Ausencia en construcción

CRISTINA AUSENTE

“Algún día la colina tal vez sea arrasada con excavadoras, cuando la avaricia sea aún mayor que hoy y el respeto a la naturaleza primordial sea aún menor, pero ahora todavía podía producir terror y pánico. Demasiado salvaje y seria para ser un parque, había sido inadecuadamente diseñada como patio de recreo. Cierto, había algunos campos de tenis y limitadas zonas de hierba y edificios bajos y pequeños grupos de pinos en su base, pero aparte de eso, la colina se alzaba escarpada, desnuda y desdeñosamente solitaria”. 
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Fritz Leiber, Nuestra señora de las tinieblas
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Abordar (de la terminología marítima) las ciencias blandas desde las ciencias duras, se ha intentado muchas veces; pero decir, coloquial y espontáneamente, que vida privada es opuesto a vida pública, puede funcionar como un inoportuno abrir de ojos… en los más variados pares de opuestos, uno (yo) no sería sino la ausencia del otro (vos).

Yo sería tu ausencia y vos la mía; mientras más ausentes estemos, más vos y más yo seremos. Este sería el sentido de los versos que dicen ‘me gustas cuando callas porque estás como ausente’; el poeta habría podido comtemplarla desde su propia ausencia en todo el esplendor de sí misma.

Para verla como ausente, él debe ausentarse.

Esto de la ‘ausencia’ (que según el saber popular hace ‘brillar’) y la ‘presencia’ fue tratado en infinidad de ángulos: filosóficos, científicos, artísticos o meramente literarios… y hasta Heidegger retoma el asunto en un párrafo de su alocución de 1955. En el mismo año en la Argentina, desde hacia pocas semanas, se sentía la ausencia de Perón; su nombre y su busto era quitado de calles, bulevares, parques plazas, plazoletas y rotondas viales, incluso el cadáver de su esposa había sido robado y ocultado; a la vez que crecía su ausencia, su presencia se agigantaba. Cada busto que se retiraba dejaba abierto un surtidor de mitología y fantasías políticas.

Fue quizás en esta ausencia que se forjó el peronismo, los posestructuralistas interpretaron que la hora del peronismo sin Perón había llegado, que se podía prescindir de Perón tan fácilmente como habían prescindido del Logo en sus teorías de segunda mano, pero no se podía prescindir de Perón; era una ausencia terrible y alrededor de esa ausencia orbitaba toda la vida política argentina.

DANIEL SANTORO

El conservadurismo por naturaleza busca su propia ausencia, se ausenta para observar la contingencia en la justa distancia que exige cualquier hecho pictórico, trata de pasar desapercibido en la muchedumbre y acaba siendo -parafraseando al Che Guevara*- un ‘jesuita de la política’.

Fue la parte del peronismo que resultó fácil invisibilzar y también es una ausencia que nos observa; aún los propios votantes suelen recordar al Frente que llevó a Perón a su tercera presidencia como un Frente de izquierda, cuando estaba conformado con apenas otros dos partidos que eran claramente de ‘derecha’: el Partido Desarrollista de Arturo Frondizi y el Partido Conservador que ya le había puesto el vicepresidente a Cámpora que vendría, a su vez, a ser un sucedáneo argentino de Salvador Allende.

La sorpresa no es que Donald Trump o Marine Le Pen lleguen al poder, sino que la sorpresa está en que lo hagan mediante mecanismos democráticos, republicanos si se quiere más precisión, o para usar la terminología en boga: ‘las reglas del sistema’.

En Argentina, en una incomprensión ya paranoica de la historia, lo primero que resaltaron de Macri fue que por primera vez la derecha alcanzaba el poder por sí misma a través de elecciones, pero (siempre hay un pero) por obra y gracia de la manipulación televisiva.

No pudieron identificar -en el sentido estrictamente schmittiano del término – al partisano político en la muchedumbre y finalmente acabó convertido en la muchedumbre misma.

Ahora también hay una ausencia en Argentina, quizás una ausencia natural, quizás mamá está en la cocina preparando el biberón, pero la crianza llora en su cuna, encienden la luz y (¡oh sorpresa!) en vez de mamá es Cristina.

El kirchnerismo es la ausencia de Cristina, seguramente los principales comunicadores políticos están abocados a la tarea de construir esa ausencia, inicia con un tour casi perfecto: Grecia, Bélgica, Lóndres… aquí también se advierte la ausencia: no hay escala en Roma.

Juan Ponce

  • Carl Schmitt (1962) recuerda que Guevara se define a sí mismo como un ‘jesuita de la guerra’.
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