Populismo comunicacional

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La palabra populismo, a favor o en oposición, está en boca de todos; incluso se escribe mucho sobre el tema, de hecho yo mismo lo estoy haciendo.

Primeramente hay que establecer que hay dos categorías bien diferenciadas: el populismo clásico –que si se quiere incluye desde Juan Perón a Pancho Villa- y el ‘populismo comunicacional’.

‘Comunicacional’ no solamente por su relación con la prensa y el poder de los medios hegemónicos, sino en cómo usa esta relación.

La teoría populista, básicamente, consiste en una serie de indicaciones para excluir un significante.

Estirando la terminología lacaniana como un chicle, refiere a la forclusión del nombre del padre.

Todo comienza –según dice el mismo Ernesto Laclau- con una premisa de Hegel: “para que haya un límite debe haber algo del otro lado”.

Con ‘poner un límite’ se refiere a ponerle un límite a los movimientos sociales, más específicamente a sus demandas, pero no porque ‘menor cantidad de demandas’ sea más conveniente que ‘mayor cantidad’ por un sentido práctico;  sino porque sin límite, es decir con demandas incontables, infinitas, de nunca acabar, es imposible establecer un relato político.

Ese algo del otro lado  -que debe haber para que sea un límite- es análogo al ‘nombre del padre forcluido’ de la teoría de Lacan y que produciría la psicosis.

Ese algo en Argentina fue la dictadura.

En la teoría de Lacan el nombre del padre se forcluye por algo que el niño hubiera preferido no conocer.

En Argentina la dictadura fue ‘forcluida’ con la revelación de sus crímenes.

Forcluyendo a la dictadura, se estableció el límite automáticamente y automáticamente también se produjo el relato.

Ese relato es tal como el monólogo de un paranoico en donde a mayor distanciamiento con la realidad mayor coherencia interna.

El proceso de ‘forclusión’ no es plácido y suave, sino que es traumático, produce un shock, desasosiego, incertidumbre, se descontrolan los esfínteres y se renace meado y cagado a una nueva vida.

La confrontación de la sociedad argentina con el tiempo de la dictadura, logró producir un significante vacío masivo pero no le alcanzó para configurar un ‘pueblo’, apenas lograron ser oficialismo.

Sin embargo las principales premisas de la teoría pudieron ser verificadas.

Para producir un relato, hay que poner un límite, para establecer un límite hay que poner algo del otro lado.

Ese límite no es un límite físico, obviamente, pero tampoco es un límite de tipo ‘moral’; sino que es un límite de tipo lingüístico y funciona automáticamente.

Se ‘forcluye’ un significante, se establece el límite y se ensambla el relato paranoico.

Las organizaciones setentistas no fueron una mera pantalla a la malversación de fondos públicos como ha denunciado incansablemente la prensa liberal, sino que eran el acto mismo de la ‘forclusión’, porque la dictadura fue ‘forcluida’ con sus revelaciones, declaraciones y testimonios, fueron los que gestionaron los museos que recuerdan aquellos años y desde allí organizaron todo tipo de actividades relacionadas.

En la campaña de Trump, por ejemplo, ese límite es el muro con México y el significante vacío, que está del otro lado, es un estereotipo del mexicano que viene  de la industria de la entretención norteamericana.

No es un límite para los mexicanos, sino que es un muro para los propios votantes de Trump; más allá del muro discursivo comienza lo distinto.

El significante vacío no es Trump, el significante vacío es esa vorágine de vicios, violencia, peligrosidad, perversión, astucia, cinismo que sale de su propio imaginario… que pretende dejar del otro lado de un muro.

Quizás el muro físico no llegue a construirse; probablemente, entonces, se advierta un aumento muy considerable de noticias sobre incidentes en la frontera con México.

Juan Ponce

 

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Psicosis populista

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Hablamos habitualmente de populismo pero apenas tenemos una idea, y vaga, de sus formas…

El contrapicado es el ángulo preferido del dictador populista señalando con un dedo al horizonte…

‘Pueblo’, en un sentido teológico, son aquellos que no ofician en los rituales; en un sentido secular pueblo sería, simplemente, la parte de la población que no participa de la administración pública.

El populismo así se define por sí solo como una administración al servicio de quienes no participan de ella y esta es la definición más específica que se pueda  dar.

Antes, en el siglo XIX cuando aún se guerreaba con espadas y a caballo, las grandes caballerías imponían respeto…

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Con la incorporación de ametralladoras ese respeto fue menguando y los populistas acabaron disminuidos a meros bandidos rurales.

Carl Schmitt establece una diferencia entre el asaltante de caminos y el partisano… -de hecho José Carreras, el gran populista chileno, fue ejecutado en el mismo momento en que lo capturaron tal como se hacía con los bandoleros-  ¿al reducir al partisano a mero bandolero se lo despolitiza?

En Sudamérica el gobierno populista más emblemático fue el de Solano López, de Paraguay, su fama posiblemente llegara hasta el Pacífico pues estaba aliado con Felipe Varela, otro populista que como tal recibe el título de Quijote de los Andes;  su última batalla será, justamente, una carga de caballería contra ametralladoras…

De no haber sido exterminados con tecnología bélica de punta, probablemente se hubiera desarrollado una nación -que abarcara desde el río Negro al trópico de Capricornio y desde el Pacífico al Atlántico- semejante a la que dio nacimiento a la cultura criolla de California…

Esos líderes recibían asesoramiento en diversas áreas de parte de la Iglesia Católica y sus fronteras se extendían de modo racional y sustentable por un auténtico espacio geopolítico de cuatro dimensiones: el largo de sus ríos, el ancho de sus llanos, el alto de sus cerros y el tiempo de su cultura criolla…

A medida que las diferencias tecnológicas resultaban completamente abrumadoras en el campo de batalla, esta clase de liderazgos comenzó a intensificar su histrionismo y finalmente se agotó en las bravuconadas de un luchador de Catch.

El último estertor del populismo argentino, se dio cuando Galtieri exclamó “presentaremos batalla”.

Ese exabrupto enardecido y destemplado, quizás hasta un poco pastoso, fue lo último que salió de la garganta de un populista argentino en el poder, desde entonces no hubo populismo en este país.

Vinieron a ser las últimas palabras de un fenómeno político que contó en su primera fila con generales del prestigio de Pancho Villa, Emiliano Zapata, José Carreras, Solano López y Felipe Varela y que nació, quizás, con el mismísimo Tupac Amarú.

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Un caudillo auténticamente populista -en el sentido de que su ensoñación bélica tuviera alguna chance- fue José Uriburu, que derroca a un presidente respetuoso de las instituciones republicanas como fue Hipólito Irigoyen…

Para ser estrictos, los populistas deberían rendir homenaje a José Uriburu que pretendió hacer de la Argentina una potencia militar con tecnología alemana; después de todo contaba nada menos que con Leopoldo Lugones como vate y Slavoj Zizek dice que el “vate” -al estilo de Gabriel Danunzzio- es una constante de estos movimientos.

Perón siendo capitán del ejército lo bautizó Von Pepe…

Cundió el apodo y su relato cayó en desgracia -un tinellazo pero en los años ’30- y surgió la narrativa del General Justo; pro-norteamericano y que, con un nombre más acorde, contaba con la fuerza de Hollywood…

Millones de recién nacidos en Argentina fueron bautizados con la fantasía de alguna estrella de cine; incluso hubo un caso en que se intentó darle al bebé el nombre de Rintintín, el perro del séptimo de caballería.

A medida que la brecha tecnológica se ensancha, el líder populista va convirtiéndose en un personaje más cercano a los micrófonos y a la sonrisa fotográfica que a aquellos sufridos criollos que atropellaban con sus caballos las ametralladoras que trajo Sarmiento; del mismo modo los lanceros polacos lo harán contra los tanques alemanes.

Al intento de convertir a la Argentina en una potencia militar (una especie de Esparta de Sudamérica, antes que una Prusia) le sigue años después la contratación por Perón de un científico -o pseudocientífico- algo excéntrico, para construir una bomba atómica.

En la siguiente aparición del populismo –también con Perón- quiere un misil intercontinental y casi lo consigue, el próximo presidente populista, el general Galtieri alcanzará el paroxismo y llevará a la Argentina a la guerra contra la segunda potencia militar de la época… y la gente colmó la plaza, banderas argentinas, una sonrisa distinta con los dientes de siempre, las colectas, las cartitas, los muertos: una nítida postal populista.

Estos son los populismos puros en Argentina durante el siglo veinte: el del General Uriburu, el del General Perón y el del General Galtieri.

1 – Von Pepe, quiere convertir a Argentina en la Esparta sudamericana, y aún tiene cierta chance.

2 – Perón quiere la bomba atómica y contrata a un tipo raro con acento alemán; pero aún cabía el mínimo verosímil, y de hecho persiste una leyenda urbana que dice que efectivamente consiguió detonar una.

El misil digno de la admiración de Corea del Norte, podría identificarse con el tercer gobierno de Perón, aunque sea la  la continuación del Proyecto Pulqui, un avión a chorro que fue descrito como una.turbina con alas; batió los records de velocidad de la época pero llegaron a fabricarse unos pocos prototipos.

La cohetería peronista y la amenaza a la paz mundial que representaba puede servir, quizás, de hilo invisible.

“Si el potro hubiera tenido los misiles, esto no pasaba”, aseguran en voz baja los peronistas de Perón en los cafés de Buenos Aires; en esos cafés se consume mucha cocaína y al café se le echa bebida fuerte.

3 – Finalmente Galtieri envía a la muerte a los mejores del ejército argentino, del mismo modo en que habían sido enviados a la Vuelta de Obligado, una tragedia bélica que es el equivalente a la batalla de Malvinas en el siglo diecinueve; que incluso arrastrará con ella a los que no participaron, por distintas circunstancias, pues juramentados lanzarían años después sus caballos contra artillería semipesada.

Acá se puede establecer otro hilo conductor: Vuelta de Obligado, Bombardeo a la plaza de Mayo, Malvinas.

El hilo conductor no sería: San Martín, Rosas, Perón sino Rosas, Perón, Galtieri.

Los que murieron en la plaza de Mayo, fueron el equivalente a los que murieron en la Vuelta de Obligado y Malvinas.

Un análisis de mediana profundidad dice que Perón convocó a la militancia más fervorosa para que hiciera de escudo humano, sin embargo Perón a través de sótanos y pasadizos secretos ya había huido y al momento del bombardeo se encontraba escondido en el Ministerio de Guerra; evidentemente Perón los atrajo hacia una trampa.

Algo parecido ocurriría veinticinco años después con Montoneros, y su desgraciada contraofensiva.

Enviar al muere, fue una táctica usada muchas veces y probablemente en esa contraofensiva hayan muerto cuadros destacados, quizás los que mantenían la condición inicial de jóvenes idealistas.

Rosas hizo lo mismo que hizo Galtieri, y la heroica derrota de la Vuelta de Obligado nos condenó para siempre.

Perón también lo hizo cuando convocó a lo mejor del peronismo que acudió para blindarlo con el escudo humano de sus propios cuerpos, más allá del inmenso riesgo y compromiso que eso significaba, no imaginaban que eran llevados a una ratonera.

Galtieri acabó el trabajo.

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Observar al populismo desde el armamentismo, nos lleva a identificar claramente a Hitler como el paradigma del dictador populista, pues es común escuchar que estuvo a punto de ganar la guerra -en un mundo que se dividía entre quienes destinaron todos los recursos, esfuerzos, y sacrificios para derrotarlo y en aquellos que se mantuvieron neutrales- y este es quizás el motivo principal de la admiración que sienten por él sus seguidores y aún los tiene.

Hoy su equivalente, desde este estricto punto de vista: capacidad bélica, es Vladimir Putin; las agencias de noticias rusas dedican un alto porcentaje de su espacio a publicitar el armamento ruso, incluso: con fines comerciales.

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Cada país tiene sus propios líderes populistas y se recuerdan sus hazañas y sus crímenes con ese goce de la ‘bestia rubia’ que dice Nietzsche, pero en el caso sudamericano -como José Carreras en Chile, Felipe Varela en Argentina o Pancho Villa en México- siempre se tiene bien presente la condición de David frente a Goliat, sin embargo había aún alguna chance, por ejemplo: la caballería no estaba mecanizada; de haber podido vencer a sus enemigos por las armas probablemente se hubiera desarrollado una cultura netamente criolla que finalmente acabaría dando muchas “californias” y hoy no hablaríamos en términos de descolonialidad, porque aquella confederación de pequeñas “californias” seguramente hubiera generado su propia cultura sustentable.

No fue así porque ganó Buenos Aires; con ametralladoras que no producía y que probablemente pagase, luego de usarlas, con los bienes de sus víctimas.

Comparado con aquellas trágicas situaciones, llenas de dramatismo, el populismo actual es una mera parodia televisiva, pero del ‘populismo comunicacional’ –que es como lo llamaremos de ahora en más- las declaraciones de guerras imaginarias, las palabras altisonantes y cargadas de emoción, y los largos discursos oficiales convertidos en monólogos de Stand Up, son solo una pequeña parte.

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Del armamentismo de los populismos y de su eficacia en batalla, da el coeficiente de autenticidad.

El chavismo puede considerarse con un coeficiente populista alto, porque reequipa completamente sus fuerzas armadas y de hecho hoy gobiernan, pero Nestor Kirchner fue completamente anti-populista porque opta por destinar el 70% del presupuesto militar al espionaje interno, más que un dictador populista, Nestor Kirchner fue un gran hermano y a la palabra ‘guerra’ sus técnicos comunicacionales la cambian por ‘gesta’.

En Caracas, aún en los últimos años de Chavez, todo era en términos de guerra, los titulares de los diarios, la radio, el oficialismo, incluso la gente de a pie usaba la metáfora bélica y la palabra “guerra” con insistencia.

En el kirchnerismo, se la plantearía más como ‘gesta’; incluso la palabra ‘guerra’ se adosará al enemigo imaginario: el enemigo plantea una guerra, ellos: un martirologio, el enemigo hace un periodismo de guerra que dispara con balas de tinta…

No obstante es justo recordar que el kirchnerismo también emprendió una loca carrera armamentística, presentando un tanqueta -que era un rejunte de tanques obsoletos que tenía el ejército en un cementerio de elefantes- pero su capacidad no iba más allá de la represión de un levantamiento popular; justamente donde estaba el apoyo de su gobierno, un arma diseñada para el propio suicidio.

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Ustedes recuerdan la película 1984, un gobernante que se mantenía en el poder gracias al uso de adivinanzas y trabalenguas, el kirchnerismo justamente fue pletórico de juegos de palabras, de falacias, de lógicas disparatadas… siempre premeditadamente; o espontáneamente, pero cumpliendo una consigna interiorizada.

Los antiguos populismos y, específicamente el kirchnerismo, se diferencian en que este fue producido artificialmente por los medios de comunicación que luego asumirán el rol de corporación enemiga –tal como eran Kaos y Control en la serie de Mel Brooks- y el CEO, obviamente, será el archivillano.

En otra nota dije que el relato político es un mito fundacional en tiempo presente, ese tiempo presente es el momento en que las distintas demandas se vuelven equivalentes.

Cristina eterna, tal el lema de los seguidores de Cristina Kirchner, expresaba la sensación de un presente perpetuo, un tiempo congelado, una variación del fin de la historia, un GIF político…

La imagen del GIF no es arbitraria, porque tal como en un GIF,  Cristina Kirchner solía inaugurar distintas veces la misma obra.

El relato no tiene principio ni fin, no hay introducción, nudo y desenlace, sino que son una infinidad de microrrelatos, haikus o microbloging,  como puñados de larvas que se retuercen cada una en su instante infinito.

Todas las historias militantes suceden simultáneamente, ninguna es más importante que otra, se han vuelto equivalentes; en el mismo instante en que se acomodan los libros en una biblioteca barrial, se vacuna en una villa miseria, se promueve la grabación de música folclórica, se levanta una estatua de Nestor Kirchner en una pequeña plaza, se meten monedas en la máquina, se fuma y se mastica chicle.

Para que las demandas engarcen entre sí en un acto perpetuo, tal como definió Borges a la patria, es necesario forcluir un significante.

Para que la paranoia se desate debe forcluirse el nombre del padre, dice Lacan, y el nombre del padre se forcluye por hechos aberrantes cometidos por él.

Para forcluir a la dictadura, sacaron a la luz todas las atrocidades de esa época.

Una vez que es forcluido queda establecido el límite de demandas y estas engarzan entre sí automaticamente, el remanente que no engarza es la voz del ente forcluido que vuelve como un delirio, como una fantasmagoría y de este modo le sonarían las objeciones a Cristina Kirchner erigida en una especie de psicoanalista de masas: “si no dicen es porque no saben o no pueden confesarlo” “una persona con tan bajo coeficiente no puede ser el jefe…””cuando las ideas son cortas los bastones son largos, se vienen bastones muy largos”….

El límite se establece cuando se ubica algo del otro lado –evidentemente, esto es forclusión- ese algo fue la dictadura, forcluida con la revelación de sus crímenes; así se desencadenó la psicosis masiva del kirchnerismo.

En Argentina, el kirchnerismo mediante distintos dispositivos comunicacionales y siguiendo las instrucciones del manual  populista desencadenó deliberadamente una psicosis masiva.

El caso más gráfico de populismo comunicacional, es el de Trump, pareciera que todas las instrucciones se hubieran tomado más a pecho, más al pie de la letra que en cualquier otro caso, o que se hubiera perfeccionado su implementación.
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El límite hegeliano es el muro que ha declarado querer construir, para que ese muro sea un límite hay que ubicar algo del otro lado –tal como dice Laclau citando a Hegel- y ese algo son los mexicanos, eventualmente identificados con el narcotráfico; pero el muro de Trump no les marca un límite a los mexicanos, sino que les marca un límite a sus propios seguidores, para que puedan hacerse equivalentes entre sí; del otro lado del muro, para sus votantes, comienza lo distinto.

Juan Ponce

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Gorilas y dinosaurios

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Es muy habitual leer que el pinochetismo fue un experimento social y en el mismo sentido que se dice esto, a mí me parece que lo fue el kirchnerismo; salvo que en vez de la doctrina de shock, se usó un cóctel de psicoactivos.

La historia en Argentina se escribe y se reescribe, y esto ha dado a los argentinos múltiples ventajas, una de ellas es que de un momento a otro pueden convertirse en amigos de toda la vida, o en enemigos irreconciliables hasta la próxima reescritura.

Pronto los hechos recientes comenzaron a ser reescritos y en formato libro o documentales y tal como suele suceder unos cargan las tintas en ciertos matices y otros en otros; unos, por ejemplo, ven en Cristina Kirchner a una oradora de talla universal, una estadista nivel Gandhi, una mente brillante, una mujer abnegada que toda su vida luchó por los más humildes y del otro lado, en el más benigno de los casos, una inimputable.

Evidentemente detrás de los adjetivos hay números y si esos números fueran leídos por arqueólogos del futuro -sin datos de tipo ideológico complementarios- verían que el kirchnerismo no representó una ‘anomalía’, la progresión geométrica siguió como si nada: se siguió pagando la deuda externa, se siguió destruyendo el campo, se siguió concentrando el Capital, continuó la migración interna a las grandes ciudades.

Las premisas básicas del neoliberalismo se impusieron: destrucción del hábitat, estatización de deuda (con la “estatización fachada” de las AFJP) y posterior pago riguroso incluso con reservas del Banco Central, apertura ante las corporaciones más emblemáticas del capitalismo salvaje, y concentración del Capital mediante leyes y disposiciones  que en las palabras sugerían un uso muy distinto, como por ejemplo: las retenciones…

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Las retenciones no son un tema menor y lo último que dijo Cristina Kirchner -antes de que terminase su rol estelar- fue que el ministro Lousteau se equivocó “en las cuentas” y que la había hecho llorar sangre, inmediatamente Lousteau sube en la valoración del electorado y disputa el ballotage en Buenos Aires; el hecho de que hubiera llorado sangre valía más que unas cuentitas mal hechas.

Las retenciones permitieron a los jeques de la soja disponer de una inmensa montaña de millones de dólares para la especulación financiera, el mecanismo de la venta de la soja básicamente consiste en que el productor mediano o chico no tiene las franquicias portuarias que tienen los acopiadores de granos y la credencial de exportador, no cualquiera es exportador: para exportar e importar hay que estar acreditado y así otras cuestiones más.

El productor le entrega su cosecha al acopiador de granos y este la vende al exterior, generalmente a China, recibe un número redondo y saca su comisión y le da la mitad a los productores y la otra mitad de la plata -que es la retención- al Estado, en ese tiempo en que los acopiadores “retenían la retención” se podían obtener cuantiosas ganancias financieras.

Cristóbal López con un mecanismo similar y también legal llegó a deber, al cambio del momento: mil millones de dólares, con esa plata según la prensa, habría construido un casino en Miami.

No se trataba de las retenciones a la soja, se trataba del canon a los combustibles, conceptualmente es lo mismo.

Los acopiadores de granos con la especulación financiera que les permitía la “retención de las retenciones” compraron campos, y cuando asume Macri las elimina porque ya no son necesarias, ahora como nuevos ‘dueños de la tierra’ las retenciones no les representan el mismo negocio.

Otra de las banderas del kirchnerismo: la estatización de las AFP, representó otro vaciamiento para la nación (ya casi extinta, pues la patria de los argentinos –después del populismo comunicacional- se llama SPN).

Seguir explicando las cosas como a niños de jardín de infantes no sirve; en este modo de explicarlo va implícito el error, porque hay que recurrir a peras y manzanas y hace muchos años que no se trata de peras y manzanas.

La frase de Scalabrini Ortiz que el ministro Kicillof repetía como hecha propia, ya no vale, porque el humilde obrero al que se dirigía Scalabrini hoy no puede hacerse una idea de la complejidad actual del mundo de las finanzas en una charla amena y con palabras fáciles, como dice el slogan supongo que dando a entender esto: “sin corbata”.

La antigua explicación de que los precios suben porque el supermercadista es un tipo muy malo no va más, decir que los precios son centros neurálgicos unos de otro y que si aumenta el hierro en la India vienen a aumentar la cerveza en Santiago tampoco es suficiente porque esos precios cotizan en la bolsa, explicarle que la bolsa básicamente consiste en la compra y venta de rumores tampoco sería suficiente porque todo funciona con software, decirle que esas inmensas computadoras que en fracción de segundos realizan diversas transacciones comerciales son como las maquinitas traga monedas tampoco alcanza porque las monedas que se le echan son imaginarias..

La situación política y económica argentina hace mucho tiempo que no puede explicarse con peras y manzanas: “nene malo come caramelo después duele pancita” no va más.

En la inmensa mayoría de los casos, los argentinos, ni siquiera pueden explicarse mutuamente los temas más básicos de la macro economía; por ejemplo: cómo es que debiendo más debemos menos, por qué es que las distintas instituciones se deben entre sí y cómo es que la privatización de las AFJP representó hacerse cargo del 50% de la actual deuda externa.

Habitualmente las conversaciones llegan al borde de este precipicio, apenas se animan a arrojar algún pedregullo al abismo y retoman el camino de regreso a los tópicos cotidianos, a las frases hechas y a un revisionismo sin revisar.

Los kirchneristas son como esos cachorrillos que adoran ladrarse, gruñirse y mostrarse los colmillos con una cerca de por medio, con el kirchnerismo el lugar de la valla fue ocupado por la construcción discursiva del antagonismo.

Los cachorrillos corren de un extremo a otro del jardín ladrándose con el perro del vecino que se escapó a la calle, corren felices y alegres demostrándose un odio visceral y tirándose mutuamente dentelladas que se cierran en el aire.

Si por esas casualidades se encontraran sin la cerca de por medio tanto unos como otro quedarían inmóviles, husmearían la vereda ignorándose mutuamente y pronto los cachorrillos regresarían al jardín ladrando y el perro del vecino aceptaría gustoso el desafío de volver a correr felices de una punta a la otra de la valla.

Esa valla más que separar, une.

Juan Ponce

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