”, porque la raza negra desmembró la cultura puramente inglesa y salió a la luz del día -es decir: pisó el asfalto caliente- una cultura nueva proveniente de los sótanos, las mazmorras y los clubes clausurados.

La “cultura americana” está impregnada de jazz y blues: la literatura, la danza, el teatro, la poesía, el cine, todo tiene la sincopa del condenado decidido a reinar en el infierno, a fuerza de tocar mejor que el diablo en persona.

Los Rolling Stones, por ejemplo, son descendientes directos de los esclavos de las plantaciones y de los explotados en los trabajos más pesados de la industrialización norteamericana, sencillamente porque comenzaron como una banda de rythm & blues.

Dos detalles significativos:

El conocido “slide” que consiste en tocar con un caño en el dedo -o con un frasquito de vidrio semejante a los antiguos inyectables- con el que se recorre el diapasón y que es muy común de ver en los grandes guitarristas, nace de la necesidad de cubrirse las yemas destrozadas en esos trabajos miserables; pues el contacto con las cuerdas las hacía sangrar.

El segundo detalle que me parece significativo, es el banjo.

El instrumento más típico del folclore estadounidense fue llevado a las plantaciones desde el África en la memoria de los prisioneros que iban a ser vendidos como esclavos y primeramente consiguieron armarlo con los restos de una calabaza, una caña y un alambre, luego surgieron las cigarbox que son hechas con cajas de cigarro; los negros recogieron las cajas de cartón de la basura y las transformaron en guitarras, de estas finalmente viene el banjo.

Una especie de fordismo desaforado.

En el fordismo, que todos conocemos, el operario se compra su Mustang con el dinero que le paga el propio Ford, en la versión desaforada los más explotados, los que ni aún trabajando y ahorrando toda la vida podrían comprar su propio Ford con el sueldo que el mismo Ford les paga, transforman los desechos de Ford -que a ellos mismos los desecha- para vencerlo en una batalla cultural a todo o nada.

Dice Carl Schmitt que la guerra es la negación óntica del otro; y esto, precisamente, es la esclavitud: una negación óntica, por lo tanto es una guerra.

Cuando la batalla es a todo o nada, es una batalla final; la batalla final es una figura teológica que dispone un escenario divido en dos bandos: amigos o enemigos y –como dice Gatillazo– el que pierde paga y muere.

Los negros surgieron así como los nuevos protagonistas de un mito muy antiguo y no hay un caso mejor documentado, tan minuciosamente y con tanta tecnología, como la destrucción del imperio angloamericano por la raza negra.

Hemos escuchados desde niños innumerables narraciones  que refieren a un monstruo que devora a los protagonistas de un mito, pero que estos permanecen vivos, logran salir y finalmente cumplir su misión: aquí hay un ejemplo muy nítido ante nuestros ojos.

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Si nos viéramos obligados a usar los parámetros del racista, concluiríamos que la raza superior es la negra, pues esclavizada en las entrañas del imperio se libera produciendo la cultura afroamericana.

Finalmente, como sucede siempre, el liberalismo convierte las banderas en mercancías que pasan de mano en mano tal como las mercancías, se las compra se las vende, se las permuta… sin embargo los afroamericanos aún poseen algo que el capitalismo no logró cosificar y que los mantiene en las calles, incluso matándose con la policía; ciudades de Baltimore (2015) y Ferguson (2014).

Los pueblos que vencieron a imperios, lo hicieron con el imperio ya en decadencia, como hicieron los germanos con los romanos y como habían hecho antes los romanos con los griegos que habían hecho lo mismo, a su vez, con Egipto.

En otros casos consiguieron liberarse de una fuerza de ocupación, pero vencer a un imperio lejos de su metrópoli -si bien fueron luchas llenas de acciones de admirable heroísmo- no puede equipararse.

Este es un caso único, pues el pueblo oprimido surgió de las mazmorras del imperio que se hallaba en su apogeo, tal como EEUU desde la guerra de secesión hasta la renuncia de Nixon, y el funk es la celebración de la victoria frente a las cámaras de TV.

Un siglo duró la lucha, comenzó y terminó con un presidente asesinado, coincidentemente ambos estuvieron fuertemente involucrados con la causa negra .

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En ‘La última palabra del racismo’ Derrida dice que el apartheid era una institución europea no solamente porque fuera implementado por una minoría blanca de origen europeo para dominar al 80% de la población negra, sino porque tenía una impronta cultural europea.

¿La bestia rubia que anida en el calvinista?

Lo mismo podemos responder si se señala que, hasta 1970, mayormente los negros estuvieron confinados a la música; porque toda la cultura se había impregnado de esa música, tal como una mecha de trapo se embebe de gasolina.

Juan Ponce

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La teoría que mece la cuna

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Tenía la impresión de estar de pie en el crepúsculo, en un campo de tiro abandonado, con un fusil vacío en la mano y las dianas derribadas. Ningún problema que resolver, simplemente el silencio y el solo ruido de mi respiración… La inmolación de mi mismo era un cohete quemado y mojado.

Scott Fitzgerald, La Grieta

El caso de las cunitas en Argentina –un kit para recién nacidos que entregaba el gobierno gratuitamente- es un caso que pinta al populismo comunicacional con todos sus detalles.

El kirchnerismo desde que perdió el poder  ha buscado una noticia que funcione tal como el agujero en un dique, que se agrande hasta que aparezca el torrente que acabe por desmoronarlo y así vuelva a correr el relato por el lecho amarillo de la prensa.

Desde la visión del kirchnerista de clase media, la Casa Rosada –completamente vallada- siguió como si no le diera ninguna importancia, una y otra vez, de modo irritante: Milagro Sala presa, miles de despedidos del Estado, la devaluación, el pago a los buitres, la imputación de Cristina Kirchner -que debió acudir puntualmente a cada citación judicial- las cajas de Florencia Kirchner que se abrieron frente a las cámaras revelando su contenido: cinco millones de dólares, la intervención del museo de la ESMA, la citación a Hebe de Bonafini…

La secuencia se fue degradando desde el encarcelamiento de Milagro Sala hasta llegar a las cunitas y nuevamente se intentó darle una dimensión simbólica, recurriendo a sencillas semejanzas con las obras de caridad de Eva Perón y a intrincadas interpretaciones psicoanalíticas.

Finalmente acabó siendo otro petardo chamuscado y húmedo -tal como el del célebre párrafo de La Grieta de Scott Fitzgerald- cuando el juez Bonadío, decidió dejarlas a disposición del ministerio de salud de la nación quitándolas con total facilidad del centro del debate.

Este asunto de las cunitas -casi trivial en comparación a la extensión de nuestro territorio (en algunos ambientes ya suena inapropiado decir ‘nuestro’), de sus ingentes riquezas naturales y su ubicación geopolítica- sirve, desde todos los ángulos, para observar al kirchnerismo y observando al kirchnerismo podremos clarificar la teoría de Ernesto Laclau y comprendiendo la teoría de Laclau veremos que el populismo comunicacional es un minucioso instructivo para implementar un sucedáneo del fascismo.

La cuestión del populismo es otro de los tantos temas que nos impone la contingencia informativa, es decir: la contingencia que crea y desarrollan los medios de la hegemonía epistémica, que no refiere solamente a nuestro orden económico, patriarcal, histórico, folclórico y hasta culinario… sino que es directamente una explicación del Universo.

Ese conglomerado multimedia que actúa como un grillete intelectual también es multifacético.

Un asesino serial con personalidad múltiple.

Esa hegemonía cultural no solamente cuenta con “la prensa”, con novelas, con películas, con obras de teatro, con poetas que están a su servicio -y ya lo dijo Marcuse: los grupos antisistema son parte del sistema- sino que también cuenta con las academias de ciencias.

Todos esos medios nos bombardearon con la palabra ‘populismo’ a tal punto que el debate intelectual y explícitamente político se vio forzado a orbitarla.

Finalmente se generó una gran confusión para algo muy sencillo.

Básicamente: El populismo de Ernesto Laclau se diferencia de todos los demás en que es producido en un laboratorio multimedia.

En base a la lingüística de Saussure, pero sin elaborarla demasiado -por ejemplo: el tópico tan difundido de los significantes vacíos prácticamente lo ha trasladado sin modificar a la teoría política- y así hace con todo lo demás…

Reelabora las observaciones de Gramsci sencillamente porque invierte el sentido, si la propuesta de Gramsci fue la ‘contrahegemonía permanente’, en el populismo se busca una nueva hegemonía, si las propuestas de Lacan son terapeúticas, el populismo las convierte en dispositivos de alienación que se urgen de catarsis y a las situaciones que señala el realismo sociológico (por ejemplo, la tan conocida de ‘amigos y enemigos) en vez de templarlas, pretende enardecerlas creando un antagonismo ficticio.

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La razón Populista es un detallado manual de anulación política, como corresponde a tal se presenta como todo lo contrario.

La anulación política necesita que se borre la divisoria entre el espacio público y el privado, y el kirchnerismo orientó el 70% del presupuesto militar al espionaje interno.

Sabemos que desde Rousseau los espacios son subjetivos, creó la secretaria del pensamiento.

Nos cuenta concebir que sea posible tanta premeditación, pero es tan simple como la receta de bizcochuelo de Lucrecia Borgia.

Sin embargo, detrás del holograma, los animalitos del bosque seguían devorándose unos a otros y esto incluía a las termitas.

Una de las premisas de Laclau es la del desencadenante que conecta todos los sectores, en los populismos originales el líder de uno de los múltiples sectores iba al frente y pasaba a representar a los demás, en el populismo comunicacional es apenas un significante vacío, pero no es como un cuenco sino como un prisma y le da a sus distintas haces color universal: su abnegación es propia del soldado, su generosidad es propia del maestro, su sabiduría es propia del sacerdote, sus consejos son dignos de Hipócrates y así cada pequeño acto cotidiano se convierte en una epopeya y la militancia política pasa a ser una militancia existencial.

Hace diez años esta premisa fue encarnada por el extraño matrimonio formado por  un usurero de provincia y una gastadora compulsiva, que funcionaba como un ente político hermafrodita, siendo la parte femenina besuqueada en público por Chavez y el Rey de España, mientras la parte masculina con un ojo vigilaba a la derecha y con el otro a la izquierda.

Ahora se da en una frecuencia más baja, como en una puesta en abismo, como si fuera una historia dentro de la historia.

Pero dentro del frío esquema de puros signos el asunto de las cunitas ocupa el mismo sitio que ayer ocupó la citación a Hebe de Bonafini, que anteriormente ocupó el pago a los buitres y que primeramente ocupó la cárcel para Milagro Sala -igualmente con otros hechos similares que cada quien recordará- y observarlo nos permitirá observar otras situaciones equivalentes.

Repasemos la historia. El juez Bonadío es llamado “juez pistolero” por Cristina Kirchner y no porque, metafóricamente, hiciera disparos al aire con sus disposiciones judiciales, sino en referencia a un hecho que ocurrió en el año 2001.

Una noche, coincidentemente con el descanso de su escolta, es sorprendido por dos individuos armados, desenfunda una 40 mm y mata a ambos. Al margen de cualquier apreciación ética, esta reacción indica que clase de hombre es. Simplemente uno que es capaz de desenfundar frente a dos sicarios y matarlos a ambos.

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Por la otra parte las cunitas fueron creación de un joven idealista, que pertenecía a la Lacámpora, su fabricación se concedió a una empresa que al cambio de la época contaba con un capital de 3.316 dólares y que batió todos los records de crecimiento en la historia del capitalismo mundial 15.000.000% de un año para otro.

Más encima se hacen mal. Uno de los errores de diseño, por ejemplo, consiste en un fragmento fácilmente despegable y que puede ser tragado por el bebé.

No solo esto, Cristina Kirchner presenta el proyecto en televisión contando que el kit vale once mil pesos pero que lo pagarán a siete mil; al día siguiente una diputada nacional va al centro comercial de Buenos Aires, compra cada elemento que contiene el kit a la mitad de precio y de mejor calidad, los lleva al juzgado y denuncia una sobrefacturación de quinientos millones de pesos.

De este sencillo modo, con esta simple evidencia recogida por una mujer que enventualmente es diputada pero podría haber sido una ama de casa, se establece que hay una sobrefacturación de quinientos millones de pesos.

Es decir que Cristina Kirchner se mostró orgullosa porque ante la posibilidad de pagar el triple, se pagó apenas el doble y por cunas mal diseñadas a una empresa fantasma (técnicamente una inmobiliaria) que pertenecía no a cooperativistas sino a un grupo de especuladores financieros.

Incluso nos hubiera salido más conveniente a los argentinos pedir vía Internet las originales de Finlandia.

El lema de presentación del kit, y no podía ser de otro modo, fue: “hacemos patria”.

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Epílogo

A simple vista, el kit de las cunitas contiene todos los elementos que caracterizaron al kirchnerismo: nace como una ocurrencia desde la Lacámpora, se adjudica a una empresa ignota, cuyo capital social equivale apenas a cuatro kits, se fabrica mal, sucesivas pericias lo demuestran, se exhibe como un triunfo haberlas pagado el doble, no hubo un beneficio a nivel cooperativas, a nivel de cesteros que incluso podrían haber fabricado el tradicional moisés de mimbre, a nivel de tejedoras, de colchoneros artesanales, tampoco se utilizaron materiales reciclados y a la ganancia se la llevó un grupo de hombres de negocios, quedaron casi la mitad sin entregar a raíz de la pericia, hubo una sobrefacturación de 500 millones demostrada de un modo muy simple que consistió en comprar todo el kit de mejor calidad a la mitad del precio en simples locales minoristas del centro comercial de Buenos Aires, que incluso salía más barato el kit por Internet directo desde Finlandia que contiene más elementos y frente a esto se hace un análisis más conveniente para una ópera de Wagner en dónde cada detalle, por obra y gracia del prisma del significante vacío, se deshace en haces que no iluminan el mundo material sino un plano ideal, en el que toda la dramaturgia conspira para adjudicar un significado casi paranoico a la orden de un juez que se deriva de un crudo informe pericial; finalmente el juez deshace el holograma político, con total facilidad, cuando deja a criterio del ministerio de salud el destino de las cunitas.

Nuevamente el kirchnerismo se encuentra con un significante vacío chamuscado y mojado como el petardo del párrafo de Fitzgerald, extraído justamente de un cuento largo que se llama La Grieta.

Según Delleuze, esa grieta que refiere Fitzgerald, es una grieta metafísica; y todo indica que por esa grieta se cuela inexorablemente -una y otra vez- la realidad material y que, efectivamente, tal ha sido el sino del populismo de Laclau.

Juan Ponce

 

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La Karadagián

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Desde hace relativamente poco, los argentinos escuchamos la palabra “relato” en las conversaciones políticas; pero, más allá de nuestros límites comarcales, fue incorporada a la teoría hace mucho tiempo.

Nuestra propia historia oficial fue escrita en clave de mito fundacional; pletórica de frases teatrales, contando también aquella de ‘bárbaros las ideas no se matan’.

Fidel Castro también comprendió esto y se apropió del legado de Martí, incluso llevó la teatralidad al frente de batalla; dando a Guevara el papel de Máximo Gómez y a Camilo Cienfuegos el del nuevo Titán de Bronce.

Aún antes, la loba amamantó a los gemelos, se abrió el mar rojo para que escapase el pueblo elegido (según la misma leyenda, con todo el oro de Egipto) y los persas encendieron por primera vez el fuego.

Frazer hace muchos años que escribió La Rama Dorada, pronto hará un siglo de la obra de Gramsci, se suman tantos más… y de cada uno podríamos extraer una idea fuerte sobre la cultura y el rol de los medios de comunicación en la división del trabajo.

Incluso, conceptos que en nuestra comarca resultan novedosos, provienen del 1600; todos los días nos enteramos de una nueva de Hobbes.

Mitos, leyendas, epopeyas son formas de un relato y el relato político es un mito fundacional en tiempo presente.

Sin embargo las leyendas suelen apelar a leyendas anteriores.

Es común que el protagonista de un mito venga a cumplir una antigua profecía y esto lo legitima. Así el kirchnerismo apeló al primer gobierno de Perón y al llamado ‘peronismo de la resistencia’ y fue más atrás (porque el propio peronismo ya lo había hecho con respecto de sí) y se entroncó con Juan Manuel de Rosas y de aquí con San Martín, más allá de San Martín elige la rama indigenista con Tupac Amarú y Tupac Catari e incluso se entusiasma con la teoría de la madre guaraní para el propio San Martín, en esta misma línea reemplaza a la estatua de Cristobal Colón por la de la aristocrática criolla Juana Azurduy en homenaje a los pueblos originarios y provoca la airada reacción de las agrupaciones quichuistas.

Desde este culto a Rosas es que ascienden a Dorrego a General, un par de años antes habían hecho lo mismo con Felipe Varela a petición de la legislatura catamarqueña, coincidentemente ese mismo día recompraban YPF para posteriormente firmar el famoso contrato secreto con Chevrón.

La intertextualidad imprescindible para que sean afines los morenistas con el Chacho Peñaloza, está tan repleta de inexactitudes, tergiversaciones, definiciones sacadas de contexto, cuando no páginas arrancadas, que solamente sirve como mito fundacional; porque tal como un mito no puede ahondarse sin recurrir a Deus ex machina.

No puede ahondarse porque comenzaría a abrirse un abismo, que solo cerraría con el gauchito Gil o la difunta Correa.

Sí puede remozarse, refrescarse, vivificarse, mas solamente a través del arte, tal como en la ópera, que sucede el encuentro que nunca fue entre Evita y el Che Guevara; ahí todo se resignifica -o se vuelve un “indecible” según el público prefiera- y ponerle la cara de Nestor Kirchner al Eternauta, aunque usted no lo crea, es arte.

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Esta es la política concebida como un drama, como una tragedia griega, como una epopeya de héroes y semidioses que acaba, finalmente, siendo un reallity: un sucedáneo de la realidad, una realidad ficticia; como tal necesita  la suspensión del inverosímil -que es un acuerdo tácito con el espectador-, necesita que el público ponga de su parte y según parece así hace.

Sin embargo mantiene la esperanza de que la presión psicológica -que provoca el encierro y el hacinamiento- acabará por manifestar el verdadero yo de los protagonistas y quiere ver ese verdadero yo con ansia pornográfica.

Que una de la guerra de Troya, protagonizada por Cantinflas, no nos haga reír a carcajadas, tiene dos explicaciones: o no nos gusta Cantinflas o nos parece que la armadura romana le queda estupenda; ustedes se preguntarán qué tendrá que ver la armadura romana con la guerra de Troya, yo también.

Lo mismo sucede con los políticos argentinos: ahí está Cantinflas dando un discurso frente a la ONU, palabras bonitas y profundas, ahí está de nuevo explicando los beneficios de la soja transgénica, en otro televisor lo de las energías alternativas y de nuevo Cantinflas tironeando con otro cómico de la banda en la ceremonia del traspaso…

A los argentinos les resultará fácil visualizarlo.

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En la política espectáculo, el electorado es el público y hay distintas clases de público,  los que aguantan sin que se les mueva un músculo frente a una obra de arte conceptual, los que encienden bengalas y causan un incendio, los que van al cine y repiten cada gesto de los actores de una película de culto, los que en el ruedo se enardecen con la sangre de los toros, los que aguantan la respiración con el redoblante, los que siguen atentamente los pasos de un ballet, los que esperan expectantes el nock out, los que se agitan como locos, los padres en el auditorio del colegio que observan a sus hijos representando los mismos papeles que ellos años atrás…

Incluso todas las variantes de público suelen interactuar con los cómicos, a través de abucheos, carcajadas, aplausos, zapateadas y tomatazos -recuerden que a Demis Roussos le tiraron monedas cuando descubrieron el play back- también votan con un msj d txt y en algunas ocasiones hasta se los invita a subir al escenario.

A pesar de estas eventualidades, que de por sí son acotadas, el público no tiene mucho para hacer más que mantenerse en su butaca, obligado moralmente a aguantar hasta el final que nunca llega.

Cada butaca, es un compartimiento social, tal como en el teatro cada compartimiento tiene su equivalente con la platea, los palcos y el gallinero.

Los de platea, a veces, son los que peor la llevan. Lo bueno es que el chocolatinero vende drogas y bebidas alcohólicas.

Todo esto es fácilmente visualizable -público con electorado, los lugares del teatro con estratos sociales, la taquilla con los votos, etc.- pero no pareciera tan fácil de desentrañar, según puede deducirse de los comentarios y notas que se escriben habitualmente sobre el tema.

Finalmente queda reducido al histrionismo de los candidatos y a su huella sobre la alfombra roja.

No es solamente eso.

Eso es apenas la parte ontológica de la cuestión, eso refiere a los entes menores en los que se manifiesta la idea esencial de la comedia y que es que los actores representan personajes en situaciones ficticias y no hacen, sino que hacen ‘como’ que hacen.

Las exageraciones del catch el “espectáculo de los excesos” -señaladas por Roland Barthes en la mitología respectiva- actúan como lupa y nos permiten observar mejor.

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“Se trata, pues, de una verdadera Comedia Humana, donde los matices más sociales de la pasión (fatuidad, derecho, crueldad refinada, sentido del desquite) encuentran siempre, felizmente, el signo más claro que pueda encarnarlos, expresarlos y llevarlos triunfalmente hasta los confines de la sala. Se comprende que, a esta altura, no importa que la pasión sea auténtica o no. Lo que el público reclama es la imagen de la pasión, no la pasión misma. Nadie le pide al catch más verdad que al teatro. En uno y en otro lo que se espera es la mostración inteligible de situaciones morales que normalmente se mantienen secretas. Este vaciamiento de la interioridad en provecho de sus signos exteriores, este agotamiento del contenido por la forma, es el principio mismo del arte clásico triunfante. El catch es una pantomima inmediata, infinitamente más eficaz que la pantomima teatral, pues el gesto del luchador de catch no precisa de ninguna imaginación, de ningún decorado, de ninguna transferencia —dicho en una palabra— para parecer auténtico”.

Esto es lo que sucede también con la política espectáculo: es un catch pero no en un sentido amplio sino estricto: no solamente los luchadores teatralizan la lucha, sino que –en igualdad de importancia- los espectadores acuerdan entre sí que esa lucha simulada, llena de exageraciones expresivas, es una lucha real.

“El auténtico catch, llamado impropiamente catch de aficionados, se representa en salas de segunda categoría donde el público espontáneamente se pone de acuerdo con la naturaleza espectacular del combate, como el público de un cine de barrio”.

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Es decir que los plateítas del ring side, como los de las filas anteriores hasta la fila más lejana, se ponen de acuerdo entre sí –incluso, a veces, se suma el chocolatinero que se detiene unos instante y observa acongojado lo que está sucediendo en el ring- para reflejar con sus propias emociones los avatares de la lucha; abuchearán al malo cuando ponga al bueno contra las cuerdas y contarán con el arbitro la cuenta regresiva, la tentación de decir ‘ritual’ está en la punta de la lengua.

Todos participan de la farsa, desde el momento en que compran sus entradas y hacen la fila; entran y las luces ya brillan sobre el ring/escenario, comienzan a ocupar las sillas -llevan la frente en alto: no son extras, son público; la razón de ser del espectáculo- la función va a comenzar, saludan a la pantalla gigante, aparecen los luchadores, el humo de los choripanes los excita, el vino, la cocaína, los bombos, la marcha peronista.

El relato del peronismo pareciera no agotarse, en un perpetuo efecto Droste; aunque fue evolucionando junto a las series de TV y ahora se disponen los roles con mayor desparpajo, sigue siendo la remake de la remake de la remake de la remake… ¿original?

Tal es la situación, según la veo; queda preguntarse qué hacer ya que ahora los centros de poder han descubierto cómo producir un fenómeno político de modo artificial.

Juan Ponce

Entrecomillado: Roland Barthes; Mitologías, año del ñaupa. 

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El hilo conductor del peronismo

 

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A diario nos encontramos con una triste paradoja: los límites mentales son más difíciles de cruzar que los límites físicos; mitos, fábulas y leyendas refieren a sitios de los que no se puede salir por algún extraño sortilegio.

Uno de esos límites -quizás el más difícil de cruzar- es atreverse a jugar, sean como niños indica San Pablo y Alexandre Kojeve recuerda que:La vida humana es una comedia que debemos jugar seriamente”. 

Así cuando vemos que el uso en castellano de escatología refiere por igual a skatos y a skhaton, podemos hacer palabras cruzadas pero sin perder la seriedad.

Para comprender el fenómeno del peronismo, ni el peronismo ni el antiperonismo ofrecen una explicación satisfactoria; tampoco lo consigue una combinación de ambos.

Propongo iluminar el asunto con una variante en el concepto de escatología, una fusión de sus dos acepciones en castellano: algo que simultáneamente refiera a la gloria y a la letrina.

Usemos de hilo conductor la biografía de Juan Perón.

Es borrosa en sus orígenes. No está claro si fue hijo de madre soltera, abandonada o viuda, se da por hecho que el marido de su madre no fue su padre. Según algunos el Partido Peronista debío haber sido inscrito como Partido Sosista pues Sosa habría sido el verdadero apellido de Perón; incluso la fecha de su nacimiento también es imprecisa y del día de su muerte solo se sabe que fue en un día invernal, triste y lloviznoso, de la época de los televisores en blanco y negro que es de donde viene la expresión “años de plomo”.

Incluso ya egresado del Colegio Militar su vida sigue siendo misteriosa y contradictoria porque estaba asignado al servicio secreto, sin embargo hay tres libros que son muy útiles para esbozar una biografía política -aunque más no sea por los detalles de su cronología- que engarzan aportando distintos puntos de vista ideológicos y a la vez una sola panorámica.

El primer volumen de Ejército y política en Argentina, de Robert Potash, que narra sucesos del pre-peronismo.

La Era Peronista de Abelardo Ramos que se ocupa especialmente del periodo intermedio.

La Novela de Perón, de Eloy Martínez, que pone énfasis en el último gobierno y en la figura de Cámpora, el elegido para llegar a la presidencia con él proscrito.

A simple vista podemos advertir un paralelismo con la situación internacional correspondiente a cada etapa de su vida, a tal punto que observando una podríamos deducir la otra.

Potash revela correspondencia privada del capitán Juan Perón que lo descubren, en la década del 30, en vísperas del primer golpe militar en Argentina, oscilando entre el General Justo y el General Uriburu, uno pro norteamericano, el otro germanófilo. En el mundo había surgido el Tercer Reich y se abría paso EEUU, y ambos parecían con chances similares.

Correspondiendo a esta situación, Perón duda entre uno y otro representante local y lo evidencia en sus cartas, finalmente se inclina por apoyar a José Uriburu a quien él mismo había bautizado con el mote burlón de Von Pepe.

Como un Zelig político, aquel personaje de Woody Allen que se mimetizaba con sus interlocutores, cuando -durante el gobierno del General Ramírez- ocupa el ministerio de Trabajo se convierte en el mejor amigo de los sindicalistas, quienes a través del laborismo aportarían, poco tiempo después, el grueso de su caudal de votantes.

En aquellos años había mucha tensión en las bambalinas de la política argentina, la lucha era por mantener la neutralidad en la guerra.

Neutralidad que obviamente favorecía a Alemania, con algunos ejemplos muy resonantes, como el de los marinos y marineros del crucero Graf Speef, acorralados en el Río de la Plata por naves inglesas.

Se les permitió bajar a tierra y fundar una población en la provincia de Córdoba, en una zona serrana con cierta remembranza al Tirol y en la que hasta hace poco años se exhibían cruces swatikas y todo tipo de símbolos y emblemas del nacionalsocialismo en las vitrinas céntricas.

Actualmente se siguen exhibiendo en algunos locales, pero con carteles que advierten que se hace con fines puramente culturales y no propagandísticos, y los turistas los siguen comprando como recuerdos de sus vacaciones.

Esta neutralidad se mantenía por decisión y firmeza del Grupo de Oficiales Unidos; todos nacionalistas aunque no todos germanófilos.

Juan Perón había ingresado al grupo con el grado de Coronel y al asumir la primera presidencia los demás oficiales ocuparán los más diversos puestos.

Tal el caso de Aristóbulo Mittelbach, como gobernador de la provincia de Santiago del Estero, que es una extensa provincia en el centro norte de Argentina.

Según algunos que saben calcular “la pista de aterrizaje natural más grande del mundo” ya que su ahora desértica geografía es prácticamente plana, hundida en la miseria que dejó la desertificación de su territorio es de vital importancia cultural al punto que su capital Santiago del Estero es llamada “madre de ciudades”.

El caso de Mittelbach sirve para ubicar, en un momento específico, la síntesis de ambas escatologías: como fin más allá del final y a la vez como degradación -hacia lo inorgánico pasando primeramente por la podredumbre- de la política argentina.

En las fotografías la prestancia del militar disciplinado va a ser reemplazada por la un personaje grotesco, un patán de grandes bigotes y eterna sonrisa de payaso, que de una forma u otra, durante unos cincuenta años, se mantendrá en el poder en la provincia hundiéndola en la peor de las miserias y llevando finalmente al cargo de gobernadora a su concubina Nina Aragón, vengativa, conspirativa y aficionada a la parapsicología, con cierto aire de villana de telenovela.

Tal como en el tarot de Nina, con solo comparar las fotografías de ambos, podemos darnos una idea clara de lo que vendrá.

Finalmente acabaron desalojados con intervención federal, ante una pueblada por el escándalo de una orgia en la que murieron dos jovencitas y estaban implicados altos funcionarios.

Con el reemplazo del Coronel Mittelbach por Carlos Juárez en la provincia de Santiago del Estero, cuna o forja de la identidad nacional, puede señalarse el nacimiento simbólico de eso que hoy se conoce como el PJ.

La estructura mafiosa que se sostiene y legítima con el voto de los argentinos más pobres; y que con discursos, alternadamente, de izquierda y de derecha -pronunciados muchas veces por los mismos personaje- ha llevado a la Argentina a la descomposición cadavérica.

La caída de Carlos Juárez, medio siglo después de desplazar all Coronel Mittelbach, alcanza para pintar de cuerpo entero al peronismo.

Si leemos noticias de esa provincia argentina, nada parece haber cambiado. Incluso es gobernadora la esposa del anterior gobernador, puesto al que llegó como candidata del antiperonismo provincial que a su vez llegó de la mano del gobierno nacional sobre el que pende un gran debate sobre si es peronista o no.

Entrecerremos los ojos y tratemos de dimensionar semejante enredo: el peronismo es vencido por el antiperonismo apoyado por el gobierno nacional que se dice a sí mismo peronista y que, por esto, provoca un gran debate acerca de si lo es o no.

La primera presidencia peronista comenzó siendo la del GOU, de aquellos que habían mantenido, soportando toda clase de presiones, la neutralidad favorable a Alemania.

Esto, obviamente, repercutió negativamente en el panorama internacional, creó un conflicto con el exterior y que fácilmente podemos prever acusó recibo en el plano interno.

El Coronel Mittelbach es reemplazado por el prototipo del futuro político peronista: campechano, corrupto, cruel e inescrupuloso y extremadamente hábil para sobrevivir a toda coyuntura.

A  medida que EEUU regresa de la guerra y va repatriando sus soldados, curando sus heridas y poniendo sus cosas en orden, el gobierno de Perón comienza una parábola hacia su encuentro y subordinación.

Es decir que anti norteamericano, concretamente apenas duró unos años, quizás los que EEUU demoró en volver en sí después de la guerra y a medida que se afianzaba, Juan Perón se volvía más pronorteamericano.

El émulo de Mussolini comienza a “bananizarse” -a convertirse en un dictador bananero- y llega el punto cumbre cuando Anastasio Somoza se asoma al emblemático balcón de la Casa Rosada, el 17 de octubre de 1952.

El sanguinario dictador nicaragüense del que Rooselvelt había dicho “es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta” y podría haber usado la misma frase con Perón pero prescindiendo de la palabra hijo.

Un dato significativo hoy que se plantea la política en términos de ‘relato’ o ‘narrativa’. Años antes en el primer Congreso Nacional de Filosofía, en Mendoza, Juan Perón había leído un discurso redactado por Ramón Prieto, un joven peronista que redactará también los discursos de Balaguer en República Dominicana, otra leyenda negra de las dictaduras bananeras.

Muere Eva, y Perón traslada el internado de niñas de enseñanza media a la quinta presidencial y se muestra oficialmente en el Festival de Cine de Mar del Plata con Nelly Rivas, de catorce años de edad -a quien había tomado como amante- apenas dos meses después de haber enviudado.

Esta clase de excesos, más la persecución a los opositores y toda clase de atropellos, acaban por sellar su suerte; pero no se romperá como un dique, ni caerá como una torre sobre sí misma, sino que se descompondrá como un chorizo.

Las condiciones objetivas están servidas y el ala liberal del Ejército se sienta a la mesa.

Conservarán vivo a Perón, como un As en la manga, y se le permite marchar al exilio, veinte años después será sacado el naipe por el General Lanuse.

Durante la década del 60 surge el movimiento de los No-Alineados, antecedentes ya había con la tercera posición de De Gaulle, que a la vez tenía antecedentes en el fascismo que se declaraba equidistante tanto del liberalismo como del marxismo.

Los nombres de Nasser, Nehru, Lumumba, del mismo De Gaulle -nombres grandes de la política internacional- fulguran en esa época pletórica de grandes pensadores y políticos que aún son recordados. Perón quiere el suyo en esa marquesina.

Ha conocido en un tugurio de Panamá a Estela Martínez, una jovencita encantadora que llegará a ser la primera mujer presidente de la República Argentina y que mientras tanto se dedicará a mecanografiar la ancha obra literaria del General en el exilio español.

Con un puñado de libros, cartas y una habilidad inagotable para la invención de frases, dichos ingeniosos y salidas ocurrentes, intentará ubicarse entre aquellos grandes de la política internacional, la proscripción lo ayuda, le da un aire de martirio, de líder en el exilio y desde Argentina muchos lo ven aún más alto.

Por aquellos años se da también el máximo fulgor de la revolución cubana y Perón nombra heredero político al marxista William Cooke, un siniestro cocainómano que se ha fotografiado profusamente con uniforme militar cubano y que introduce en el peronismo la terminología propia del su ideología y origina una corriente interna que crecerá ante el beneplácito de Perón: el peronismo-maoista.

Comenzará a realizar actos de terrorismo y sabotaje, con el secuestro y asesinato del General Eugenio Aramburu que en las últimas elecciones había obtenido un millón y medio de votos y que quizás fuera el primer desaparecido argentino: secuestrado, asesinado y su cadáver escondido.

Salvo el detalle de que un puñado de adolescentes reivindica el hecho y se presentan en sociedad: Montoneros. La derecha saca la recortada de debajo de la cama.

Muere el Che Guevara y sobre la Revolución Cubana cae la tarde, no es muy aventurado suponer que a Perón se le haya enfriado la simpatía por el socialismo y que se haya colocado sobre los hombros la chaqueta militar.

Efectivamente cuando pocos años después regresa ya lo hace como parte de la Operación Gladio, la red paramilitar anticomunista más grande del Siglo XX ideada por el general SS León Degrelle –llamado el hijo de Hitler- con quien compartía destino de exilio.

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Apenas asoma del avión que lo ha llevado de vuelta a la Argentina, estallan sus contradicciones y se produce la masacre de Ezeiza, cuando las distintas facciones -que fueron surgiendo al fragor de sus sucesivos cambios- se ametrallan entre sí.

FREUD

En El Malestar de la Cultura, refiriéndose a las pulsiones de vida y muerte, dice: “Partiendo de especulaciones acerca del comienzo de la vida, y de paralelos biológicos, extraje la conclusión de que además de la pulsión a conservar la sustancia viva y reunirla en unidades cada vez mayores, debía haber otra pulsión, opuesta a ella, que pugnara por disolver esas unidades y reconducirlas al estado inorgánico inicial”.

Cabe resaltar: “disolver esas unidades y reconducirlas al estado inorgánico inicial”.

Obedeciendo a este impulso poderoso, el gobierno peronista de Menem promulga la Ley Federal de Educación, que maquillada con la ampulosa declaración de que cada región tenía su propia identidad que había que respetar, preservar, valorar, etc. etc. se deshace de todos los colegios nacionales y se los pasa a las provincia, indicando a la vez a estas que hiciesen lo mismo municipalizando los colegios que ya eran provinciales, así la mítica educación argentina se desploma.

Uno de los autores de aquella ley fue Daniel Filmus, quien -como candidato del actual gobierno- en las últimas elecciones ofrecía al electorado educación pública de calidad y que, al ser derrotado, fue nombrado representante ante la UNESCO.

En esta misma dirección de “disolver esas unidades mayores y reconducirlas al estado inorgánico inicial” el gobierno de Cristina Kirchner ha concentrado todos sus esfuerzos en la sanción de una Ley de Medios, nuevamente las ampulosas declaraciones sobre pluralidad de voces, pensamientos diferentes, igualdad de oportunidades, etc. etc.

Si observáramos ambos procesos como si se tratase de muestras laboratorio en un microscopio, veríamos nítidamente un organismo, aquella vez: la educación pública, esta vez: el multimedio Clarín, disgregándose en unidades más pequeñas, un sinfín de radios barriales que serían solventadas por el Estado mientras considerase necesario.

Incluso la aparición de policias municipales responde a este principio que señala Freud, el de la descomposición en unidades más pequeñas.

Causa asombro que mientras mayor sea el grotesco, más triste el paso de comedia, más evidente el enriquecimiento ilícito y el doble discurso, más votos consigan. La explicación cae de madura: el impulso de muerte, el impulso a disolverse y regresar al reino mineral.

A pesar de la comparsa –que es auténticamente frenética- y del canto (que es honestamente desaforado) los pronósticos son desoladores.

Arrastrada por este impulso de descomposición, la balcanización comienza a ser advertida por diversos analistas.

Hipótesis de conflicto surgen como las manchas bacterianas de un cadáver apenas alguien las señala veladamente y todo comenzó, en un simple y sencillo acto, hace ya setenta años y que el peronismo aún festeja y el antiperonismo cuestiona: las patas en la fuente.

Cuando Perón es llevado prisionero, antes de asumir la primera presidencia, siendo Ministro de Trabajo, las muchedumbres ganan las calles, dispuestos a caminar largos kilómetros hasta la Plaza de Mayo. Acalorados por el sol de octubre, llegaron con los pies cansados, hinchados y lastimados. No tuvieron mejor idea que refrescarlos en la fuente de la plaza.

Ese simple acto, casi cándido, ingenuo, comprensiblemente humano, funcionó como una profanación mágica.

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Mágica no en el sentido sobrenatural, obviamente, sino en un sentido antropológico.

¿Fue determinante que el peronismo naciera de una profanación simbólica?

El acto fundacional más emblemático del peronismo llevaba signada su propia escatología, ha sido denostado y reivindicado incansablemente y actualmente es un rito partidario.

 Juan Ponce

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¿Revolución en retazos?

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Año tras año, la izquierda publica artículos tratando de darse, a sí misma, una definición de sí misma.

A la vez, se renuevan las generaciones que creen haberlo conseguido; pero invariablemente, la hoz vuelve a desdibujarse en un signo de pregunta.

También, muchas veces, intentó una definición estableciendo qué no es.

Surgió un inconveniente: para decir qué se es diciendo qué no se es, hay que conocer primeramente aquello que se dice no ser.

Así, confundiendo al conservadurismo con el liberalismo, aparecieron dificultades; ese tipo de dificultades que pasan desapercibidas hasta la hora del resultado.

Comencemos preguntándonos cuál es la distinción del capitalismo.

La primera distinción del capitalismo es el don y maldición del Rey Midas, cosifica todo lo que toca; y lo cosifica, obviamente, al convertirlo en mercancía.

El conservadurismo es, precisamente, aquello que se niega a convertirse en mercancía.

A eso refiere el término “conservador”, aunque habitualmente se lo confunda con una actitud reaccionaria que pretende mantener cierto sistema financiero opresivo tras la fachada de valores morales obsoletos.

Una vez que identificamos al conservadurismo como aquello que se resiste a convertirse en mercancía, podremos decir de nosotros mismos si lo somos o no.

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La fuerza de trabajador se transforma en mercancía, por lo tanto los trabajadores no pertenecen al conservadurismo.

Por un lado los trabajadores -siempre listos a vender su fuerza, su habilidad y su potencia al que mejor pague- y  por el otro, el caminante sobre un mar de nubes de Caspar Friedrich.

La izquierda ve al proletario que tiene delante de sus ojos, borrosamente, como un pequeño burgués; y al lumpen lo adorna con todas las virtudes del conservadurismo que le atribuye a su proletario imaginario*.

En Argentina, pasa lo mismo pero con una diferencia: la disputa de los sindicatos con el peronismo.

Anteriormente al peronismo ya había un conflicto sindical definido prácticamente en los mismos términos: anarquistas y marxistas por un lado contra el laborismo de Cipriano Reyes, que era inmensamente mayoritario.

Cuando se le suman los sindicatos a Perón –siendo ministro de trabajo- también se suma este conflicto y de ser un conflicto sindical pasa a ser un conflicto político en todos los frentes, porque el propio peronismo excede a los sindicatos: una batalla cultural en el más completo sentido.

La izquierda argentina se moldeó a sí misma disputándole el poder sindical a los peronistas, que ciertamente pertenecen a un gigantesco y auténtico movimiento de masas. Esto la salvaguardó del nirvana teórico.

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Confrontando con la poderosa burocracia sindical argentina -incluso asesinándose dirigentes mutuamente- la izquierda de los barrios elegantes tuvo una práctica social que la forjó en la dureza de la realidad concreta.

Esta lucha los aproximó de otro modo a los conceptos básicos de Marx; pero tampoco logra identificar al sujeto histórico y lo llama “clasemediero” que viene a ser lo mismo que decirle “arribista” o “facho pobre”.

Le hablan al proletario como a un lumpen, por la sencilla razón de que confunden al lumpen con el proletario y al proletario con el lumpen; se evidencia cuando al proletario le dicen “desclasado” -el único desclasado es el lumpen- y de aquí deriva toda la frustración.

Ese mundo idílico, de ensueños, de solidaridad, es una buena propuesta para el lumpen, no para el proletario que todas las mañanas arranca el auto en el garaje.

Al proletario no hay que ofrecerle un cielo con ángeles revolucionarios y heroínas frígidas, en donde San Ernesto toca una guajira con el arpa; al materialista por derecho propio, hay que ofrecerle unas breves pero intensas vacaciones en Miami.

El materialista neto observa su entorno con la misma suspicacia y perspicacia con que observaba Marx a los burgueses: desconfía de las hermosas intenciones y de la sonrisa cálida, de la palmada en el hombro y del gesto delante de todos; y adhiere, con astucia, a valores de tipo religioso solamente por el control social que implican y solamente porque este control, a su vez, le permite lo que él mismo llama: progresar en la vida.

La catedral del proletario es el Easy.

La palabra “progreso” –de donde viene progresista- refiere más a créditos de consumo que a raros peinados nuevos.

Si el materialismo histórico tiene algo de científico, en cada taco de las horas pico se presenta la postal más diáfana de la dictadura del proletariado.

La CEOcracia es su organización inexorable.

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Tal como en una postal bíblica, aparecen ante nosotros los medios de producción cotizando en la bolsa, muchedumbres de accionistas y fondos de riesgo poseen esas acciones, y sobre todos ellos se encarama y se yergue el CEO.

Propio de los burgueses es reprocharle al CEO sus altos ingresos.  Propio de un proletario, replicar que el dinero que cobra es escaso en comparación al monto que genera con su trabajo.

Ese monto que genera el CEO y que excede su salario es la plus valía que queda en manos de infinidad de minúsculos accionistas que son los reales dueños de los medios de producción.

El proletario se ha encumbrado sobre los propietarios, la pirámide se ha derrumbado sobre sí misma y ahora infinidad de burgueses se retuercen en la base del montículo clamando por una mejor cotización de sus acciones; sobre todos ellos como un héroe victorioso, el CEO proletario, levanta un puñado de billetes.

El asunto de las AFP en Chile, por ejemplo, es genuinamente proletario. Su protagonista no es el joven soñador vestido con retazos de colores y remiendos; en esta ocasión los protagonistas son aquellos que desaparecen en el Metro a las seis de la mañana y reaparecen ya de noche, extenuados pero decididos a ganar ciento cincuenta lucas más (doscientos dólares).

Por esto también es que ha causado una preocupación más grave que los body pinted del estudiantado y ha motivado –directa o indirectamente- declaraciones del jefe de carabineros y del jefe del ejército, el mentor del sistema ha regresado al país para enfrentar las cámaras de TV, la misma presidente públicamente ha puesto el tema en la agenda, evidentemente el epicentro de este sismo es más profundo que aquel que provocaron las demandas por educación gratuita y de calidad.

Contemplemos, por un momento, la mera posibilidad de que efectivamente estemos viviendo en la dictadura del proletariado.

Esa distopía futurista –propia de la Ciencia Ficción- estaría calculada para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, un globo financiero alimentaría la voracidad de créditos de consumo, las películas tratarían de hombres comunes en situaciones atemporales o/e insólitas y la  sección de Play Boy más exitosa correspondería a las fotos de la vecina de al lado, sociólogos y economistas hablarían de los “gustos del consumidor”, sinfín de encuestas tratarían de averiguar qué cavilan los seres anónimos y los resultados mayormente revelarían que les preocupa cómo comprar un nuevo auto, ampliar su casa, enviar a sus hijos a buenos colegios, disponer de comida en abundancia, ropa, tecnología, viajes, mascotas, vacaciones, una dacha…

El “fordismo” no solamente refiere a la fabricación en cadena, sino a una ingeniería comercial que permite a cada empleado comprar -con su propio sueldo- un auto que él mismo ha fabricado.

El proletario compra el auto y compra muchas cosas más, desde pequeñas a grandes, comunes o raras, escasas o abundantes, baratas y caras y así construye un mundo como con ladrillos Lego, impone sus preferencias en todos los ámbitos y es el centro de atención de todo el andamiaje productivo y financiero.

Evidentemente, la dictadura del proletariado ya llegó.

En Argentina se caricaturiza al gobierno de Mauricio Macri como una CEOcracia, pero la subtitulan: “el gobierno de los ricos”.

La CEOcracia no es el gobierno de los ricos si se usa “rico” como sinónimo de “burgués” y se interpreta a burgués como dueño de los medios de producción, aunque eventualmente los CEOS posean acciones.

¿Qué puede ofrecer la izquierda al inmenso proletariado que excreta, noche y día, eso que se llama cultura de masas?

Lo mismo que le ofrecen los CEOS: administrar el fin de la historia -el perpetuo presente de quienes no quieren descuentos previsionales- incrementando la producción, acelerando el tiempo de obsolescencia y practicando  el reciclaje; en una suerte simbólica de coprofagia masiva.

El fin de la historia -que implicaría, sí o sí, la dictadura del proletariado- puede graficarse con el logo del reciclaje: producción, obsolescencia, reciclado.

Produce, desecha, recicla, produce, desecha, recicla, con una aceleración proporcional al incremento exponencial del volumen.

Proletario termita o lumpen cigarra.

¿CEOcracia del proletariado o revolución en retazos?

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Juan Ponce

* Al atribuirle al lumpen las virtudes del conservador quizás no se equivoque tanto, porque como extremos se tocan y lo dice el mismo Marx por ahí, que el lumpen suele ser afín a los conservadores y que muchas veces actúa deliberadamente para favorecerlos; en contrapartida la estampita política sería Jesús en una de sus habituales fiestas con exceso de vino, bailes y algarabía y una comilona improvisada con lo que haya en la cocina.

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Macri: ¿posmoderno o apenas moderno?

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Probablemente hayamos escuchado infinidad de veces la expresión “postmoderno” o “posmoderno” y a veces simplemente “posmo”…

Lo mismo pasa con “postestructuralismo” o “postmarxismo”, pero en el caso de “posmoderno” se agrega la dificultad de pensar cómo es que es posterior a la modernidad si en este preciso momento la estamos viviendo…

Seguimos usando la palabra “moderno” del mismo modo que hace cincuenta o cien años…

Para nosotros moderno es sinónimo de actual, de actualidad, de propio del presente, novedoso, nuevo, innovador…

¿Entonces cómo es que puede haber un movimiento cultural, un tiempo (o más bien una ‘era’) que sea hoy mismo posterior a hoy?

Para entenderlo hay que ver como se aplica a, por ejemplo, “postestructuralismo”…

Que significa, obviamente, posterior al estructuralismo pero no apenas cronológicamente.

Postestructuralismo es un poco más -con relación al estructuralismo- que simplemente algo que viene después…

Con el estructuralismo se concibe a la cultura, al pensamiento, al lenguaje, a la percepción del mundo, al conocimiento, precisamente, como una estructura…

Sobre esa estructura pendía una pregunta central: ¿para qué?

Cuando se contesta levantando los hombros con las comisuras de la boca para abajo y mostrando las palmas de las manos…

El estructuralismo se cae, se derrumba, se desarma, se desguaza; en ese preciso momento en que la estructura deja de tener un motivo, un fin…

La estructura sin un porqué -esto quizás venga de Saussure, por eso de que los signos son arbitrarios- se convierte en postestructuralismo…

Algo así como un eco, o una onda expansiva, o quizás mera coincidencia -pero que que sirve para graficar- es la idea de un “peronismo sin Perón”…

Que tiene su instancia superior en “peronismo sin peronistas”.

Con los restos del naufragio del estructuralismo, se construyó una cabaña en la playa.

Lo que cumplía una función en el mar puede que en tierra cumpla una función completamente distinta, por ejemplo los antiguos mástiles usados ahora como vigas y las velas para hacer una carpa… con el marxismo pasó lo mismo.

Cuando las premisas centrales del marxismo comenzaron a ser cuestionadas con fuerza, cuando la división de clases se mostró más compleja y cuando la crítica incisiva se volvió irrefutable porque partía desde su propio interior, el marximo estalló como una embarcación contra arrecifes y, nuevamente, los náufragos usaron los restos de la embarcación para armar un refugio en la playa.

Apareció el “post-marxismo” del cual Ernesto Laclau fue un destacado exponente.

Con lo moderno pasa lo mismo y el posmodernismo no es algo meramente cronológico…

Con el fracaso de lo moderno para hacernos olvidar las preguntas ancestrales, para organizar la sociedad de un modo más justo, para cuidar al medio ambiente, para renovar el arte, para cambiarle el sentido a la cultura, para liberar a los seres humanos filosóficamente, etc.

Con todos esos restos, con todos esos fracasos, esa quilla que no aguantó, esas velas que no fueron suficientes, o ese timón que no permitió maniobrar….

Se construye una choza en la playa, tal como hizo Robinson Crusoe, que se llama “posmo”…

El posmodernismo quizás sea -con respecto al modernismo- semejante a la nada como una angustia desde donde mirar al Ser que refiere Heidegger…

El posmodernismo es mirar la modernidad desde la insatisfacción porque la insatisfacción es el fracaso de esta época.

Vivimos rodeados de dispositivos novedosos -nuevas ocurrencias que jamás imaginamos, no solamente tecnológicas sino de todo tipo, prácticamente al alcance de la mano, o apenas detrás del delgado cristal de una vidriera- que nos ofrece la modernidad…

A la vez, el habitante de la modernidad, se siente insatisfecho; cuando se mira a sí mismo y a su época desde esa insatisfacción se vuelve posmoderno.

¿Macri es un político posmoderno o apenas moderno?

Juan Ponce