Los muchachos de Platón

PRIMAVERA

“En el curso de la historia occidental, la doctrina platónica y la doctrina cristiana sobre el Ente en su totalidad se han fusionado de múltiples maneras y han experimentado así diversas transformaciones. Ambas doctrinas, tanto en sí mismas como en sus formas mixtas, tienen ante todo el privilegio de haberse convertido, gracias a una tradición de dos milenios, en un hábito del pensamiento”.

Martín Heidegger, Metafísica de Nietzsche (1940)

Esa cuestión doctrinal que es la combinación en mil maneras y proporciones del platonismo y el cristianismo… “tiene ante todo el privilegio de haberse convertido en un hábito del pensamiento”.

En su variante local, el peronismo puede ser equivalente a la doctrina cristiana -de hecho en sí es una de esas formas mixtas que menciona Heidegger en el párrafo- y el marxismo teórico podría ocupar el sitio de la doctrina platónica; digamos simplemente ‘griega’. Solo para vizualizarlos, tranquilamente podríamos usar las expresiones Doctrina A y Doctrina A’.

Ese hábito no es un peculiar ‘hábito de pensamiento’ argentino o de la cultura rioplatense, sino que es una de las tantas formas mixtas, modificadas, fusionadas u obtenidas por distintas ortopedias, de aquello que comenzó entre filósofos y clérigos hace dos mil años.

Dándole a los marxistas, si se quiere, el lugar de los filósofos y a los peronistas el de los clérigos, resulta visible que apareció una especie de escolástica argentina que se pregunta infructuosamente sobre el Ser nacional.

Mediante las actuales tecnologías ese ‘hábito del pensamiento’ se ha convertido en un ‘ámbito de pensamiento’ lo que incrementa su condición subjetiva… ¿por qué?

Porque ‘virtual’ no es sinónimo de ‘subjetivo’, sin embargo los espacios -aún los virtuales- inexorablemente se subjetivizan, hasta tal punto que algunos acaban siendo mundos aparte.

Es el frasco de lombrices del que habla Hemingway, refiriéndose a los escritores de Nueva York.

El párrafo de Heidegger continúa: “Este hábito sigue siendo determinante aún allí donde hace ya tiempo que no se piensa la originaria filosofía platónica, y también allí donde la fe cristiana se ha extinguido…”.

Ese ‘hábito del pensamiento’ entre los comentaristas argentinos vuelve a expresarse aún donde ya no haya siquiera resabios de peronismo.

El marxismo persiste, por ‘hábito de pensamiento’, en un feedback con ese peronismo fantasmal e invariablemente se convierte en posmarxismo.

Los liberales tampoco consiguen escapar, sus cuerpecitos no están diseñados de modo que puedan trepar los árboles y luego lanzarse de las ramas más altas tal como las ardillas voladoras y también son atrapados por ese ‘hábito del pensamiento’.

Según Heidegger quien cuestionó con mayor enjundia ese ‘hábito del pensamiento’ fue Nietzsche, y para Chesterton es Tomás de Aquino quien surge airoso de ese laberinto doctrinal, convertido en el santo del sentido común.

Justamente del ‘sentido común’ que es un tópico de la teoría gramsciana.

Tal como lo señala Heidegger aún en donde ya no se piensa en términos de ortodoxia peronista y aún cuando la fe del marxista se ha reducido a un modo meramente racional de observar la contingencia… aún allí, ese ‘hábito del pensamiento’ sigue imprimiendo inercia y fijando el curso.

El Nietzsche de Heidegger es un Nietzsche de hombros caídos, ya que finalmente su teoría acabó siendo ‘metafísica’, la misma metafísica contra la que había luchado con toda su vehemencia pues lo exasperaba más allá de la locura.

La novela negra se hace explícita y Dashiell Hammett (condenado a prisión por la comisión McCarthy) se nos revela equivalente a Tomás de Aquino, cuando logra sacar el crimen del jarrón veneciano y arrojarlo de nuevo a la calle.

Juan Ponce

MACRI SIOUX

Norte por Noroeste, próxima nota.

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El cóndor no pasa

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“Suponed que a continuación les propongo el ejemplo de los Acorianos, pueblo que vive al sudeste de la Isla de Utopía. En tiempos pasados hicieron la guerra porque su rey pretendía la sucesión de un reino vecino, en virtud de un viejo parentesco. Una vez conquistad, vieron que  conservarlo les era tan costoso o más que haberlo conquistado. A cada paso surgían rebeliones, unas veces de los sometidos y otras de los vecinos que los invadían. No había manera de licenciar a las tropas, pues siempre había que estar a la defensiva o al ataque. Tomás Moro, Utopía

En Chile, los teóricos de izquierda dejaron la cuestión geopolítica de lado, pero a la vez analizaba la contingencia como si se tratase de un retablo de títeres; y la observaban encandilados tal como un público infantil en plena función.  Y cuando el títere presentador decían: ¡ahora levanten las pancartas! Los niñitos saltaban como un resorte y levantaban sus pequeñas pancartas que decía ¡Abajo Gruñón! ¡Abajo Gruñón! Un espectáculo maravilloso, los niñitos levantando sus pequeñas pancartas preparándose políticamente, incluso sus redacciones escolares serían publicadas por algunos medios virtuales, hoy ya podemos ver en televisión a adolescentes debatiendo con adultos sobre sexo anal. Más allá de eso no se pudo, no se supo o no se quiso ir… conceptualmente, eran títeres y los titiriteros se llamaban “poderes fácticos”, ¿pero a qué se referían con ‘poderes fácticos’? Todos sabemos que hay un solo poder fáctico y que es el poder militar, pero en plural refiere a lo que sucede fuera de los canales institucionales, a vínculos y chismes de tipo palaciego…
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“Cóndor Judicial”no es lo mismo que ” Cóndor de la Corrupción”, tal como dice la prensa, porque su sentido cambia diametralmente. Tal como lo presenta la prensa se pone énfasis en el simbolismo del castigo a la corrupción, del otro modo refiere al poder real que materializa el símbolo. El énfasis de la sorpresa no está en la corrupción sino en la Justicia, la corrupción generalizada es una sospecha arraigada en la mayoría de la población desde hace tiempo, lo que no se esperaba era una Justicia capaz de poner contra las cuerdas a políticos de primera línea. La judicialización internacional de la mayoría de los políticos de la región está tomando una dimensión geopolítica.

Incluso en el Perú ya alcanzó a Veronika Mendoza, la candidata de los buenos sentimientos, vinculada con Georges Soros; coincidentemente su partido se llama Frente Amplio, igual que el de Chile y Uruguay. Sin embargo la izquierda teórica se sorprende porque su principal antagonista parece al borde del nockout en el frente internacional y resulta irremontable en las tarjetas. Evidentemente los problemas que han surgido en Perú y en Argentina no pueden atribuirse vagamente a ‘poderes fácticos’ que incluyen en el nepotismo a primos de noveno grado, los cotilleos de amantes o el mero amiguismo del tráfico de influencias, no se trata para nada de poderes ‘extra-institucionales” sino de poderes completamente institucionales, casi podríamos decir ‘la institución misma’.

Es como un juego de cajas chinas, salvo un detalle: la más grande va dentro de la más chica; entonces para entender al país hay que entender la región, para entender la región hay que entender el hemisferio, para entender el hemisferio hay que entender el mundo y para entender el mundo…. ya no queda más que filosofar y ¿qué es sino conocerse a sí mismo?, exactamente como las cajas chinas pero al revés. El ciclo se completa: comenzaste queriendo comprender a tu aldea y acabaste comprendiendo el mundo que hay dentro de vos; esto no tiene nada de romántico.

En el caso de Chile diera la impresión que fue necesario que a Bachelet la sucediera Piñera y luego que a Piñera lo sucediera la misma Bachelet… para controlar la llamada ‘revolución pingüina’ en referencia al uniforme de los estudiantes de secundaria.

Años después y queriendo ser la vanguardia y la actualización de aquel movimiento copó todos los segmentos televisivos un nuevo ‘movimiento estudiantil’; cronológicamente infundía la sensación de que aquellos mismos estudiantes secundarios que habían comenzado todo, ahora eran estudiantes universitarios que seguían dispuestos a cambiar el mundo. La cuestión es que este antagonismo llenó la pantalla, de punta a punta, durante la presidencia de Sebastián Piñera, dejando cualquier otro asunto en segundo plano; algunas cosas no se vieron por el humo de neumáticos y los gases lacrimógenos.

Una vez más se repite el múltiple choice de la izquierda teórica, ¿no supo, no quiso o no pudo, configurarse más allá de un eventual antagonismo?

 

Juan Ponce

Epílogo: En estos últimos dos o tres años o, más aún, quizás desde el asesinato de Kadafi, se vivía una especie de ‘política a futuro’ que daba por descontado que hoy sería presidente, de los Estados Unidos, Hillary Clinton; y diversos asuntos se movilizaron teniendo en cuenta un ‘a futuro’ medianamente razonable (razonable según los parámetros que hemos conocido desde Vietnam, obviamente).  ¿Nos fuimos a dormir en un mundo normal y despertamos en the wall? Probablemente ¿por qué no? este Cóndor Judicial, que atrapa entre sus garras a los principales políticos de la región, haya nacido de un huevo puesto por la CIA pero calculando un futuro razonable, que hoy Hillary sería la presidente no la Cenicienta, cenicienta quizás de sus propias guerras. 

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Los politólogos fingen

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“El auténtico catch, llamado impropiamente catch de aficionados, se representa en salas de segunda categoría donde el público espontáneamente se pone de acuerdo con la naturaleza espectacular del combate, como el público de un cine de barrio”. Roland Barthes

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El análisis político es intrínseco de la política, si no es susceptible de interpretación no es política y pareciera que todo lo fuera; sin embargo hay hechos que no conceden espacio para la interpretación reflexiva, entonces son ‘antipolíticos’.

La psicosis masiva es un fenómeno aparentemente político, pero es antipolítico; la manipulación de la histeria colectiva con sofisticados dispositivos comunicacionales es -en lo que a nosotros respecta- un hecho ‘antipolítico’.

Cuando el análisis político se convierte en uno de esos dispositivos, por ejemplo: el rumor, la calumnia, el miedo, la mentira, la grandilocuencia, el disparate, la complicidad en las sombras… evidentemente deja de ser análisis político y se vuelve análisis ‘anti-político’ y como es intrínseco al hecho que analiza, ese hecho se despolitiza o mejor aún: se antipolitiza.

Hace unos días leí una entrevista a Julian Assange, en la que hace un análisis que resulta acertado, sin embargo está encerrado desde hace cuatro años o cinco años en una vieja casona rodeado de francotiradores.

El mismo entrevistador de esta oportunidad lo dice en otra nota del 2015“…un hombre que lleva tres años casi sin ver la luz del día ni respirar aire fresco ni sentir una brisa ni alcanzar con su mirada la línea que forma el horizonte”.

Hacer un análisis político, evidentemente implica un encuentro con una realidad compartida –tal como la de los rehenes en la toma de un banco- entonces ¿cómo llega a esa realidad compartida Julian Assange sino es de la misma forma que cualquiera de nosotros, o sea: desde un computador?

Su análisis no está hecho en base a filtración de datos, sino a información que mayormente está al alcance de cualquiera que se interese en el análisis político, ¿se trata de virtudes personales, tales como las de un ajedrecista que usa las mismas fichas de madera y el mismo tablero de cartón que cualquier otro?

Uno de sus colaboradores dijo de él que es “arbitrario, caprichoso, machista y que no le importa nada” ¿Serán estas las virtudes de un ajedrecista?

¿Cómo es que Julian Assange hace un análisis de la realidad cotidiana, a la que accede solo a través Internet o por comentarios de terceros, y resulta tan acertado; y nosotros en contacto con la realidad misma, algunos con la oportunidad de viajar a otros países, de percibir el humor de la gente en la calle, de leer los titulares en los kioscos, de entrar a una librería, de sentarse en un bar, de hablar persona a persona, nos reducimos a parámetros tan mediocres y tan alejados de la realidad?

¿Quiénes están encerrados en una vieja casona, aislado por altos muros que impiden ver el horizonte, Julian Assange o el común de los analistas políticos que escuchamos a diario?

Incluso aquellos argentinos que sufren en carne propia, a veces de forma muy cruel, son incapaces de ir más allá de los parámetros de la política espectáculo; tal como los cristianos primitivos que llegaban cantando a la boca de los leones…

Aquello también tuvo algo de espectáculo, de hecho los leones no se los quisieron comer…

La idea sin dudas fue brillante, un grupo de cristianos ingresa cantando a la arena, aparecen los leones y entre cánticos y rugidos feroces, vienen y se echan a sus pies como cachorrillos…

Toda Roma quedó impactada, pero la idea fue más brillante aún cuando se hizo rodar que era una farsa.

Fue entonces que el coliseo desbordó. El hecho de que fuese una farsa los incluía en el espectáculo -he aquí la gran novedad incoporada a la dramaturgia en aquellos aciagos momentos- tal como hace el catch; efectivamente lo consiguieron y sus morisquetas entusiastas serían revividas en las mejores tomas de Fellini.

También, tal como vemos hoy por TV en los mundiales de fútbol, las mujeres mostraban los pechos y las nalgas chorreadas de cerveza; mientras en el centro de la pista los primitivos cristianos cantaban el aleluya entre leones amaestrados, ni a Raúl Apold se le hubiera ocurrido algo así.

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El público del circo romano no ha cambiado con los siglos.

Los romanos competían entre ellos a “¿quién escupe más lejos?”, a quién acertaba en la cabeza de un león o de un cristiano con el ánfora vacía, en abucheos, silbidos y groserías, así como en lágrimas de cocodrilo y manifestación de buenos sentimientos… el típico caso de falsificación en que el original carece de importancia, tomarse la molestia de fingir vale más que aquello que se finge; ya lo expliqué largamente en mi novela ‘Las aventuras del perrito Dinky’ -que es un homenaje a ‘Jerry de las Islas’ de Jack London- y es un concepto que considero de mi cuño: ‘tomarse la molestia de fingir, vale más que aquello que se finge’.

El espectáculo de los argentinos que analizan al populismo, es parecido al catch de los barrios: ellos fingen encontrarse ante un evento político y desde esa impostación –que no es un autoengaño sino el papel que se les asigna en el sainete- se ven obligados a interpretar todo lo demás; así el verosímil se vuelve disparatado y grotesco.

Borges lo dijo muy claramente: “el peronista es alguien que finge ser peronista”, con eso estaba señalando una cuestión de tipo existencial -inherente, quizás, a los espectáculos masivos- no debe tomarse como una mera expresión peyorativa.

Napoleón señaló algo que no podía fingirse: ‘el valor en la batalla’, luego Clausewitz diría que ese mismo valor era la continuación de la política por otros medios, a su vez Carl Schmitt interpretará que Lenin invirtió el axioma e hizo de la política la continuidad de la guerra.

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Para esa clase de política se necesitan agallas; fue entonces que apareció ella, una joven de clase media, de un barrio común de Buenos Aires que se sintió asfixiada por la misma mediocridad que hoy ya alcanza niveles de entropía y se fue a recorrer el mundo en puntas de pie.

Agallas no le fataban, a los veinticuatro años de edad bailaba desnuda en un cabaret de Panamá.

Perón con la cortesía que lo caracterizaba la invitó a a tomar unas copas en su reservado, otros dicen que ella tomó la iniciativa presentándose en el hotel donde alojaba vestida de colegiala, desde entonces no se separaron más… son distintas versiones de una novela de pulpa.

Lo cierto es que la Unión Democrática ametralló su gobierno sin piedad y que ella se mantuvo inamovible de una ideología semejante al kemalismo.

Con todos los tópicos de la extrema derecha argentina desplegados, incluso aquellos que referían al Anticristo, que según una antigua profecía habría de nacer en Buenos Aires, cierto día de noviembre de 1975 dio la orden de disparar contra una corbeta inglesa que había ingresado a mar argentino, el análisis político quedó estupefacto y vino el golpe.

Abrir fuego contra una corbeta inglesa, no podía ser racionalizado más que por la Revista Cabildo que hablaba sola en un confesionario vacío.

Efectivamente los nacionalistas argentinos atribuyen al incidente con la corbeta inglesa el motivo de su caída; de ser así agregaría que con el golpe no hubo un llenado de poder, sino un llenado de análisis político.

Está en google con el nombre de Isabel Perón, el esporádico tableteo de armas automáticas lo recuerdan y se le atribuyen toda clase de crímenes y orgías propias de los relatos del Vudú.

La extrema derecha la preserva como a un icono.

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Lo dijo el mismo Jorge Rafael Videla en el último reportaje que pudo dar: “ella era buena”; algunos sostienen que por decir que “ella era buena” fue asesinado…

En este momento el análisis antipolítico argentino -que es todo eso que encuadra en ‘populismo/antipopulismo’- es como el holograma de un análisis político que se presentó en el primer congreso nacional de filosofía, en Mendoza en 1949.

El análisis político surgido de aquel Congreso fue medular para la afirmación del peronismo, resultó una roca que se mantuvo inconmovible -pese a la embestida de la filosofía francesa en el apogeo de los ’60, curiosamente liderada por el padre del actual ideólogo del PRO y en la que abrevan, mayormente, los cientistas de la antipolítica- incluso se mantuvo inconmovible ante la figura y muerte de Ernesto Guevara; hoy es como una quilla en el mar abierto del ‘pospospos… estructuralismo’ y se sigue reflexionando a partir de párrafos de Carlos Astrada con el tesón de antiguos remeros.

¿Por qué se produjo ese vacío de análisis político en el tiempo que va desde el incidente con la corbeta inglesa y marzo del ’76? pareciera que una partícula de política se hubiera encontrado con toneladas de antipolítica; almacenadas a escondidas por truhanes, que en público fingen ser enemigos entre sí.

Quizás intercambiar cañonazos con una nave inglesa no coincidía con la construcción discursiva que finalmente culminará -en un sentido litúrgico- en el juicio a las Juntas, incluso el mismo Borges aportó su oración breve: ‘los militares argentinos nunca escucharon silbar una bala’, después de la guerra escribió la poesía de John y Juan.

Diría Carl Schmitt que, el incidente con la corbeta inglesa, pertenecía a otro ámbito y no a uno nuevo sino a uno anterior: el de la guerra convencional, con otro tipo de enemistad que aquella que implicaban las olas de homicidios políticos que azotaban al país.

En este momento la situación del análisis argentino es como la de aquellas compañías, encabezadas por actores secundarios de la televisión, que se lanzaban -con algún sainete- por los caminos provinciales, casi a la buena de Dios.

Básicamente la fórmula siempre fue: dime quien finge odiarte  y te diré quién finge que te ama.

Juan Ponce

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