Candidatos de sí mismos

RANAS BOSQUE

“También hay sorteos impersonales, de propósito indefinido: uno decreta que se arroje a las aguas del Éufrates un zafiro de Taprobana; otro, que desde el techo de una torre se suelte un pájaro; otro, que cada siglo se retire (o se añada) un grano de arena de los innumerables que hay en la playa. Las consecuencias son, a veces, terribles”.

 J.L. Borges, La lotería de Babilonia

Chile es un país desconocido para la mayoría de los argentinos -tanto como lo somos nosotros para los chilenos- y tenernos una historia paralela más por la disposición de ambos territorios, que por los acontecimientos políticos; pues hay un hecho diferenciador, que es el peronismo y la capacidad de fuego de su brazo armado.

Para darnos una idea, todos los afiliados de todos los partidos de Chile, según el último refichaje, son diez veces menos que el número de afiliados que tiene solamente el partido peronista.

Carl Schmitt -tal como se enseña en las Universidades de todo el mundo- define lo político como la capacidad de identificar al enemigo, años después continúa su pensamiento con ‘La teoría del partisano’, en donde insiste en que el partisano no lleva uniforme y que la dificultad principal del soldado regular es, precisamente, identificarlo.

Carl Schmitt  observa que Lenin invirtió la máxima de Clausewitz, y que hizo de la política una continuidad de la guerra por otros medios.

Por su parte Hanna Arendt, plantea en La Condición Humana que lo político necesita la separación entre lo privado y lo público; con privado se refiere específicamente al domicilio personal.

Hanna Arendt dice que a medida que lo público invadió la privacidad -recuerda a Rousseau y la condición subjetiva del espacio-  el animal político se volvió animal social, los rebaños salvajes se convirtieron en ganado y esto es biopolítica en el multiple choice.

En Chile el tema de lo público y lo privado fue central no solo en el debate filosófico sino en la concepción cultural en general.

Aquella célebre performance de la casa de vidrio convirtió en cristal todas las paredes y tabiques de la ciudad, ipso facto la política se configuró en reality.

¿Una sociedad sin vida privada al mismo tiempo que una sociedad despolitizada será una sociedad ávida de vida de los demás? según Kojeve, según Hegel, no habría nada que ver…. también Heidegger lo dice: sin ‘afuera’ no hay ‘adentro’, sin mentira no hay verdad, sin locura no hay razón, y también lo dice Hanna Arendt: ‘si todos son culpables nadie lo es’.

Que no sea posible el fisgoneo y tampoco el exhibicionismo, es una entropía.

Llevado a la reflexión política sería equivalente a la imposibilidad de un pensamiento propio y, a la vez, de un pensamiento compartido.

No tienes un pensamiento propio desarrollado -quizás porque nunca le diste mucha importancia- y tampoco puedes compartir con otros una doctrina, porque careces de los elementos gnoseológicos básicos.

Medio siglo de neoliberalismo -convertidos los amigos en socios y los enemigos en ‘la competenecia’- habrían dado una peculiar despolitización, surgiendo ‘el candidato de sí mismo’, que sería el contrarelieve de los movimientos populistas.

Como le replica Hegel, según Kojeve, a Leibniz, vendría a dar el mismo resultado: uno es el populismo exaltado, visible, de los grandes actos con oradores estrella, el otro es el populismo silencioso que votará -en secreto, tal como marca la Constitución- por sí mismo.

El ‘self-candidate’ necesita información sobre su propia candidatura -en la misma proporción que los principales candidatos reparten folletos, pegan afiches y ocupan espacio televisivo- y ha de vivir rodeado de espejos (seguramente habrá colocado uno sobre el lecho, de nuevo la biopolítica) que se la suministran y probablemente registre cada momento del día, e incluso de madrugada, con algún dispositivo de uso masivo trivializando su propia potencialidad, pero también necesita trascender, ser parte de un legado cultural que no refiere a un conocimiento enciclopédico  y a una especialización técnica sino a un saber universal y a un arte.

Hay un electorado de ‘self-candidates’ que esperan la oportunidad de votarse a sí mismos y trascender, de salir del anonimato político; que produce la intemperie del capitalismo ‘reality’.

Juan Ponce

Marca Yeltsin

YELTSIN

Todos habremos escuchado alguna vez aquella frase de Marx que dice que Hegel dice ‘por ahí’ que la historia se repite, digamos, dos veces; especifica que una vez como tragedia y la otra como farsa, en el alemán original dice ‘farse’, que significa ‘farsa’ no comedia como se ha traducido habitualmente.

Traducirlo como ‘comedia’ nos lleva a lo grotesco, lo cómico, lo tierno… y seguramente con final feliz, que no es siempre el caso en la repetición de la historia, técnicamente las repeticiones podrían ser más duras y acabar peor que los originales.

Nosotros apenas tenemos acceso a las noticias -no con el cifrado de un código como el protagonista de Respiración Artificial, sino a simplemente leer como aparentemente lee cualquiera- prestar atención a la TV durante el almuerzo, comentarlo eventualmente con alguien, incluso a la noche antes de dormirnos el locutor de radio quizás haga una referencia a aquel asunto sea cual sea… en caso de darle cierta credibilidad, pareciera que los norteamericanos quieren repetir la historia.

Dice Marx que cuando la parodia pierde el sentido los políticos burgueses apelan a alguna gloria del pasado, en el caso de los revolucionarios del 1789 a los ideales griegos, en el caso de Bonaparte III a las imagenes de estos de 1789, la historia para Marx se repetía como un montaje pomposo, una teatralización de la clase dominante para convencer a las masas de que son parte de una gesta político-carnavalesca, un mito fundacional en tiempo presente; incluso el populismo teórico le concede el protagonismo a la parte de carnaval.

En este momento pareciera que además del muro con México, el viejo Occidente, necesitase la oxidada cortina de hierro para darse un límite a sí mismo, detrás del cual comienzan los ‘otros’ o el ‘otro’.

La cortina de hierro pasaba por el centro de Berlín y estaba llena de grafitis que insultaban a la madre de Stalin.

Hace pocos días una noticia difundía que Hungría y Polonia serían expulsadas de la Unión Europea por no cumplir con el cupo de refugiados, en aquellos buenos días del capitalismo mundial ambos países para la prensa hegemónica… no eran ‘Europa’, sino ‘Europa del Este’ o simplemente ‘países del Este’.

Ya el mismo eslogan de Trump, implica una repetición de la historia: ‘lo hagamos de nuevo’.

¿Cuál será la historia que quisieran repetir? ¿cuáles años consideran así como los peronistas al primer gobierno de Perón, para que Trump levante esas banderas?

¿La coalición contra Sadam Hussein: madre de todas las batallas, la intervención en Afganistán, el Irán-Contras, la guerra de Vietnam, la de Corea, la Segunda, la Primera, la guerra contra España, la de Secesión, el ataque a México, la de Independencia… el macartismo, la ley seca, la segregación racial, la conquista del oeste, el exterminio de los indios, las dictaduras latinoamericanas, de cuál de todas estas épocas vendrán esos momentos maravillosos que anhelan repetir?

Juan Ponce

Fabricantes de posverdades

MACRI JENA

“El mayor enemigo de la risa es la emoción. No quiero decir que no podamos reírnos de una persona que nos inspire piedad, por ejemplo, o incluso ternura: pero por unos instantes olvidaremos dicha ternura, acallaremos dicha piedad. En una sociedad de inteligencias puras es probable que ya no se llorase, pero tal vez se seguiría riendo; mientras que unas almas invariablemente sensibles, en perfecta sintonía con la vida, en las que todo acontecimiento se prolongaría en resonancia sentimental, ni conocerían ni comprenderían la risa”.

Henri Bergson, Sobre la comicidad

Un viejo refrán dice ‘puedes mentirle a todo el mundo y puedes mentir todo el tiempo, pero no podrás mentirle a todo el mundo todo el tiempo’, desconozco si fue sometido al rigor científico pero no necesitamos una explicación detallada de las progresiones matemáticas para aceptar que es cierto que no se le puede mentir a todo el mundo todo el tiempo.

Borges lo relacionaba con la distancia, ya Einstein había dicho que el tiempo era una condición del espacio, Bergson llega a sus propias conclusiones sin que esta fuera su intención inicial, Heidegger habla del aquí de nuestro suelo natal y el ahora del acontecer mundial, los quechuistas miles de años antes decían ‘pacha’ que significa espacio/tiempo… esta expresión fue apropiada por los científicos europeos -así como tomaron otros conocimientos de otros lugares- y se proletarizó y aunque no se pueda explicar con palabras propias y acabadamente, quien más o quien menos entiende de qué se trata y en esta medida lo acepta: espacio y tiempo se dan por indisolubles y que la velocidad puede distorsionar su percepción; la cultura oficial del matinal televisivo ya ha incorporado a su vocabulario la expresión “espacio-tiempo”.

Al punto que la concepción de espacio cambió radicalmente, no solo por el hacinamiento en las ciudades y la velocidad de los medios de transporte ni por los nuevos espacios virtuales en los que nos movemos cotidianamente sino principalmente por la actual física de laboratorio que observa extrañas paradojas de las cuales derivan teorías inquietantes.

Esas teorías, algunas veces, son explicadas de modo que puedan entenderse por gente sin mayores estudios (Carl Sagan, por ejemplo, hizo de la divulgación científica un arte) y al entenderlas las acepta ipso facto, no es que esté siendo convencida de nada, no está siendo engatuzada, al contrario: se le está explicando un paradigma, científico pero completamente desconocido, con total claridad; así fue que se transformaron los conceptos de ‘espacio’ y de ‘tiempo’.

Sin dudas, como dice Heidegger el aporte más importante de Nietzsche es el del eterno retorno.

Ya Homero en los versos de la Ilíada apela al recuerdo de las generaciones futuras y es solamente esto lo que mueve a Brad Pit hacia las murallas de Troya…

Tiempo y espacio han cambiado tanto que parecen otra cosa; en un chip cabe completa la biblioteca de Alejandría,  en unos minutos se hace el mismo viaje que antes demoraba meses, nos enteramos al instante de sucesos lejanos y minúsculos, podemos ver en la pantalla de nuestro teléfono a nuestros interlocutores en tiempo real y así muchas cosas más… y nos irrita una demora de segundos por algo que antes esperábamos semanas sin protestar, incluso podemos recorrer la mayoría de las ciudades del mundo con los mapas de google.

Evidentemente ese ‘imposible’ de mentirle a todo el mundo todo el tiempo -desde la época que se acuñó la frase al día de hoy- se hizo aún más imposible; si antes era imposible mentirle a todo el mundo todo el tiempo, hoy lisa y llanamente es un epitafio.

Francis Bacon señaló que si la verdad de cualquier asunto fuera dicha de modo que se entendiera no podría ser negada, obviamente se refiere a una negación interior; quizás la mayoría alguna vez lo verificó por sí mismo.

Cuando caímos en la cuenta de algún asunto, la misma caída en cuenta nos dio la certeza de que era así, incluso después pudimos enterarnos que ya había sido planteado por otros y, asombrosamente, casi en los mismos términos.

Esto sucedió incluso a altos niveles, sucedió con la teoría de la adaptación de las especies, sucedió con el cubismo y muchas otras veces más, incluso en épocas muy antiguas se desarrollaron técnicas similares sin contacto de por medio.

Tenemos a favor la máxima de Bacon pero no implica que esa verdad -que no puede dejar de ser aceptada, interiormente, como verdad- no sea combatida y perseguida por todos los medios, incluso con el asesinato de periodistas,  la carta de Santiago lo dice claramente “los demonios también creen y se estremecen”.

La verdad por sí misma nunca resulta indiferente, pero a veces no es objeto del sabio sino del codicioso, o del informante, o del chismoso, a veces esa verdad va directamente contra intereses criminales, a veces ocurren casos como el de Julian Assange, Roberto Saviano o Viky Pelaez, la verdad no es bienvenida en los garitos y hay hasta quienes buscan una ‘antiverdad’ y en su búsqueda tienen una única premisa “el camino es el camino del error”.

Para llegar, invariablemente, deben equivocar el camino; pues en cuanto lo aciertan, aunque sea con la punta de un pie, vuelven a despertar en el casillero cero; al sitio, que han decidido encaminarse, solo se llega por el camino equivocado…

En ese perpetuo desbarrancarse algunos alcanzan una suerte de santidad -al estilo Bukowski que finalmente parece cuestionar al sistema en nombre de lo noble y de lo bueno- y quizás, efectivamente, vivencien una ‘antiverdad’, pero también la vivencian cuando acaban en un psiquiátrico o en un cuarto mugriento con cirrosis y síndrome de abstinencia.

Ahora: ¿por qué los candidatos no dicen la verdad de modo que se entienda?

La primera dificultad que encontramos es que no solo se falta a la verdad deliberadamente, quizás también por ignorancia o por imprudencia o por impericia con las palabras, incluso la más de las veces no podemos siquiera decírnosla a nosotros mismos.

Entonces decir la verdad no resulta tan fácil como una mera declaración judicial, ni hacer un mea culpa, menos todavía decir cosas impropias, tampoco meterse al confesionario con un megáfono, ni balbucear cualquier ocurrencia.

Para decir la verdad, además de la voluntad de decirla, hay que tener capacidad para hacerlo de modo que se ‘entienda’, ¿cómo será ese modo?

Seguramente ha de evitar los artificios, no así la elocuencia, hoy más que nunca la verdad cuenta con una inmensa cantidad y diversidad de métodos -inimaginables hace pocos años- para decirla de modo entendible.

Sin embargo en medio de olas de calumnias entrecruzadas, de la difusión de noticias falsas, de la agresión anónima y de las legiones de troles, pero principalmente después de los intensos cuestionamientos filosóficos desde las Universidades más prestigiosas de Europa, incluso de EEUU, el concepto ‘verdad’ pareciera haberse convertido en posverdad.

El prefijo no indica meramente una ubicación cronológica ni siquiera como ‘ocaso’, sino que cuando se antepone a un concepto filosófico indica fracaso.

Por ejemplo: posmarxismo indica el fracaso del marxismo, posestructuralismo el fracaso del estructuralismo, posmodernismo el fracaso de la modernidad, y efectivamente pareciera que la verdad, primeramente su posibilidad teórica, hubiera fracasado.

El marxismo sería como un gran barco, y el posmarxismo sería la choza en la playa que se construye con los restos de su naufragio, lo mismo para los demás -la diferencia es la del barco navegando en el mar y la de la choza que se construye con los restos de su naufragio- algo semejante sucedería con la verdad y la posverdad.

La posverdad es un refugio -la casa de la familia Robinson fue el sueño de todo niño hace medio siglo- la posverdad es la choza, esa cabaña encantadora en donde cada parte del barco se ha convertido en un sitio confortable, mastiles y escotillas, las puertas de los camarotes, a cada cosa Mr. Robinson la había transformado en una posverdad.

No hay que olvidar que la idea central del guión acabó años después como La costa mosquito; con el niño diciéndole a su padre que lo odia, mientras al fondo la casita ardía en una bola de fuego. Este final desastroso de La costa mosquito es la consecuencia directa de haber construido un paraíso retórico, en medio de la jungla, con las posverdades de la familia Robinson.

Ese paraíso retórico bien puede ser escatológico; automaticamente, según Carlos Astrada, el sistema de creencias que lo sostiene se convierte en religión.

Nos desespera y la buscamos (a la verdad) con la misma desesperación que a los cigarros.

Sin embargo la palabra clave de aquella frase de Bacon -que leí en un libro de brujería cuando era adolescente- no es ‘verdad’ sino ‘entender’.

‘Desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande’ decían los versos del rebelde, hemos entendido que es el mismo infinito.

Ha cambiado el tiempo y ha cambiando el espacio, incluso la verdad está desfalleciente como en un lúgubre cuadro de Daniel Santoro, pero el entedimiento permanece incólume.

SANTORO

El claro del bosque, Daniel Santoro

Nietzsche decía que solo hay interpretaciones de los hechos; me hizo pensar que el mundo no es como lo vemos sino que nosotros somos como vemos al mundo y esto puede ser ubicado en un planteo identitario.

Juan Ponce