CASTRO NO PAGA

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La metáfora del horizonte que no se alcanza, que justificaba la utopía teórica, fue también un lapsus sobre el fin de la historia.

Cada vez que muere un personaje histórico suele decirse que con él muere una época, a veces efectivamente es así y otras es una mera frase de ocasión, si se cumpliera en Fidel Castro diría que con él muere el paradigma que nació en Yalta.
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Con Castro muere Sartre, muere Simone de Beauvoir, muere John Cooke, muere el mayo del ’68, muere la teoría política que se enseña en las escuelas públicas, muere el Che Guevara, muere mucha literatura filosófica, e incluso podríamos decir que con él muere una vieja tribu urbana: la de los ‘psico-bolches’ y tantas cosas más… pero principalmente ha terminado la doble vida de Cuba, descrita como un paraíso y un infierno casi con las mismas palabras.
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A los sudamericanos políticamente nos condicionaba un relato hegemónico que le otorgaba a Castro un sitio muy claro y definido, representaba la alternativa; las expresiones horrorizadas ‘nos llevan a Cuba’ ‘vamos a ser como Cuba’ ‘nos vamos a convertir en Cuba’ etc. no eran arbitrarias, sino que expresaban la situación…

Oficialmente, durante una larga noche, tanto desde el coro de la izquierda como desde el coro de la derecha: la única alternativa fue Cuba.

Cuando desde la izquierda se proponía un modelo: se proponía Cuba.

Cuando desde la derecha se levantaba un fantasma, se señalaba hacia esa misma Cuba.

A los cubanos, a su vez, se les daba la opción de “ser Haití”.

Ese “antisistema” declarado así por el propio sistema, llevaba implícita una ficción, una puesta en escena y un millón de preguntas sin respuestas.

Era necesario que Castro muriera físicamente para que muriera políticamente, porque la construcción en torno a su figura requería, como punto final, un certificado médico de defunción.

Sucesivas generaciones de utopistas abandonaron la marcha hacia el horizonte inalcanzable o cayeron en el camino, pero el conservadurismo se mantuvo inconmovible, en medio de corrientes filosóficas que reivindicaban los márgenes: fuera de la aldea montó guardia, mientras los chamanes de Frankfurt danzaba en torno al fuego: aguardó en la oscuridad con paciencia, expulsado de la academia: profetizó con un megáfono; finalmente los conservadores lanzaron su contrataque partizano en los medios reticulares de comunicación masiva -la Rana Pepe es declarada símbolo de odio y se suceden las detenciones de ciberactivistas de la derecha alternativa- los vimos salir de sus hogares, esposados a la espalda, abucheados y bajo una lluvia de toda clase de desperdicios, sin embargo: lograron meter a Stephen Bannon en la Casa Blanca; mientras tanto, la izquierda seguía hablando sola.

Poco después muere Fidel Castro, seguramente algunos habrán recordado a Arthur Moeller: “la eternidad está del lado de los conservadores”.

Alguien -ligado al mundo del cómic- se refirió a los EEUU como el complejo financiero/industrial más grande del mundo, y a todos sus lectores nos pareció, en sí, algo irreprochable; salvo un detalle: con industria se refería específicamente a la industria bélica.

Las armas vetustas -de altísimo poder destructivo- de los EEUU se han convertido en un real problema para su propio portador, la población está armada con el más diverso calibre, incluso fusiles de asalto y suele agruparse en asociaciones del tipo ‘club de caza’ -que pueden transformarse en milicias con solo dar vuelta la chaqueta- y que habitualmente se confunden con lo que conocíamos hasta hoy como ‘derecha’ por consignas en contra del Estado y muchos se enganchan en esta confusión, para tratar de obtener algún rédito político, pero sus consignas en contra de la intromisión del Estado se refieren específicamente al Estado Federal y lo hacen en defensa de sus propias instituciones comarcales.

No solamente los identificados como ‘votantes de Trump’ están armados, obviamente que también la población negra y latina posee armas de similar calibre, más algunos servicios extranjeros operando -al punto que Hillary Clinton denuncia que Rusia interviene en las elecciones presidenciales- la situación pareciera altamente inestable y en el plano externo no es menos sombría: la alianza Moscú-Teherán-Pekín se muestra como la versión definitiva del eje del mal.

La conocida historia de Pedrito y el eje del mal, tendrá esta vez su triste desenlace.

Como consecuencia directa: EEUU ya no considera necesario un parque temático que difunda en la región todas las formas fracasadas de revolución que hemos conocido… la profusa cantidad de fotografías junto con Allende, junto con Chávez y junto con quienes infiltraron el peronismo, nos señala claramente, que su cercanía siempre llevó al desastre, la desprestigiada revolución sandinista también sintió su aliento en la nuca.

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Una escena de la Cuba que odiaba Fidel Castro, la Cuba de la que Fulgencio Batista fue apenas un breve paréntesis.

Es evidente que los EEUU conservan la supremacía intacta en la zona -la cercanía geográfica y la diferencia militar abrumadora podrían resolver la situación de Cuba y Venezuela en pocos días y quizás sin disparar un solo tiro- pero se encuentran en una cristalería política.

Apostaría, como muchos, a que el desenlace va a provenir de Miami… y, en una instancia superior de la apuesta, sería interesante barajar hipótesis del reencuentro de los cubanos, seguramente demandarán al Estado en una cifra tan fabulosa que volverán a ser los dueños de la isla.

Con un trabajo de inteligencia adecuado puede reclutarse a los mejores hombres en el exilio -auténticos patriotas, idealistas incurables, dispuestos al mayor sacrificio por Cuba y su pueblo- subirlos a un barco y mandarlos a una ratonera.

Tal como ‘facticamente’ pudo haber sucedido con el Granma; una ratonera para los cuadros más destacados de la emancipación cubana.

Obviamente provocaría el desmoronamiento total del castrismo, los patriotas -muertos en un desembarco inútil- convertidos en héroes populares y la mafia que los envió ex profeso: dueña de la situación.

El valor inmobiliario de Cuba ha de ser completamente desmesurado, en pocos años veremos elevarse rascacielos increíbles, los juegos acuáticos más novedosos, las fiestas interminables, excursiones submarinas, campeonatos en la arena, y los grandes negocios se expandirán al resto del Caribe y en un mundo multipolar brillará con luz propia; pero primeramente hay que exterminar a las maras, un paso en este sentido ya se ha dado al declararlas asociaciones terroristas y se ha formado una fuerza conjunta de Honduras, Guatemala y el Salvador para combatirlas…

Seguramente este asunto crecerá y será finiquitado drásticamente con un genocidio relámpago; pues no se necesita más que eso, una rafaga sostenida de ametralladora y se acabaron para siempre.

Los cadáveres tatuados regresarán a la tierra, renacerán en algún árbol mitológico, y la vida continuará entre risas y canciones; es la ley natural: nacer, vivir, y sufrir un accidente.

Cuba ya no es ni el peor ni el mejor destino político -ese atolladero de terror y esperanzas- mucho menos esa versión híbrida que reconoce aciertos y errores, hoy Cuba pareciera ser simplemente Cuba; y Castro no paga.

Cristinismo de Trump

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“El trabajo cuya piel es blanca, no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra”. Karl Marx

“El trabajo cuya piel es blanca, no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra”.

Es la conclusión de Marx luego de observar el conflicto norte sur en EEUU y por esto Trump no quiere el trabajo estigmatizado de los indocumentados; encuentra la solución expulsándolos, la otra solución sería quitares el estigma legalizándolos, soluciones políticas para una situación objetiva: el trabajo ilegal entorpece la emancipación blanca.

No tiene por qué sorprendernos, los populismos siempre fueron de derecha; se distorsionó un poco la definición no porque cambiaran los populismos sino que, con el posmarxismo, cambió la definición de izquierda…

Los populismos, clásicos o históricos, que menciona Ernesto Laclau (en La Razón Populista) según los parámetros de izquierda del tiempo en que se dieron, son ejemplos -si mal no recuerdo- de derecha neta.

El kirchnerismo y Trump, seguramente tienen diferencias porque la definición de populismo es amplia, pero con toda seguridad en lo central son lo mismo.

Ambos se diferencian de los populismos clásicos o históricos (y por esto se igualan entre sí) en que han implementado una táctica comunicacional que primeramente excluye un significante, lo clausura mediante la construcción discursiva del antagonismo y da el caso cerrado ensamblando un relato paranoico.

Ernesto Laclau facilita la comprensión de esto con toda una serie de gráficos y ejemplos amenos, sin embargo hay como una mala interpretación persistente en señalar al significante vacío en el líder, pero el significante vacío no está en el protagonista sino en el antagonista.

Excluye un significante, en el caso de Argentina fue la dictadura, en el caso de Trump: los mexicanos…

Lo clausura, porque en ese preciso momento también levanta un límite: la construcción discursiva del antagonismo que los teóricos populistas llaman “contrahegemonía”.

Da el caso cerrado, ensamblando el relato paranoico, y el expediente se manda a archivo: fin de la historia.

Se dan tan claramente estos pasos porque Jacques Lacan toma la palabra ‘forclusión’ de la terminología judicial y justamente refiere al acto simultáneo de: rechazar, sentenciar, dar el caso cerrado…

Ernesto Laclau suele recordar que según Hegel para que haya un límite debe haber algo del otro lado, entonces es como una película en reversa: se pone algo del otro lado (se lo excluye) se levanta el límite que es la construcción discursiva del antagonismo (se lo clausura) se ensambla un relato político de tipo paranoico porque las demandas se volvieron equivalentes al excluir un significante (se da el caso cerrado) queda ‘forcluido’.

La ‘forclusión’ se produce mediante la exhibición de hechos aberrantes, en Argentina el kirchnerismo ‘forcluyó’ la dictadura exhibiendo sus crímenes con todo detalle, luego Clarín logró ‘forcluir’ al propio kirchnerismo con una lanzadera de notas que exhibían la corrupción, es por esto que Trump atribuye a boca de jarro todo tipo de aberraciones a los mexicanos… para ‘forcluirlos’ y se suma a la crónica roja que reporta desde México abundante literatura e imágenes explícitas.

Este es el esquema de Trump: la teoría sobre el mecanismo de la psicosis traspolada a la psicología de masas y en Argentina se hizo con la ayuda de la izquierda lacaniana que es quien amplía la definición política de modo que quepan también los populismos.

Es decir, aquello que se producía antaño de forma casi espontánea, casi silvestre, sencilla y muchas veces heroica… puede, ahora, provocarse artificialmente.

Aparentemente distintos operadores creen haber encontrado la piedra filosofal de la política, pero invariablemente habrán cumplido la función del célebre Dr. Frank Enstein y la costura de distintos parches sociales dará un desdichado monstruo de peluche que acabará ocasionando un desastre.

Puede darse que ocurra un desperfecto -debido a un error de cálculo- y que el mismo Trump, a su vez, resulte forcluido.

Una simple mirada nos dice que quienes engarzaron en un relato paranoico pueden, a su vez, ser forcluidos por el remanente de la sociedad.

Entonces ese relato que se ensambló específicamente con la consigna “no soy mexicano”, puede que se vea enfrentado a otro aún más grande: “no soy Trump”.

Esto también le pasó al kirchnerismo y fue fagocitado.

Los que no son Trump aguardan expectantes a que asuma y tome sus primeras decisiones, porque ‘ser o no ser Trump’ está planteado en términos antagónicos, más precisamente en ‘amigos o enemigos’.

En su oportunidad, Georges Bush planteó la cuestión del antagonismo sin ambigüedades: “el que no está con nosotros, está en nuestra contra”.

Hoy, prácticamente, todo el mundo ‘no es Trump’; y quizás ya, Trump, haya contemplado las ventajas y desventajas de salirse de la ONU… para crear un mundo a su medida.

Con qué niveles de habilidad política se moverá es una incógnita.

Solo hay algo seguro, haga lo que haga con mayor o menor fortuna incluso provocando grandes desastres y hasta quedando en ridículo, sus seguidores encontrarán una explicación que fortalezca el relato paranoico.

Dice Hanna Arendt, en Los Orígenes del Totalitarismo: “El antisemitismo, tras haber perdido su base en las condiciones especiales que habían influido en su desarrollo durante el siglo XIX, podía ser libremente elaborado por charlatanes y fanáticos en esa fantástica mezcla de verdades a medias y salvajes supersticiones que emergió en Europa después de 1914, fue la ideología de todos los elementos frustrados y resentidos“.

Si cambiamos ‘antisemitismo’ por ‘populismo’ el párrafo puede aplicarse muy bien a la situación actual -sin entrar en la polémica sobre si el populismo es intrínsecamente antisemita, ni siquiera si es de por sí ‘totalitario’- en el siglo XIX se habían dado bases y condiciones para el surgimiento (digamos: espontáneo) del populismo clásico, hacia principios del siglo XXI el populismo (tal como indica Hanna Arendt que pasó con el antisemitismo en el siglo XX) es libremente elaborado por “charlatanes y fanáticos en esa fantástica mezcla de verdades a medias y salvajes supersticiones” y viene a ser la ideología de “todos los elementos frustrados y resentidos“.

Este es el ‘pueblo’ que constantemente mencionan los seguidores de Ernesto Laclau, y cuando los motivos de frustración y resentimiento abundan es natural que sume un número considerable.

En este “pueblo” está el fundamento de Trump, y dice en Corintios 3:12 “Ahora bien, si sobre este fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer…”.

Qué construirá Trump sobre este fundamento, es una incógnita; todavía el día no lo ha dado a conocer.

Lo que no es una incógnita es el fundamento, está a la vista de todos; es el núcleo, el ‘cristinismo’ (puro y duro) de Trump, una porción del electorado que si bien es considerable no puede alcanzar altos objetivos por sí sola, pero si se suma a los distintos reclamos consigue definir; por ejemplo: este núcleo -ensamblado en un relato paranoico- se suma al descontento de los cubanos de Miami por el tratado con Cuba y ganan la elección.

Antiguamente los líderes se legitimaban mediante sinfín de señales, de signos, de evidencias… a veces participaba el universo que los rodeaba, un ave se posaba en su hombro o la primavera se adelantaba, incluso había signos aún mayores, como las eclipses o la disposición de los planetas, o la evidencia irrefutable de una mancha de nacimiento o el cumplimiento de una antigua leyenda; con Trump se ha cumplido, al menos, una profecía de los Simpson… que no es poco.

Aquellos que pasaban sus días odiando a los mexicanos por el alto precio de la cocaína que consumen, ahora tienen una misión en la vida y una explicación más decente de ese odio.

Juan Ponce

Chile: máximo antagonismo

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Infinidad de situaciones se presentan en formato “cajas chinas”, es decir situaciones que contienen a otras que a su vez contienen a otras… la situación política en Chile es una de ellas.

Las últimas municipales en Chile seguramente necesitan de una percepción directa –caminar, tomar un café, ir al supermercado, mirarse a los ojos, conversar con un umbral de confianza- también de una contextualización histórica, de una explicación teórica, de una verificación estadística y de una conclusión política, pero no tanto como se cree de una declaración lírica.

Sin embargo, como suele suceder en cualquier parte, los vencedores atribuyen su propia victoria al conocido puñado de sanas virtudes: tesón, confianza, perseverancia, espíritu de equipo, ganas de hacer cosas por la gente, y otras más que no recuerdo…

Hace tiempo ya que las conductas políticas se explican con otro vocabulario más específico -llegado desde las más distintas disciplinas- y lo que se percibe específicamente es una pérdida de la libido, refiriendo con libido a un impulso que se activa y desactiva con mecanismos semejantes a los que usaba Pavlov.

Los chilenos, por lo general, cuestionan a los políticos -es algo que cualquiera puede verificar por sí mismo- pero además de cuestionar a los políticos cuestionan también las ideas que esos políticos sostienen y esto es un hecho político; paradójicamente se traduce en el aumento del porcentaje de abstención, entonces: ¿es sencillamente despolitización o es una ‘despolitización politizada’’?

Esta sugerencia de la ‘despolitización politizada’ fue hecha sucesivas veces en los medios alternativos desde aquel domingo negro del debut del voto voluntario, e incluso aún hoy no falta quien se adjudique ese porcentaje de abstención; pero quizás sea  ‘despolitización’ a secas.

Hanna Arendt señala que una condición imprescindible de la política es la división entre público y privado, además dice que la despolitización crece a medida que lo público ingresa en el ámbito hogareño, nos describe como el hombre involuciona de animal político a animal social.

No sería temerario murmurar que hay cierta relación entre la abstención, la despolitización y una sensación de país reallity; una sensación que, quizás, comenzó con la casa de vidrio.

La despolitización también llegó a la propia presidente Michel Bachelet coincidentemente con una sinuosa secuencia que fue borrando la línea entre su vida privada y su vida pública, de hecho alcanza la apoteosis cuando presenta una demanda en su condición de simple ciudadana pero fijando domicilio en el Palacio de la Moneda.

Chilenos de todas las condiciones en algún momento se verán en situación de hacer un comentario político, debido a la difusión mundial del movimiento estudiantil, de las escenas de luchas callejeras o del día del topless en Valparaiso… así fue que se emprendió una argumentación cada vez más esmerada, refinada, detallada y profunda.

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Un detalle: el movimiento estudiantil fue profusamente televisado, en el caso de las marchas contra las AFP se denuncia que son invisiblizadas. 

Esa argumentación excesiva acabó despolitizando, pero no porque cansó, aburrió, saturó, resultó incomprensible o decía puras leseras, sino porque –tal como recuerda Hanna Arendt que planteó Rousseau- los espacios, privados o públicos, son subjetivos y el análisis político actual indaga especialmente el tema de las subjetividades… en el caso chileno fue tal el ‘boom’ que traspasó el límite interno entre público y privado: cuestiones referentes a la sexualidad, a la crianza de los niños, incluso de las mascotas, se mezclaron con la problemática mapuche, los yacimientos de litio y el centralismo metropolitano.

Además mediante las encuestas de opinión, la participación multitudinaria en las “redes” y los 30 segundos de fama de cada quien, el -a veces exasperarte- debate cotidiano fue borrando la divisoria entre especialistas y legos.

Sin diferenciarse de los feligreses por cierta túnica o penacho, los sacerdotes acreditados por el sistema se confunden entre la gente y se despolitiza pero por un motivo específico: se ha borrado la línea divisoria; lo mismo un burro que un gran profesor, dice el tango…

Vemos que para la política es necesaria siempre una línea divisoria, en las redes no hay líneas divisorias; ni siquiera hay línea divisoria cuando se usan para comunicación personal.

Últimas elecciones municipales:

Hay muchos análisis sobre la despolitización, pero suele soslayarse la “sensación de despolitización” producida en el caso de Chile por un enfrentamiento acérrimo entre izquierda y derecha; algo de evidente intensidad política, confunde produciendo una sensación de “concertaciónismo”.

Ese ‘quietismo’ que se advierte en la lentitud de las reformas, en los debates interminables, en las comisiones frustradas, en los caminos circulares, es malinterpretado como un pacto.

Más bien parece tratarse de esa inmovilidad entre dos luchadores que suele darse en algún momento del combate; ese es, precisamente, el momento más intenso.

Si esa quietud -que no es un pacto en las sombras- representa la mayor intensidad de la lucha, con las musculaturas completas en máxima tensión, será también la zona de mayor intensidad política.

Eso que en la antigua Grecia era representado por el fuego de la cocina, en Chile se conserva aún en la burocracia profunda; un archivo en el subsuelo, con una cafetera y una radio, fácilmente puede convertirse en un hogar.

En la calle sigue guanaqueando un viento frío.

Los políticos que se ven más cerca de ese magma, de esa sala de calderas: son Evelyn Matthei y Karol Cariola; coincidentemente, además, las únicas que poseen relato propio y como si fuera poco: una es el significante vacío de la otra; es decir: todo lo que rechazan los votantes de Karol Cariola está representado por Eveleyn Matthei, todo lo que rechazan los votantes de Evelyn Matthei está representado por Karol Cariola.

Ser una, es no ser la otra.

Ninguna de las dos necesita ‘forcluir’ un significante para que engarce su relato como sí necesitan todos los demás y esto ahorra muchísimos recursos; el kirchnerismo en Argentina, destinó ingentes caudales públicos para “forcluir” el significante dictadura -es decir: para convertir a la palabra dictadura en un significante vacío- y tras diez años de propaganda no lo consiguió completamente.

Trump intenta hacer lo mismo forcluyendo un estereotipo del mexicano que proviene de la misma  industria de la entretención norteamericana, pero es un zar de los medios de comunicación y le resulta más fácil autofinanciarse.

Algunos políticos en Chile se suman a la ‘forclución’ del significante Bolivia, pero en este caso también gana Evelyn Matthei, pues representaría en relación a los bolivianos lo que representó Margaret Tacher en relación a los argentinos… digamos que es la Marine Le Pen chilena y esto la ubica en un fenómeno mundial del que seguramente obtendrá fuerza.

Por otra parte se puede decir que el apoyo de Karol Cariola a DJ Mendez le significó una derrota simbólica; pero entonces, también le corresponden simbólicamente los votos que sumó.

Si la derrota de DJ Mendez es de Karol Cariola, obviamente que los veinte mil votos que obtuvo también lo son y no son pocos.

En el caso de Providencia pasa algo similar, ya se habrá señalado que Evelyn Matthei fue respaldada por el buen recuerdo que dejó Cristian Labbé –amplificado cada vez que una bicicleta rozaba al vecino que salía a caminar- y efectivamente esto puede haber sumado votos, pero muchos que votaron por Matthei no hubieran votado por Labbé aún teniendo una valoración positiva de su gestión, porque -a pesar de ser un buen recuerdo- representaba ‘el pasado’.

Así podría interpretarse que todos los votos que aportó Cristian Labbé ahora pertenecen a Evelyn Matthei del mismo modo que todos los votos que obtuvo DJ Mendez pertenecen ahora a Karol Cariola

Este es el máximo antagonismo que puede darse en Chile: PCCH vs UDI y por lo que se percibe en la calle Karol Cariola, y Evelyn Matthei son quienes lo representan.

¿Cuáles serán los impedimentos que encontrarán camino a la candidatura presidencial?

Para enfriar políticamente, basta con borrar la línea entre lo público y lo privado; deberán cuidarse en este sentido porque funciona de modo automático.

Ambas fuerzas necesitarían más de un año que es lo que falta para la próxima presidencial en este hermoso país, pero no más de dos

Sin dudas, la mayor tensión, está entre el PCCH y la UDI.

Son los pichones del águila que no nacen, necesitan ser incubados todavía, cuando rompan sus respectivos cascarones intentarán devorarse mutuamente.

Para los involucrados –dos fuerzas que representan claramente el antagonismo más intenso; no son mayoritarias como todo núcleo duro, pero lo suficiente para polarizar- sería conveniente que regresase a la presidencia Ricardo Lagos de modo que el ciclo que comenzó en 1973 expire con la naturalidad de un crepúsculo.

Ricardo Lagos, en la penumbra de su despacho, mientras afuera el binominal se deshace casi aliviado; una vez que se deshaga se va a reanudar el movimiento en la lucha…

No la lucha sino el movimiento, en la quietud que se deja atrás el antagonismo tuvo su máxima intensidad.

¿Promoverán los distintos sectores –con toda clase de lapsus- la candidatura del anciano líder para que asuma con una probable abstención del noventa por ciento?

El ciclo que comenzó con Pinochet, como todo en la vida llegó a su fin y a esto parecen asumirlo aún quiénes ensalzan su figura; Ricardo Lagos representa el crepúsculo en silencio, hora del encuentro del electorado consigo mismo, frente a la eutanasia de todo eso que se llamó difusamente: ‘binominal’.

¿Reeditarán, los candidatos del antiguo frente estudiantil y los seguidores de Sebastián Piñera, los argumentos del 2011 a fin de protagonizar un antagonismo más fuerte?

Sería la segunda parte de Lemon Pie con los actores un poco más viejos.

Juan Ponce