Lágrimas en la lluvia

TAIANA ES LUDER

“Existe un dicho muy antiguo, en virtud del cual los hombres pueden aprender a leerse fielmente el uno al otro si se toman la pena de hacerlo: es el nosce te ivsurn, léete a ti mismo; nos enseña que por la semejanza de los pensamientos y de las pasiones de un hombre con los pensamientos y pasiones de otro, quien se mire a sí mismo y considere lo que hace cuando piensa, opina, razona, espera, teme… y por qué motivos; podrá leer y saber, por consiguiente, cuáles son los pensamientos y pasiones de los demás hombres en ocasiones parecidas.”

Tomas Hobbe, Leviatán

Esto es como la escena cumbre de Blade Runner, la del humanoide recitando con inspiración de Esquilo las últimas líneas; lamenta que todos sus recuerdos habrán de perderse como lágrimas en la lluvia; muchos políticos están en esa situación; sueños, utopías, tiernas equivocaciones, luchas, derrotas, crímenes, alianzas efímeras, fugaces momentos de brindis y emoción, todo se perderá como lágrimas en la lluvia, simplemente porque la mayor parte de esa historia -al menos en su argumento central- transcurrió en la clandestinidad; hay toda una franja etaria que bajo la lluvia se emociona al borde de las lágrimas, que calla detrás de los vidrios blindados y siente un sabor amargo en la garganta, que nariguetea y todavía moquea. Esa gente ya no tiene esperanzas políticas de ningún tipo, ni siquiera la honestidad intelectual imprescindible que sorpresivamente exhibió Martín Caparroz cuando dijo ‘aquel mundo que queríamos cambiar era mucho mejor que este’, aquella izquierda champagne ya en el crepúsculo, al filo de la oscuridad de la noche, ya no tiene asuntos políticos de qué ocuparse sino apenas del orden privado; en lo político: cada cosa que hicieron, cada encamada con fetichismo revolucionario, cada cartucho de dinamita, cada caño apoyado en los riñones, cada toma de judo, cada pasaporte falso, cada detalle trivial en un gran día, las miradas con mucho rímel, las sonrisas con mucho rouge, el motor de una Chevy, cada Marlboro, cada Particulares, cada noticia con el desayuno, cada golpeteo de la cola del perro en la pata de la mesa, cada código secreto, cada contraseña, los nombres de guerra, los besos, los abrazos, las reuniones, los sótanos, los bares, aquel nuevo trago: patada de mula, el clin clin de un meñique en un piano; todo, todo, todo… será como lágrimas en la lluvia. Una pena que el replicante no tuviera tiempo para sentarse a escribir una novela de la extensión de La guerra y la paz; apenas unos segundos más de vida para una frase; es cierto que la dejó en los recuerdos del policía por el resto de su vida, inexorablemente acabará siendo otra lágrima en la lluvia. Esta gente a la vez con la espalda aplastada contra la roca, como quién se resiste a caer al abismo que se le presenta, sin fondo y sin horizonte en la noche tenebrosa; sin futuro, casi sin presente y con mucho pasado al que quisieran adherirse como lapa; su propia historia escrita con pactos de silencios y datos que ya descansan en paz, no les permite políticamente la suficiente adherencia; esos datos, esos momentos, las cifras, los escondites, los telos aguantadero y los aguantaderos telo, el acelerador a fondo, las manos estrechadas en Cuba y los dedos con alhajas, que no quieren separarse hasta el último milímetro transmitiendo información en alguna variante compulsiva del código morse, los fajos en efectivo, la cuenta en el Banco cubano, las pequeñas cosas, arrancar un auto, chocar por mirar un culo… serán lágrimas en la lluvia; todo eso se perderá y no quieren que se pierda, no quieren que cada momento en la clandestinidad, cada secreto, cada guiñada de ojo, sea como lagrimas en la lluvia. Entonces los arranca la angustia existencial tal como el viento del abismo que los despega de la roca.  Jorge Alemán dijo ‘falta un aglutinante’ pocos días después despareció Maldonado. ¿Lo mató la Triple A? Hoy gana Cristina. Taiana es Luder.

Juan Ponce

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